Editorial

El riesgo del inmovilismo económico

Mario Draghi volvió ayer a dar un serio toque de atención a las economías europeas al reiterar la necesidad de que la zona euro mantenga las reformas estructurales y alimente así una reactivación económica que pierde fuelle de un modo alarmante. En su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, el presidente del BCE confirmó lo que han venido evidenciando los últimos datos macroeconómicos: la recuperación en la zona euro “pierde fuerza” –hasta el punto de haber llegado a un “punto muerto” en el segundo trimestre del año– y, por tanto, es urgente poner manos a la obra para tratar de reactivarla.

Draghi reiteró su confianza en la efectividad de las decisiones que ha tomado el BCE hasta ahora y restó importancia al hecho de que la primera subasta de liquidez para estimular la concesión de crédito por parte del sector financiero, celebrada la semana pasada, no haya tenido el éxito esperado. También quiso dejar claro que el banco central está listo para adoptar más medidas no convencionales de política monetaria, pero que esa disposición no puede, por sí sola, arreglar los problemas que arrastran las economías europeas. El presidente del BCE no ha podido hablar más claro a unos gobiernos que harían bien en recoger el testigo cuanto antes. Los estímulos monetarios y fiscales “no pueden tener un gran efecto” sin la ayuda de una política de reformas estructurales que transforme las economías y las ayude a recuperar competitividad. Para lograr ese objetivo, Draghi sigue reiterando la necesidad de que Europa se mueva dentro del Pacto de Estabilidad, aunque con suficiente margen como para administrar “cierta cantidad de flexibilidad dependiendo de las condiciones en las que está cada país”.

Tras el encuentro mantenido, también ayer, entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro francés, Manuel Valls, todo apunta a que hay dos grandes cuestiones que seguirán centrando el debate sobre la recuperación económica en la zona euro: cómo administrar esa cierta flexibilidad fiscal y cómo lograr un equilibrio oportuno entre la austeridad y el estímulo. Dada la tendencia al inmovilismo en la política económica europea, existe el riesgo fundado y real de que ese debate sustituya o retrase la adopción de medidas efectivas para hacer frente al enfriamiento en que está inmersa ya la zona euro. No se puede olvidar que sobre Europa sigue pesando, como una losa, una elevada tasa de desempleo y un mercado crediticio todavía por normalizar, además de un tejido empresarial pobre en proyectos solventes. Se trata de cuestiones urgentes que es necesario abordar ya no mañana, sino hoy y ahora.