Tribuna

Era posible esta reforma tributaria

Los Presupuestos para 2015 pueden calificarse como de continuistas, en el sentido de mantener un estrecho control del déficit a través de una importante contención del gasto. Esta disciplina presupuestaria es irrenunciable, por ser un compromiso para con nuestros socios europeos. Además, es la medida que, junto con la nueva política impulsada desde el BCE, nos ha permitido ganar credibilidad en los mercados y financiarnos a tipos de interés extraordinariamente reducidos. Por tanto, podemos afirmar que para 2015 toca más de la única política que es posible y deseable. Todo ello con algún guiño al papel que puede jugar el sector público en la recuperación, con un leve incremento de la inversión.

Ahora nos interesa más analizar los ingresos, que se incrementan en un 3,5% en términos agregados, destacando una reducción de la recaudación de IRPF en un 0,3% y que se verá compensada por alzas relevantes en el impuesto sobre sociedades –un 5,5%– y, sobre todo, en el IVA (un 9,9%). Todo ello enmarcado en un cuadro macroeconómico que no puede tildarse de irreal, ya que contiene una previsión de crecimiento del 2%, la cual se sitúa dentro del denominado consenso de los analistas.

Estas cifras ponen de manifiesto que la reforma fiscal impulsada por el Ministerio de Hacienda era posible y realista, frente a posiciones más ambiciosas que abogaban por una mayor reducción de la imposición sobre la renta compensada por incrementos en la imposición indirecta, tanto IVA como impuestos sobre la energía. Decimos que esta reforma era la más oportuna porque, como muestran los Presupuestos, no pone en riesgo el objetivo de estabilidad presupuestaria, sino que permite mantener e, incluso, incrementar ligeramente, los recursos tributarios. Y ello se va a conseguir, en primer lugar, sin tener que reducir la cesta de productos sometidos a tipos reducidos de IVA, lo que, a nuestro juicio, hubiese producido dos efectos perniciosos que se han evitado. De un lado, deprimir aún más la demanda interna, elemento esencial para consolidar la recuperación económica, sobre todo si tenemos en cuenta que las exportaciones ya no presentan un comportamiento tan positivo como consecuencia del estancamiento de los países de la eurozona. De otro, unos efectos redistributivos muy negativos, ya que son las familias de menores recursos las que consumen, en mayor proporción, esos productos sometidos a tipos reducidos. La aplicación del tipo general a los mismos hubiese producido efectos devastadores.

En su lugar, la bajada del IRPF efectuada, aunque modesta, reduce el gravamen de las rentas del trabajo, lo que estimulará la contratación y, sobre todo, el consumo de las familias. Al tiempo, introduce mayor equidad en el sistema, ya que la rebaja impositiva se concentra en los tramos más bajos de la tarifa.

Finalmente, la cuadratura del círculo se consigue con medidas en el impuesto sobre sociedades, dirigidas a un ensanchamiento de la base, lo que determina una aproximación entre los tipos nominales y efectivos. Todo ello con especial incidencia en las grandes empresas, a las que se les está pidiendo, como es lógico, un mayor esfuerzo para la salida de la crisis.

En definitiva, los Presupuestos para 2015 ponen de manifiesto lo acertado de la reforma fiscal que se está discutiendo estos días en el Parlamento. Es compatible con el objetivo de estabilidad presupuestaria, favorable al crecimiento económico y con mayores dosis de equidad que la normativa precedente.

Javier Martín Fernández es socio director de F&J Martín Abogados. Profesor Titular de Derecho Financiero y Tributario de la UCM (catedrático acreditado).