Draghi alerta sobre el efecto económico de las tensiones en Ucrania

El BCE afirma que ha detectado las primeras alzas en la demanda de crédito

 El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi EFE

El presidente del BCE, Mario Draghi, no realizó declaraciones reveladoras en la rueda de prensa posterior a la reunión mensual de la institución, que mantuvo sin cambios los tipos de interés en el mínimo histórico del 0,15%. Pero sí constató las dos realidades entre las que se mueve ahora la economía de la zona euro.

Del lado positivo, las primeras señales de aumento de la demanda de crédito, clave para que tengan éxito las próximas inyecciones de liquidez condicionadas a la concesión de financiación, conocidas como TLTRO. Y de otro lado, en la parte negativa, el aumento de las tensiones geopolíticas, en especial las relativas al conflicto entre Rusia y Ucrania, que Draghi reconoció influye en mayor medida sobre la zona euro y que puede impactar en el crecimiento.

Draghi se mostró satisfecho de los primeros frutos de las medidas anunciadas en la reunión de junio, como la tasa negativa para la facilidad de depósito –pese a que no se haya reflejado en una reactivación inmediata del mercado interbancario– y defendió que la liquidez del sistema se mantiene estable, sobre los 100.000 millones de euros. Pero sobre todo, se mostró optimista sobre el efecto que las políticas del BCE pueden tener en el impulso del crédito.

De entrada, destacó que ya se detecta una primera mejora en la demanda de crédito. Y mostró su confianza en que las sucesivas subastas de liquidez TLTRO, por hasta un billón de euros, se traduzcan en una concesión efectiva de crédito de entre 450.000 y 850.000 millones de euros, gracias a las “condiciones atractivas” que para ello se darán a la banca.

El presidente del BCE recordó además que aún guarda en la manga el programa de compra de activos de titulización o asset back securities (ABS), para lo que “se están intensificando los preparativos”. Añadió además que el BCE está “a punto de contratar a un consultor para diseñar el programa lo mejor posible”, con independencia de que avance el calendario para la reforma regulatoria necesaria para este producto, que no depende del BCE. “La regulación de los ABS es el principal impedimento”, reconoció Draghi. Sugirió además que los preparativos para activar ese programa de compras de ABS no son un simple ejercicio teórico y que los esfuerzos están dirigidos al diseño de productos “simples transparentes y reales”.

Draghi reiteró que la posición del consejo de gobierno del BCE sigue siendo “unánime para utilizar medidas no convencionales si el panorama de inflación cambia”. E insistió en el pronóstico ya conocido con anterioridad de un largo período de bajos tipos de interés y de baja inflación. “La situación actual es especialmente volátil”, se defendió Draghi, con señales positivas en convivencia con otras negativas y con un creciente riesgo geopolítico. Aun así, defendió las reformas estructurales como receta inflalible para la salida de la crisis, en clara alusión a Italia, que ha regresado a la recesión con una caída del 0,2% del PIB en el segundo trimestre.

Draghi atribuyó buena parte de este retroceso económico al bajo nivel de inversión privada, derivada de la incertidumbre y la desconfianza que en su opinión genera la falta de reformas. “Hay jóvenes que quieren abrir su negocio y tardan ocho o nueve meses, y eso no tiene nada que ver con la política monetaria”, denunció Draghi, que pasará sus vacaciones en Italia, su país natal.

El presidente del BCE también aludió a la crisis abierta en el portugués Banco Espírito Santo, que fue intervenido en la noche del pasado domingo, sin que los sucesivos exámenes a los que la troika sometió a Portugal desde la petición del rescate en 2011 detectaran los serios problemas que sufría la entidad. Para Draghi, la intervención en BES se ha resuelto de forma “efectiva”, después de que el banco haya sido dividido en dos, un banco tóxico y otro nuevo, Novo Banco, en el que se han inyectado ayudas públicas por 4.900 millones de euros. En opinión de Draghi, este rescate es “un episodio restringido” que “no afecta al sistema financiero de Portugal, ni a la economía del país ni al mercado en general”. A pesar de que la crisis en BES está acentuando la volatilidad en las Bolsas europeas y haya impactado duramente en la cotización de los bancos portugueses.