Tribuna

La respuesta es más Europa

La mayoría de economías europeas ha recuperado la senda del crecimiento. El FMI prevé para 2014 un crecimiento del 1,6% para la UE y del 1,2% para la eurozona. Irlanda y Portugal vuelven a financiarse en los mercados privados y se espera que Grecia y Chipre se gradúen de sus programas con la troika este año. La prima de riesgo española se ha situado en un mínimo histórico desde la creación de la eurozona. Todas las agencias de calificación de riesgo han elevado el rating de España, y S&P vaticina un crecimiento del 1,3% este año.

La crisis económica fue consecuencia de burbujas inmobiliarias, de las irresponsables políticas crediticias de muchos bancos, del endeudamiento excesivo de empresas y particulares y de la deficiente actuación de los reguladores bancarios nacionales. Atribuir la culpa a la UE o al euro es síntoma de desconocimiento o demagogia. A la eurozona solo cabe achacarle que no diseñara una unión bancaria que permitiera reaccionar con rapidez. Pero con un presupuesto equivalente al 1,2% de su PIB (en la mayoría de Estados dicho ratio se sitúa entre 40%-60%), la UE no dispone de fondos para acometer programas de estímulo sustanciales.

La superación gradual de la crisis de la eurozona se debe a diversos factores. Muchos Gobiernos –entre ellos el español desde 2012– han aplicado impopulares pero imprescindibles reformas estructurales para recuperar competitividad y austeridad para reducir sus déficits. La financiación aportada por el BCE para sanear la banca mediante los dos LTRO por valor de 1 billón de euros entre diciembre de 2011 y febrero 2012 y la creación del programa OMT para posibles compras de deuda soberana fueron providenciales. Aún atravesamos un túnel –especialmente en materia de desempleo– pero se vislumbra su salida.

El Parlamento Europeo no había pasado por las urnas desde el inicio de la crisis. La subida de los partidos extremistas y euroescépticos era por consiguiente inevitable. Pero la realidad es que los europeístas grupos Popular, Socialdemócrata, Liberal y Verde suman el 69% de los escaños del nuevo Parlamento y la mayoría de Estados miembros de la UE cuenta con Gobiernos reformistas de centro-derecha.

La pertenencia a la UE y a la eurozona han aportado innumerables beneficios. La creación de líneas aéreas de bajo coste; la reducción de las tarifas (normales o en roaming) en telefonía móvil; poder trabajar en otro Estado miembro; el aumento del surtido de productos y servicios a precios reducidos; el desplazamiento sin pasaporte ni controles fronterizos terrestres en la zona Schengen, y la comodidad de poder utilizar el euro en 18 Estados de la UE son algunas de las ventajas derivadas de formar parte de un mercado común de 500 millones de personas. Privados del mercado común y la moneda única, nuestras empresas deberían fabricar sus productos y ofrecer servicios según las regulaciones y estándares técnicos, medioambientales y de protección del consumidor de 28 Estados, retrocediendo al statu quo previo a 1993.

Las pymes serían incapaces de exportar a múltiples destinos y las grandes empresas repercutirían los mayores costes generados por la fragmentación de los mercados, el pago de aranceles, los trámites aduaneros y la necesidad de asegurarse contra fluctuaciones en el tipo de cambio en el precio final pagado por los ciudadanos.

La UE ha sido generosa con España desde nuestra adhesión en 1986, aportando ayudas y cofinanciando proyectos por valor de 274.505 millones para construir autovías, carreteras, el AVE, terminales de aeropuertos, plantas potabilizadoras y de tratamiento de residuos y sufragar cursos de formación. España ha recibido en tres décadas de la UE más dinero que toda Europa del Plan Marshall. Para combatir la demagogia, nuestra clase política, sociedad civil y agentes sociales deben practicar una rigurosa y perseverante pedagogía. Los líderes nacionales deben apostar por la meritocracia en la elección de los nuevos altos cargos europeos. Cameron necesita la devolución a Londres de alguna competencia en materia laboral y social para ganar el referéndum y mantener a Reino Unido en la UE. Pero debe ser la última excepción para los británicos. De lo contrario, continuarán consiguiendo la complicidad de otros Estados miembros para obstaculizar la integración.

Una Unión Europea dividida nos relegaría a un estatus marginal ante el creciente poder de China y los chantajes de Putin. La conclusión del Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión con EE UU reforzaría los lazos transatlánticos, indispensables para superar la dependencia energética europea de países hostiles o inestables. Se abre una ventana de oportunidad para concretar la unión bancaria y fiscal porque ninguna economía importante de la eurozona debe celebrar elecciones generales hasta el segundo semestre de 2015. El próximo 6 de junio se cumplirá el septuagésimo aniversario del desembarco de los aliados en Normandía, que unidos derrotaron al fascismo y auspiciaron el periodo de mayor prosperidad e integración de Europa. Una UE más integrada es la mejor garantía para afianzar dicho hito.

 Alexandre Muns Rubiol es Profesor de EAE Business School