Josu Jon Imaz

La química del trabajo

El esfuerzo es el principal ingrediente la fórmula que ha llevado al expolítico vasco Josu Jon Imaz a ser el elegido para ocupar el cargo de consejero delegado de Repsol

Caricatura de Josu Jon Imaz, nombrado consejero delegado de Repsol.
Caricatura de Josu Jon Imaz, nombrado consejero delegado de Repsol.

Josu Jon Imaz (Zumárraga, Guipúzcoa, 1963) es un nombre que desde hace mucho ha estado unido al País Vasco y a la compañía energética Repsol. La vinculación con su tierra quedó patente durante los años que dedicó a la política, mientras que la que mantiene con el grupo empresarial desde 2008 se acaba de hacer todavía más fuerte.

El presidente de Petronor, filial del holding empresarial, ocupará el cargo de consejero delegado de Repsol cuyas funciones estaban hasta ahora también en manos de su presidente, Antonio Brufau. La relación entre ellos tiene su origen en los tiempos en que Imaz ejercía como consejero de Industria en el Gobierno vasco y con el tiempo ha ido afianzándose.

En lo que muchos denominan un punto de inflexión en la trayectoria de la petroquímica tras la solución alcanzada para el conflicto sobre la expropiación de YPF en Argentina, la estructura de la compañía está viviendo una serie de cambios y Josu Jon Imaz –que cuenta con la confianza de Brufau– parece llamado a convertirse en protagonista de la transformación. Al dar a conocer su nombramiento, el presidente de Repsol destacaba “sus capacidades técnicas y humanas, juventud e identificación por la compañía” como las cualidades principales que lo convertían en el ejecutivo más adecuado para guiar los nuevos pasos de la empresa tras el punto y aparte que se acaba de iniciar.

Doctor en Químicas por la Universidad del País Vasco, el camino que ha seguido Imaz hasta convertirse en directivo se inició con una formación que tuvo que costear a base de becas y de los trabajos que llevó a cabo durante sus veranos de estudiante. Parece que su origen humilde lo ha convertido en una persona sencilla, que prefiere prescindir de los grandes lujos.

Otro aspecto que aquellos que han rodeado en algún momento a Josu Jon Imaz destacan de él es su capacidad de trabajo y esfuerzo, que cultivó al pelear para no perder las becas que tanto necesitaba. Esa dedicación le valió el Premio Extraordinario Fin de Carrera de su Promoción, pero también ha ido más allá de ese reconocimiento.

Tuvo que costear su formación a base de becas y trabajos en verano

Especializado en polímeros, no le falta experiencia internacional como denota su paso por el centro tecnológico CETIM de Nantes (Francia) –donde realizó parte de su doctorado–. A finales de 2007, su estancia de seis meses como investigador invitado en la Kennedy School de Boston (Estados Unidos). Como político, también vivió fuera de España en su época de eurodiputado. Sin embargo, su destreza en el francés y el inglés no se debe a estas estancias ni a su paso por ninguna prestigiosa escuela, sino a los clientes que atendió cuando trabajaba como camarero en su juventud. Además, su infancia transcurrió en euskera en casa y en castellano en el colegio y si es necesario echa mano de sus nociones de otros idiomas como el catalán e incluso el alemán.

Pocas cosas faltan en la exhaustiva formación del nuevo consejero delegado de Repsol en la que también tiene su hueco la dirección de empresas (ámbito del que aprendió gracias a un plan que cursó en la Corporación Mondragón, donde también trabajó durante un tiempo).

Afiliado al Partido Nacionalista Vasco desde muy joven –se inscribió con tan solo 15 años, aunque aseguró en ese momento tener 16–, su llegada a la política se produjo, según ha asegurado en varias ocasiones, por su concienciación y compromiso con lo que sucedía a su alrededor. La salida llegó en 2007 tras haber presidido la formación. Parece que sus tendencias moderadas no terminaron de convencer a algunos sectores del partido, pero Josu Jon –con el nombre completo, como le gusta que le llamen– asumió entonces que era hora de poner fin a esa etapa que siempre había asumido como transitoria.

Cerrada esa puerta, se abrió nuevamente la del mundo de la Química, ese que tanto le apasiona, aunque desde la perspectiva empresarial. Como presidente de Petronor, miembro del Comité de Dirección de Repsol y Director General del Área Industrial y Nuevas Energías de la compañía, ha destacado por trabajos relacionados con la modernización de varias instalaciones que han permitido mejorar su sostenibilidad y relación con el entorno. Desde Repsol destacan las mejoras que, bajo su mando, se han llevado a cabo en la refinería de Cartagena y la construcción de una nueva planta de reducción de fuelóleo en la refinería de Petronor en Muskiz (Vizcaya).

Pero su trayectoria como ejecutivo ha conllevado para él algo más que mejorar a nivel profesional. Dejar la actividad institucional le permitió dedicar más tiempo a su familia, a la que se siente muy unido. Su mujer y sus tres hijos tienen un papel protagonista en su vida y es que la temprana pérdida de su padre a la edad de ocho años le hizo valorar mucho a los suyos.

De entre el resto de sus pasiones destaca la montaña, tanto para conocerla sobre el papel –le gustan la geografía y la cartografía–, como para explorarla pisando directamente el terreno. También es aficionado al fútbol, aunque en alguna que otra entrevista ha reconocido que practicarlo no es lo suyo, y es seguidor de la Real Sociedad.

En lo profesional, los equipos que lo han rodeado suelen describirle como un buen jefe. Ahora su nueva responsabilidad le obligará a echar mano más que nunca de esa capacidad para saber delegar y también ser exigente con sus subordinados. Josu Jon Imaz tendrá que desplegar una vez más las dotes diplomáticas que tanto lo han caracterizado en sus anteriores ocupaciones, así como su compromiso con todo aquello a lo que se dedica.