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Columna
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Mejor mantener la distancia

El gobierno francés ha roto su silencio en los problemas judiciales entre Estados Unidos y BNP Paribas. Es un camino arriesgado. El ministro de Exteriores, Laurent Fabius, apareció en televisión para definir como “irracional” la posible multa de 10.000 millones de dólares (unos 7.300 millones de euros) por presuntamente haber llevado a cabo operaciones en dólares con países tocados por sanciones estadounidenses. El temor es que se produzca una posible suspensión a la entidad para llevar a cabo negocios en dólares, lo que podría dañar seriamente al mayor banco de Francia. El gobierno tiene el derecho de intentar evitar un desastre bancario nacional. No es inconcebible que los contribuyentes franceses, si el daño es grave, puedan pagar directa o indirectamente para solucionar el desastre de BNP. Pero acercarse demasiado al banco sería imprudente.

Si BNP termina por declararse culpable en un par de semanas y se zanja la cuestión con una multa multimillonaria, el abanderado de las finanzas de Francia habría admitido entonces haber actuado ilegalmente en un país que es uno de sus principales mercados y la mayor economía del mundo.

Es cierto que el banco podría no haber violado ninguna ley francesa o europea. Y el tamaño de la sanción podría depender en gran medida del contexto político estadounidense. Pero son factores débiles en los atenuantes. BNP optó por expandir su negocio en Estados Unidos, un lugar con un sistema legal que respetar. Si el banco piensa que está siendo tratado injustamente, tiene la opción de ir a juicio.

En última instancia, París tendrá que tener cuidado de no acercarse demasiado a un banco que podría llegar a ser considerado criminal. François Hollande debería respetar los procesos legales y ser congruente en su tratamiento hacia las firmas financieras, incluso en el caso de su campeón nacional.

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