Es el principal sector industrial en España

La imperfecta vitamina de la industria

El sector alimentario español se consolida como una destacada fuerza exportadora pese a una estructura propensa al desequilibrio

La imperfecta vitamina de la industria

La economía española busca el modelo que contribuya, por un lado, a un crecimiento estable y resistente a los vaivenes de la economía global y, por otro, a la creación de empleo de calidad. Con un discurso de reindustrialización en un país en el que el sector secundario ha perdido la mitad de su peso sobre la economía en las últimas dos décadas, son pocos los sectores que han mantenido cierta firmeza y al mismo tiempo combinan innovación, cuota de mercado exterior y una buena cantidad de puestos de trabajo.

La industria de alimentación y bebidas, la primera del país en facturación y valor añadido bruto, intenta postularse tras una crisis que ha golpeado de manera directa a casi todos los frentes que influyen en su evolución, principalmente la caída del consumo fruto del elevado paro. Sus principales cifras ponen de relieve su importancia: en 2013 alcanzó una facturación neta de 91.903 millones de euros y empleó a 439.760 personas a través de 28.762 empresas. Sin embargo, desde 2007 se han perdido 47.781 puestos de trabajo y han desa­parecido 2.730 negocios. Aun así, solo esta industria representa el 3% del PIB. “Queda patente que el sector agroalimentario es estratégico. Yo diría que es el más estratégico en España”, afirma Miguel Blanco, secretario general de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), uno de los principales sindicatos agrarios del país.No son pocos los agentes que intervienen en esta industria. Productores, fabricantes intermedios y distribuidores son eslabones de una cadena alimentaria que tiende al desequilibrio: en España hay cerca de un millón de explotaciones agrarias, 28.762 empresas dedicadas a la transformación del producto y una distribución copada, en un 90%, por nueve compañías. Cuatro de ellas acumulan el 60% de todo el mercado.

El eslabón más débil

Una estructura de cuello de botella que produce no pocos conflictos. “Somos el primer eslabón, pero también el más débil”, opina el representante de la COAG, quien denuncia que “no hay una base de política agraria que nos equilibre con el resto de eslabones”. Blanco señala a la propia estructura de la industria que, en su opinión, no favorece a la producción, sino a los grandes operadores del mercado. “Hay diferencias de hasta el 500% entre lo que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor”, afirma. “Se pueden producir muchísimas tensiones y existe peligro de algunos abusos”, reconoce Ignacio Larracoechea, presidente de Promarca, organización de las principales marcas del sector. “Es fundamental que haya reglas de juego muy claras sobre qué está permitido y qué no por parte del que tiene más poder del mercado”, resalta.Larracoechea apunta a la Ley de Cadena Alimentaria, una petición histórica para reducir estos desequilibrios y que entró en vigor a principios de este año.

“Es un sector fragmentado, desequilibrado, pero estamos luchando para equilibrarlo con esta ley”, considera Ignacio González, consejero delegado de Campofrío para el sur de Europa y EE UU, para quien el objetivo es “garantizar que el conjunto de eslabones funcionen de manera eficiente, y también garantizar el equilibrio de las fuerzas, intentando que no haya prácticas abusivas y evitar actos de competencia desleal”. Desde su puesta en marcha, se han registrado tres denuncias de prácticas anticompetitivas que se han resuelto de manera amistosa en el marco de la ley. Además, el sector trabaja en un código de buenas prácticas que sirva como una especie de “reglas del juego que eviten acudir a la ley”, añade el responsable de Campofrío.

Estados Unidos, el más atractivo para exportar

Elegir un mercado al que poder exportar no es tarea fácil. Varios factores influyen para escoger con precisión la opción más adecuada. Deloitte y la escuela de negocios IESE, en su informe anual sobre los mercados de la industria de alimentación y bebidas, elabora un índice de los más atractivos teniendo en cuenta tres aspectos de cada país: situación económica y legal; estructura de la población, y nivel de consumo y de exportaciones de comida y bebida.

El resultado muestra que Estados Unidos es el país más interesante para exportar, seguido de China y Alemania. Francia e Italia, principales clientes de España, ocupan la séptima y décima posición. España, por su parte, se ubica en la decimosexta posición, por detrás de Suiza y Hong Kong y por delante de Australia o Suecia.

El desequilibrio del sector, en cambio, no ha impedido que se haya demostrado como uno de los grandes impulsores de las exportaciones españolas. De los poco más de 15.000 millones de euros exportados en 2007 se han pasado a los 22.594 de 2013, un 50% más. Según los datos de comercio exterior del Ministerio de Economía, las exportaciones de alimentos y bebidas acaparan el 15,6% de las ventas de la economía española al exterior. “Antes de 2008, la demanda interna era tan grande que nos hizo olvidar lo de fuera. Ahora somos el sector que más ha contribuido al crecimiento de las exportaciones”, asegura González, quien también reconoce el principal punto débil del sector en este apartado: la dependencia del mercado europeo. Más del 60% de las ventas al exterior son a países de la Unión Europea, y de manera mayoritaria a tres destinos: Francia, Portugal e Italia. Frutas, hortalizas y legumbres son los principales productos exportados. “El mercado común es el mercado natural, al que es más barato exportar”, dice.En los demás países se irá creciendo a medida que las empresas puedan ir entrando. Hay un problema de acceso, pero cada vez exportamos más a países emergentes”, opina Ignacio Larracoechea, convencido de que en el mercado exterior aún queda margen para crecer: “Nuestros productos tienen muy buena imagen fuera, y muchos de ellos no eran conocidos en el mercado internacional”.Pero no solo los productos gozan de buena imagen en el exterior.

En los últimos años, algunas de las grandes empresas españolas del sector han pasado a capital extranjero. Su capacidad innovadora y el gran mercado al que se dirigen son sus grandes atractivos. Deoleo, líder de ventas mundial de aceite envasado, era adquirida por el fondo de inversión británico CVC. Por su parte, el grupo estadounidense Smithfield se convertía en 2004 en primer accionista de Campofrío, grupo que ahora está controlado por la mexicana Sigma y la china WH Group, que se hizo con Smithfield el año pasado.

Nueva regulación

“El hecho de que inversores mexicanos y asiáticos confíen en la industria alimentaria española es un signo de confianza. Son accionistas industriales que dan estabilidad a la compañía y que han apoyado al equipo gestor. Deberían dar músculo para crecer y una puerta para llegar a mercados como el asiático y el americano”, indica el consejero de Campofrío Ignacio González. Para el secretario general de la COAG, Miguel Blanco, “es fundamental para un país tener una estructura propia de producción y de industria transformadora. Si la perdemos, acabamos dependiendo de decisiones y estrategias de otros”.El sector alimentario espera haber pasado ya lo peor de la crisis. Al menos, todo lo que puede esperar una industria ligada como casi ninguna otra a la evolución de la economía del país. Para ello, se señala como fundamental que no vuelvan a revisarse al alza los impuestos a los alimentos y que se abunden en las políticas que reduzcan los desequilibrios del sector. “2015 será el año de despegue”, indica Ignacio Larracoechea. Será entonces cuando se compruebe si lo sembrado en los últimos años da sus frutos.

El país del vino prefiere la cerveza

La imperfecta vitamina de la industria

Afirmó Ernest Hemingway que “el vino es la cosa más civilizada del mundo”. De hecho, pocas bebidas han sido tan utilizadas por la literatura para ambientar todo tipo de escenarios. Una literatura, en el caso español, que va quedando anticuada, toda vez que el consumo de vino en el país con la mayor superficie vinícola y que pasa por ser el tercer productor mundial va quedando reducido a unos pocos incondicionales.

Según los datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, el consumo de esta bebida en 2013 se situaba en una media de 19,9 litros per capita, lejos, por ejemplo, de los 47,7 litros de Francia, y de los 35 del año 2000. “El consumidor español no tiene cultura de vino. Es un problema muy grave”, asegura Pau Roca, secretario general de la Federación Española del Vino (FEV), quien sitúa el punto de partida de este declive 20 años atrás. Para Roca son varios los factores que han influido en esta tendencia, como un “ataque a las bebidas alcohólicas, incluido el vino, ante el que otros sectores, como el de la cerveza, han reaccionado de forma más acertada y conjunta”.

La propia estructura del sector, muy fragmentado con cerca de 4.000 bodegas, la gran mayoría de pequeño tamaño y tradición familiar, influye en que, por ejemplo, no tengan capacidad para invertir en aspectos relacionados con la publicidad y la imagen, señala el directivo de la FEV. Según los datos de Cerveceros de España, que aglutina a los principales fabricantes que operan en el país, el consumo per capita de esta bebida al año es de 46,3 litros, el cual, por otra parte, pasa cada vez más de los bares a las casas: “Con la crisis económica, se ha producido un cambio de tendencia en los hábitos de consumo”, subraya el subdirector general comercial de Mahou San Miguel, Peio Arbeloa, que destaca un aumento del 3% en las ventas en la primera mitad del año. “Por primera vez en cinco años se estaría comenzando a revertir la tendencia negativa del consumo de cerveza en bares y restaurantes. Un dato muy positivo que hay que tomar con cautela”, indica.

Pau Roca, en cambio, se muestra “muy pesimista” con la evolución del consumo de vino en el mercado interior, aunque valora positivamente el aumento de las exportaciones. En 2013 se exportó por valor de 2.628 millones, un 6,5% más, pese a reducir el volumen un 11%, lo que significa que la calidad de lo exportado crece, pero es mejorable: “Seguimos siendo exportadores a granel. El esfuerzo de posicionamiento de las marcas va mejorando y el consumo de vino en el mundo aumenta".