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Lo bueno y lo malo de la deflación

Hay una especie de deflación en Reino Unido, y parece bueno. Los signos de deflación en la zona euro parecen algo mucho menos prometedor, tanto allí como en Gran Bretaña.

Los precios de las tiendas británicas fueron un 1,8% más bajos en junio que el año anterior, la mayor caída anual registrada desde que la serie comenzó en 2006. Una guerra de precios, impulsada por el creciente éxito de las cadenas de grandes descuentos como Aldi y Lidl, explica parte de la deflación minorista.

También hay una tendencia internacional. En general, la presión deflacionaria ya está calando en los estados de ánimo. La confianza de los consumidores de Reino Unido subió en junio a su nivel más alto desde 2005. Y puede que haya más en el futuro con una libra fuerte que influye en los precios de importación. Si la tasa de inflación británica, actualmente situada en el 1,5%, va a la baja, el Banco de Inglaterra podría retrasar la subida de tipos, siempre y cuando el mercado de la vivienda financieramente crítico no se vaya de las manos.

Si unos precios más bajos ayudan a que exportar desde la zona euro sea más competitivo, podría haber una mejora

En la zona euro, la deflación es más compleja y potencialmente dañina. Aunque los precios más bajos aumentan el poder adquisitivo de los consumidores, gran parte de la presión sobre ellos –un 0,5% para toda la zona y casi cero en Italia y España– refleja y amplifica el débil crecimiento conjunto y la sorprendentemente elevada tasa de desempleo en algunos países.

Si los precios más bajos ayudan a que las exportaciones de la zona euro sean más competitivas, podría haber una mejora. Pero si son una señal de que los países más débiles no pueden hacer frente a las exigencias de un euro fuerte, entonces los países más rezagados en la zona euro no vivirán una fuerte creación de empleo al estilo británico. La deflación podría entorpecer en lugar de revivir.

Para Reino Unido, la debilidad de la zona euro es una gran preocupación. El gasto de los consumidores mantendrá por ahora en funcionamiento la economía británica. Pero si el resto de Europa sigue deprimida, las exportaciones y los fabricantes británicos tendrán problemas y su déficit comercial empeoraría. La deflación europea acabaría pesando en Reino Unido.