Así son los viveros de empresas industriales

Cómo poner en marcha una fábrica

Arrancar una empresa de servicios requiere una inversión de entre 12.000 y 30.000 euros, una industria llega hasta 150.000

El emprededor manufactuero ha trabajado antes en la industria y visualiza las necesidades que ésta no tiene cubiertas

Imagen de una cadena de montaje de una fábrica.
Imagen de una cadena de montaje de una fábrica.

Los viveros de empresas son un elemento ya consolidado en el paisaje empresarial español. Pero ¿puede haber un Wayra industrial que acoja start-ups manufactureras al tiempo que les proporciona los servicios que necesitan para crecer? A una escala mucho más local que el programa de Telefónica para el desarrollo de empresas TIC, hay incubadoras que ayudan a resolver los problemas a los que hacen frente este tipo de negocios, entre ellos el coste de la inversión y el acceso a los mercados, en España o en el exterior. Pero, sobre todo, se adaptan al distinto ritmo de vida de estos emprendedores, que ponen en marcha proyectos con un tiempo de maduración más prolongado que el de sus equivalentes de servicios, facilitando tasas de supervivencia empresarial superiores a las de las empresas terciarias que pasan por un vivero.

Acceder a la financiación es un reto al que las compañías de servicios se enfrentan en menor medida, según el gerente del vivero Idetsa de l’Hospitalet de l’Infant (provincia de Tarragona), Joan Ramón Benaiges: “Un proyecto de servicios requiere de 12.000 a 30.000 euros para empezar a funcionar. Para otro que dé lugar a una compañía manufacturera hacen falta de 30.000 a 150.000”.

El perfil de un industrial

A diferencia de un emprendedor de servicios, quien pone en marcha un proyecto manufacturero lo hace tras una carrera laboral en una empresa, según el gerente del vivero de Vicálvaro (Madrid), Iñaki Calvo: “En algunos casos poseen capital propio”. Tienen también contactos con proveedores y distribución, explica la profesora de la IE Business School Conchita Galdón.

Manel Monclús y Eva Ferràs, creadores de Natsalut, requerían 100.000 euros para poner en pie una empresa de fabricación de repostería para celiacos, sin frutos secos, huevos o leche: “Compramos maquinaria, ya que un horno de segunda mano podía estar contaminado con productos no aptos para celiacos”. El vivero les ayudó a acceder a un préstamo de 70.000 euros de Catalunya Emprèn, programa con el que el Gobierno catalán financia planes de negocio. Natsalut ocupa una de las naves de 150 metros cuadrados que Idetsa ofrece en alquiler a proyectos industriales, a precios inferiores al de mercado.

Las empresas pueden ocupar estos espacios por un periodo de hasta cinco años, a condición de que introduzcan alguna innovación de proceso o producto. La mayoría pertenecen a sectores como la mecanización y la industria agroalimentaria. Idetsa proporciona ayudas de hasta 4.000 euros a los negocios que acoge.

Estos industriales atienden necesidades no cubiertas en el sector que conocen

El gerente del vivero industrial de Vicálvaro (Madrid), Carlos Mayo, también se enfrenta al problema de la financiación. Las sociedades alojadas allí tienen necesidades de inversión que varían “de los 100.000 euros al millón, según el sector”, asegura. Para satisfacerlas, esta incubadora especializada en proyectos industriales pone en contacto a los emprendedores con fuentes de financiación pública, como Enisa, ICO y CDTI. Las sociedades acogidas deben disponer de suficientes recursos, propios o prestados, antes de alquilar alguna de las naves por un periodo máximo de hasta 10 años. La gerente de una de las compañías alojadas, Nuria Gómez, precisaba 160.000 euros para poner en marcha su empresa, Trafic ergonomía. Aunque contaba con fondos propios para crear esta sociedad, dedicada a la fabricación de mobiliario ergonómico, recurrió a un crédito del ICO de 40.000 euros, que obtuvo a un tipo de interés “carísimo, del 6%”.

Fortalezas del emprendedor industrial

Pese a las dificultades a las que se enfrenta, los puntos fuertes del emprendedor industrial son múltiples. Por ejemplo, se trata de “personas que han trabajado en una industria y visualizan una necesidad que esta no tiene cubierta”, apunta el profesor del IESE Albert Fernández Terricabras.
La directora del espacio de emprendimiento de la IE Business School, Conchita Galdón, añade que el elevado coste de poner en marcha estas sociedades hace que quien se mete en un proyecto así sabe que se enfrenta a una carrera de fondo. Por este motivo, las start-ups de un vivero industrial son apuestas a largo plazo, pero seguras. Resistirán contratiempos. Algo que ocurre con menos frecuencia en los negocios de internet: “Quien triunfa en la creación de páginas web tiene una resistencia infinita a la frustración, pero es más fácil poner en marcha una sociedad de este tipo, y algunos emprendedores piensan que pueden ganar dinero en poco tiempo”.

Las claves

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Inversión. Aunque la cuantía requerida para poner en marcha estos negocios varía según el proyecto, puede alcanzar el millón de euros.

Estancia. Los centros acogen a las empresas por un periodo más prolongado que el de sus equivalentes de servicios, de hasta 10 años.

Éxito. La probabilidad de que un proyecto industrial pueda sobrevivir después de su etapa en la incubadora se sitúa entre el 70% y el 85%, en función del vivero.

Además, estos proyectos industriales compiten a base de elaborar productos diferenciados. Por tanto, “no tienen que gastar tanto en marketing como los negocios web”, afirma Galdón. “Se trata de una idea única, que ha superado las barreras de entrada”. Su experiencia, finalmente, ayuda a reducir el riesgo, explica Terricabras: “Quien inicia un proyecto de este tipo ha tenido muy en cuenta las contingencias que puedan surgir”.

Cifras positivas

Las estadísticas refrendan las impresiones citadas. El 89% de las empresas industriales que han pasado por el Centro de Desarrollo Empresarial de la Margen Izquierda (Cedemi), en Vizcaya, sigue en funcionamiento tres años después de su salida. La incubadora también acoge start-ups de servicios. El 84% de ellas sigue en marcha al tercer año de dejar el establecimiento. El gerente del vivero Idetsa de l’Hospitalet de l’Infant (Tarragona), Joan Ramón Benaiges, también aporta resultados positivos: “De los 104 proyectos que han salido de aquí en 10 años de historia, la tasa de supervivencia ronda entre el 70% y el 80%”.

Tan resistentes pueden ser estos negocios industriales que han aflorado incluso en sectores afectados por la crisis, como la construcción. Es el caso de Onexit, dedicada al aislamiento térmico de instalaciones con productos reciclables. La empresa, que ocupó durante cinco años un local del Cedemi, dispone de unas instalaciones de 1.300 m2 en Mungia, también en Vizcaya. Prevén ingresar “alrededor de un millón de euros” este año, tras sufrir una bajada de la facturación en 2010 por la crisis, según su gerente, Eva Gutiérrez. La compañía exporta sus productos a mercados como Islandia y Reino Unido.

En Master Battery, especializada en la fabricación de baterías autorrecargables, el futuro permite ser optimista, aunque no hayan abandonado el vivero de Vicálvaro. Desde 2011, han pasado de cuatro a 20 empleados. Los ingresos, que se acercan a los seis millones de euros, crecieron “entre un 30% y un 40%” el año pasado, con un ebitda de “entre el 7% y el 8% sobre el total de facturación”, asegura su director financiero, Juan Carlos Hernández. El 28% de sus ventas van dirigidas a la exportación.

Los servicios que requiere un proyecto industrial

La tarea de las incubadoras industriales no se limita a buscar inversores. También planifican una oferta formativa adaptada a cada uno de los emprendedores que acogen, para apoyarlos a medida que desarrollan su proyecto. Es el caso del vivero de Vicálvaro (Madrid), asegura Ana Martínez, responsable de Vea Global, la consultora que lo supervisa: “Desarrollamos talleres online, para que puedan ir cogiendo ideas de allí. Por ejemplo, algunas empresas necesitan la ISO 9000. Otras no”.

Como proyectos manufactureros, estas empresas precisan un buen acceso a las rutas de distribución. Eso opina el responsable comercial de MyCoFoods, Juan Carlos Fernández. Su negocio, dedicado a la producción de edulcorantes derivados de la planta Stevia, ocupa una nave de 556 m2 en el vivero industrial de Alicante: “Nos ayuda porque estamos muy cerca del aeropuerto y la autovía”.

Para asegurar la entrada del emprendedor al extranjero, algunos establecimientos lo ponen en contacto con ferias internacionales. Este es el caso del vivero de Vicálvaro, que además ofrece un servicio para poner en marcha sucursales en el exterior, explica su gestor, Carlos Mayo: “Tenemos acuerdos con el instituto tecnológico de Illinois. A través de este pacto, las empresas que quieran acudir al lugar pueden montar su delegación con un coste muy inferior al de mercado. Esto es también aplicable a las compañías que quieren establecerse en Europa”.

Con el propósito de ayudar a que estos proyectos desarrollen sus prototipos, el espacio de emprendimiento de la IE Business School pone a disposición de sus usuarios una impresora 3D, explica su directora, Conchita Galdón. Se trata de un vivero mixto que acoge start-ups de servicios e industriales.

Un último requerimiento concierne a la superficie que ocupan estas start-ups, mayor que la de sus equivalentes de servicios. Las incubadoras ofrecen talleres de 100 o más metros cuadrados. Algunas, como la de Alicante, incluyen naves de más de 500 m2.