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El pesimismo rodea al euro

Hay miles de razones para pensar que el valor del euro se reducirá. La actividad económica regional parece estar debilitándose, la tasa de inflación cae y el banco central está promoviendo no tan secretamente un menor tipo de cambio. La rentabilidad de los bonos ha caído a niveles bajos nada atractivos. De hecho, la omnipresencia del pesimismo es casi lo único que podría apoyar al euro en las próximas semanas.

La visión negativa aparece en la instantánea semanal de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de Estados Unidos sobre las posiciones especulativas en divisas. Las posiciones cortas en euros hacen dinero cuando cae la moneda. El número de estas ha crecido de forma sostenida desde mediados de mayo y ahora está en su nivel más alto desde 2012, cuando la crisis de deuda de la zona euro estaba en pleno apogeo.

Los administradores de activos también son pesimistas. En la encuesta de agosto de Bank of America Merrill Lynch Merrill Lynch, un 40% de los preguntados aseguró que el euro es la divisa que más esperan que se deprecie, la lectura más negativa para la moneda única en dos años.

El tipo de cambio de la moneda única frente al dólar ha caído casi un 5% desde mayo, a 1,335 billetes verdes

La tendencia es a la baja. El tipo de cambio efectivo del euro ha disminuido un 3% desde marzo, mientras que el tipo de cambio frente al dólar ha caído casi un 5% desde mayo, a 1,3350 billetes verdes. Pero la cotización podría complicarse por tres razones.

En primer lugar, quedan pocos inversores que puedan sumarse al carro de la venta del euro. En segundo, los operadores podrían tener la tentación de empezar a sacar beneficio si el impulso se desacelera. Y en tercer lugar, un rebote en la moneda única podría amplificarse por el rápido cierre de posiciones cortas que pierden dinero.

¿Qué podría crear una desbandada de compras? A medida que los inversores se vuelven más negativos, incluso pequeños pedazos de buenas noticias económicas de la zona euro podrían mover el mercado. Cualquier golpe inesperado para el dólar, por ejemplo un pequeño bache en la información estadounidense, tendría el mismo efecto. Es ciertamente probable que el euro caiga más en los próximos meses. Pero el consenso es demasiado firme como para garantizar un movimiento suave.