Editorial

Un repunte económico que se afianza

El rosario de datos que evalúan la actividad económica española no deja de evidenciar una mejora creciente. El informe presentado ayer por el Banco de España, correspondiente al mes de abril, confirma esta evolución al vaticinar que el PIB español habría crecido cuatro décimas en los tres primeros meses del año, lo que supone el avance más importante desde el primer trimestre de 2008. De confirmarse ese análisis, España estaría ya en un escenario de crecimiento interanual positivo –del 0,5%– tras nueve trimestres consecutivos de tasas interanuales negativas.

Si el dato en sí mismo es una buena noticia, lo mismo puede decirse del motor que alimenta esa actividad. Del informe del Banco de España se desprende que la demanda interna –que crece un 0,2% – está ya aportando más que la externa y ha dejado de ser el peso muerto que ha lastrado el crecimiento desde 2010. Tras un largo y oscuro invierno económico, el consumo comienza a recuperarse, tanto en lo que se refiere a las familias como a las Administraciones públicas y la inversión empresarial. No solo el informe constata esta tendencia. Referencias como la venta de billetes de AVE y larga distancia en Semana Santa –Renfe transportó un 18% más de viajeros que el mismo periodo del año anterior– apuntan a que el consumo en España empieza a recuperarse. También la fabricación de automóviles, que ha aumentado un 11% durante este primer trimestre del año, constituye una buena pista para testar la mejora en el sector empresarial. En el análisis de ese entorno tiene un lugar importante el abaratamiento de los insostenibles costes de financiación que la economía española ha soportado durante los peores meses de la crisis de duda soberana. El Tesoro público colocaba ayer deuda a largo plazo a unos intereses que marcan mínimos históricos, lo que contrasta de forma severa con los momentos –no tan lejanos en el tiempo– en que los rumores de rescate rodeaban a España y en que nuestra economía no parecía capaz de recuperar la confianza de los inversores internacionales.

A la vista de los datos y previsiones, parece que el esperado despegue de la economía española comienza a materializase. Ello no significa que ese proceso no pueda toparse con obstáculos –e incluso revertirse en algún momento– como sucede con todo repunte durante su fase inicial. Pero las bases de ese avance están sentadas y la actividad comienza poco a poco a afianzarse. Precisamente por esa fragilidad, resulta más necesario que nunca apostar por una política económica que combine el mantenimiento del control presupuestario con los estímulos al crecimiento y las facilidades a las empresas. Una fórmula imprescindible y necesaria para consolidar el avance y comenzar a generar empleo, gran objetivo nacional, según el presidente Rajoy.