Encarga los preparativos de nuevas medidas extraordinarias

Draghi exhibe el apoyo unánime del BCE para más estímulos

Afirma que el consejo acepta sin fisuras adoptar nuevas medidas si fuera necesario

Deja la puerta abierta a las compras de deuda soberana

 El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi EFE

Afrontaba la que prometía ser la reunión más difícil de su mandato. No solo por la presión habitual de los mercados o por la creciente evidencia de la debilidad económica de la zona euro, sino por la revelación de unas disensiones internas en el consejo de gobierno del BCE que tendrían a Mario Draghi en el foco de las críticas, aireadas de un modo sin precedentes desde el frente alemán y su habitual resistencia a las decisiones de política monetaria de carácter extraordinario.

Pero, lejos de alimentar las dudas sobre la divergencia de opiniones en el BCE, su presidente se ocupó hoy de aclarar con contundencia que las decisiones de su consejo de gobierno son unánimes. Lo hizo con la lectura del comunicado resultante de la reunión celebrada ayer en Fráncfort, firmado por todos los miembros del BCE, y en el que se recoge de forma expresa que en el caso de que fuera necesario con tal de afrontar los riesgos de un período demasiado prolongado de baja inflación, “el consejo de gobierno está comprometido de forma unánime a usar instrumentos adicionales no convencionales dentro de su mandato”.

Draghi insistió en que la declaración es “muy explícita” respecto a la unanimidad en el uso de nuevas medidas extraordinarias si fueran necesarias para combatir la deflación. Y quiso aclarar que “no hay coaliciones” dentro del consejo de gobierno del BCE, ni ninguna línea de separación entre norte y sur, en alusión a una postura más inflexible de los países del norte, liderados por Alemania, frente a la periferia. Justificó que las diferencias y disensiones son algo “normal”, que también ocurre en otros bancos centrales como el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón, y que van más allá del país de procedencia de cada miembro del consejo. “Están ahí por su capacidad personal y son independientes”, llegó a defender Draghi, que añadió que la cena previa a la reunión de hoy había sido un debate agradable y fructífero. “Mejor de lo que esperaba”, añadió con cierta sorna en referencia a las informaciones que apuntaban a que sería el momento para mostrar las críticas al presidente del BCE.

El comunicado de la institución reflejó, ya de forma claramente oficial, el propósito del BCE de realizar compras de cédulas hipotecarias y bonos de titulización durante al menos dos años durante los que el balance del BCE aumentará su tamaño hasta el volumen que tenía a principio de 2012. Más en concreto, matizó después Draghi, hasta marzo de ese año, una vez concluida la segunda subasta LTRO que impulsó el balance del BCE hasta los 3 billones de euros. El universo objetivo para el volumen de compras de la institución es por tanto de un billón de euros, sin que Draghi cerrara la puerta a ampliar el tipo de activos que se adquirirán, tampoco a la deuda soberana. “Si no es financiación monetaria del déficit está dentro de nuestro mandato”, apuntó respecto a un posible quantitative easing. Y aclaró que, en cualquier caso, el riesgo que se asuma en balance será muy reducido. nada que ver con el adquirido por la Fed tras el estallido de las hipotecas subprime. “Sería comparar peras con manzanas”, advirtió Draghi a sus críticos.

Otra de las grandes novedades de la reunión de ayer fue la decisión, unánime, de encargar al personal del BCE y a los comités del Eurosistema los preparativos para la implementación de nuevas medidas, “si fueran necesarias”.

Draghi insistió en que la institución confía en que las medidas adoptadas hasta ahora –líneas de liquidez TLTRO condicionada al crédito, compra de cédulas hipotecarias y de bonos de titulización– sean suficientes para lograr mejorar la financiación a empresas y familias, la recuperación de la economía real y, con ello, el objetivo supremo de la estabilidad de precios y de devolver la inflación de la zona euro a niveles del 2%, frente al 0,4% del dato de octubre. La reciente caída del precio del petróleo y su efecto en el mercado de futuros auguran nuevos meses de baja inflación en niveles similares a los actuales, según reconoció Draghi.

Las nuevas medidas extraordinarias del BCE –como compras de deuda corporativa o deuda pública– llegarían solo si fuera necesario. Es decir, en el caso de que las medidas actuales no fueran suficientes o de que el panorama de inflación empeorase, avanzó el presidente del BCE. “Conocemos los riesgos y tenemos que estar preparados. Y el personal del BCE y los comités lo saben bien”, añadió Draghi en referencia a los trabajos que se han encargado para allanar el terreno a las nuevas medidas,  tareas para las que no se ha puesto fecha de entrega.

Una vez aclarado que en la posición del BCE no hay fisuras, Draghi aprovechó para lanzar el mensaje habitual a los gobiernos de la zona euro de la necesidad de realizar reformas estructurales, en especial en materia laboral. El mensaje es directo a Francia e Italia, quienes mantienen el verdadero enfrentamiento que agita a la zona euro. Su pretensión de flexibilizar la disciplina fiscal frente a la ortodoxia alemana.