La entidad adquiere también 1,1 millones de tarjetas

Popular cierra la compra del negocio minorista de Citi por unos 300 millones

El presidente de Banco Popular, Ángel Ron.
El presidente de Banco Popular, Ángel Ron.

Dos meses y medio después de que se hicieran públicas las negociaciones, Banco Popular ha cerrado este lunes el acuerdo de compra del negocio minorista de Citibank en España, aprovechando el repliegue de la entidad estadounidense en el país.

La operación, que según se comunicó a la CNMV se materializará previsiblemente en el tercer trimestre una vez que se reciban las autorizaciones administrativas pendientes, se cerró por una prima de 240 millones que se elevan a unos 325 millones teniendo en cuenta las provisiones necesarias. El desgaste de capital paralelo supondrá un coste de 489 millones, según informó Popular en un segundo comunicado al supervisor. La cifra, en todo caso, se sitúa en la parte baja de la horquilla inicial manejada por los analistas, que en abril hablaban de entre 300 a 700 millones de euros.

El acuerdo de venta, según detalló Popular, afecta a una cartera que contiene aproximadamente 1,2 millones de cuentas, 2.300 millones de euros en activos bajo gestión (desde fondos a planes de pensiones), 2.000 millones de euros en depósitos, 45 oficinas y aproximadamente 950 empleados.

La joya de la corona de la operación para Popular es, sin embargo, el importante negocio de tarjetas de Citi. Más de 1,1 millones de ellas, concretamente, de las que se derivan 1.400 millones de euros en préstamos.

La adquisición convierte a Banco Popular en la cuarta entidad financiera de España del negocio de medios de pago con un total de cinco millones de tarjetas en circulación y “una posición de liderazgo”, según la propia entidad, en la concesión de créditos de alta rentabilidad a través de tarjetas, negocio conocido como revolving.

Popular no es el único que ha demostrado interés en este segmento de actividad de Citibank, que ha despertado también el apetito de algunos fondos de inversión internacionales.

De hecho, la estrategia de fondo que parece perseguir la entidad que preside Ángel Ron es la de terminar vendiendo a una de estas firmas el negocio de tarjetas en bloque o, más previsiblemente, una participación importante en él para que la operación tenga un coste de capital neutro.

De momento, la intención de Popular es segregar esta actividad en su filial Popular-e, que cuenta con ficha bancaria propia. A partir de ahí, en el sector se baraja la idea de que Popular podría sellar este mismo año una operación similar a la que realizó con su plataforma inmobiliaria, Aliseda, de la que vendió un 51% al consorcio de fondos formado por Kennedy Wilson y Värde Partners.

El nombre que más suena estos días en el mercado para hacerse con esta operación derivada es Apollo, la importante firma de capital riesgo estadounidense que en el último año ha comprado EVO Banco a Novagalicia, la inmobiliaria Altamira a Santander o Finanmadrid a Bankia y que cuenta ya con 500.000 clientes bancarios. De hecho, Citifin, la financiera de Citi en España, ya vendió a Apollo su negocio de crédito al consumo en 2011, conservando únicamente hipotecas.

Pese a que al fondo podría haberle interesado una compra directa a Citi, el banco estadounidense ha terminado optando por vender su negocio a una entidad financiera tradicional, bajo un acuerdo más garantista para sus antiguos clientes y trabajadores. Al igual que ya ha hecho en otros países como Alemania, Bélgica, Turquía o Rumanía, Citi se ha deshecho básicamente de su filial de consumo y seguirá operando en el país dedicado solo ya al negocio mayorista: banca corporativa, de inversión, mercado de capitales y banca privada.

Popular, por su parte, se ha mostrado especialmente activo en esta primera mitad de año en la que se ha postulado para varias operaciones. Tras hacerse pública la negociación con Citi, desde la entidad avanzaron que estudiarían también la venta de la red española de Barclays, si bien matizando que con escaso interés, pero, sobre todo, pugnó por hacerse con la red de 150 oficinas de Catalunya Banc que el FROB aspiraba a vender por separado de la entidad. El organismo canceló la operación, sin embargo, ante la pretensión del banco de recibir algún tipo de apoyo público.