El Foco

La expansión cuantitativa, en retirada

Continuando con las reflexiones iniciadas en el artículo titulado Crisis económica, QE y futuro, publicado en este diario, conviene profundizar en algunas cuestiones relevantes y que pueden orientarnos sobre la posible evolución de la economía en un futuro no muy lejano, los riesgos que nos rodean y la realidad frente al posiblemente exagerado optimismo que se respira en algunos sectores de la política y de la economía internacional y nacional.

Como preveía, el mero anuncio y ejecución inflexible del programa de reducción de la expansión cuantitativa por la Fed ha comenzado a provocar problemas, no solo en Estados Unidos, donde el ritmo de crecimiento y de generación de empleo no es muy consistente, y por ello suscita expectación y un importante grado de recelo, sino también en otras economías, entre ellas las de los países emergentes.

En las facultades de Economía se enseña a los alumnos que resulta muy conveniente que los movimientos de liquidez que realiza la autoridad monetaria deben ser suaves, bien planificados, anunciados con la anticipación necesaria para tratar de que los agentes económicos conozcan con claridad a qué atenerse y no se distorsione la economía. En esta crisis se ha optado por una intervención decidida a la hora de facilitar recursos líquidos y parece que suficientemente anunciada.

El caso de los países emergentes debe ser tenido en cuenta de forma permanente y con mucha cautela y puede relacionarse directamente con el programa de estímulos de la Fed y con los propios desequilibrios internos de los distintos países. Amenazas de posibles burbujas inmobiliarias, negativa evolución de las divisas, elevadas tasas de inflación, acumulación de deuda e inexistencia en muchos casos de una autoridad financiera que mitigue la situación en los peores momentos con alivios monetarios.

La reacción de estos países ante la retirada de estímulos no se ha hecho esperar y han iniciado un camino más o menos ortodoxo, subir los tipos de interés para frenar la sangría y detener la caída de sus divisas. Y ello en medio de fuertes críticas a la especulación internacional a la que acusan de efectuar operaciones de carry trade con la obtención de sensibles beneficios para ellos, al haberse aprovisionado de recursos financieros baratos en bancos centrales proveedores de liquidez, básicamente Estados Unidos, e invirtiendo en deuda de las economías con problemas y países emergentes.

Llegados a este extremo, quizás conviene ir pensando sobre la posibilidad de que algunos países que se consideran emergentes no sean tan emergentes, estén dejando de serlo y se encuentren en la senda de los países desarrollados y por tanto deban contemplarse como tales.

Por otra parte y en general, puede afirmarse que los ajustes emprendidos en su día no han llegado a un punto en el que podamos asegurar que han terminado. Da la sensación de que algunos responsables del ajuste se han visto obligados a tener que trabajar en una línea molesta, tanto desde el punto de vista político como desde la óptica económica, y han pospuesto actuaciones para más adelante. En el momento en que se han empezado a disparar las previsiones optimistas han ralentizado el ritmo de las reformas. El ajuste resulta asimétrico y produce diferentes efectos sobra la economía global en general y de la Unión Europea en particular.

Abundando en la idea, un importante ajuste que se encuentra sin finalizar es el de la deuda. La inmensa cantidad de deuda acumulada supone un riesgo añadido no solo en sí mismo, sino además porque existe un elevado grado de concentración en cuanto a su adquisición, como por ejemplo por China, que por cierto parece que está ralentizando su crecimiento.

Conviene recordar cómo en su momento la Unión Europea exigió a los candidatos para formar parte de la misma un requisito exigente respecto a la deuda. Sin olvidar que la deuda puede ser todavía mayor merced a ciertos artificios contables.

Las expectativas de mejora de los resultados empresariales se han traducido en subidas bursátiles, para muchos termómetro y guía, pero su consistencia se encuentra en entredicho, dado que basta cualquier noticia negativa para desinflar rápidamente las alzas. Esto, unido a la previsible evolución de los tipos de interés anunciada por muchos los analistas, frena el proceso a menudo.

Se ha podido perder un tiempo precioso al no haber realizado en paralelo, con los ajustes necesarios para superar la crisis, un cambio de modelo productivo. En el caso español, por ejemplo, resulta preocupante la excesiva dependencia del turismo y la falta de un tejido industrial con mayor presencia. El sector turístico viene beneficiándose de la situación política y social convulsa de otros países. En el momento en que esos países consigan superar esa situación aparecerán como destinos de primer orden, o al menos como una alternativa relevante, para los turistas internacionales y provocarán un descenso de los ingresos por este apartado.

En general, debemos abogar por las necesarias reformas estructurales que permitan alcanzar una mayor productividad y competitividad, entre ellas reformas laborales y fiscales que precisan el consenso de los agentes sociales para que lleguen a ser eficaces y no habría que descartar tampoco una concienciación empresarial y accionarial de acomodo a unas tasas de beneficio acordes con los nuevos tiempos.

El precio de la energía puede constituir otra amenaza ante una economía en crecimiento. Se precisa llevar a cabo las reformas energéticas necesarias para tratar de acomodar las necesidades energéticas de forma más eficiente y hacer frente a posibles subidas de precios por parte de los países productores.

La estrategia desarrollada por los grandes inversores internacionales ha precipitado en algunos casos las hipótesis optimistas, aunque la realidad es que han aprovechado las oportunidades que los precios y las legislaciones les han brindado para beneficiarse de la presión a la que se han visto sometidos Estados y empresas, pero solo responden a su estrategia especulativa y no a una consolidación real de una economía global en crecimiento. En resumen, la situación ha mejorado pero son necesarios nuevos ajustes y terminar los que están en curso. Así se podrá afrontar con garantías la siguiente crisis.

Cecilio Moral es Catedrático de Economía Financiera de Icade.