El Foco

Janet Yellen: la transparencia de la inteligencia

El 1 de febrero la Reserva Federal será presidida por primera vez en su historia por una mujer. Este hecho debe por sí mismo ser festejado ya que implica una nueva ruptura del techo de cristal, que no se ve pero que existe, como la realidad tozudamente hace evidente. Pero, además, debe ser motivo de celebración que sea Janet Yellen, mujer con amplísimo bagaje intelectual y de servicio público en puestos de responsabilidad.

En enero el Senado ratificó su nombramiento, aunque con la oposición de cerca de dos tercios de los senadores republicanos que objetan la inclinación de Yellen por mantener los estímulos monetarios mientras la situación económica no se haya afianzado lo suficiente. Yellen no es única entre los miembros de la Reserva Federal en mantener esta posición, pero sí es muy clara. La claridad de sus ideas y su manera de expresarlas de forma explícita pero razonada, con lenguaje simple pero sustentando sus puntos y sus afirmaciones con referencias a investigaciones académicas o a decisiones adoptadas de política económica constituyen sus señas de identidad.

La Reserva Federal es más efectiva que el BCE porque aúna estabilidad de precios con empleo

La actual crisis económico-financiera ha supuesto todo un reto para la política monetaria que, en muchos casos, se ha visto obligada a actuar en solitario ya que la política fiscal se encuentra replegada en sí misma, dedicada por entero a reducir el endeudamiento público, y la política de tipo de cambio parece comprometida con la política exterior. A su vez, la política monetaria ha tenido que conjugar su papel sobre la demanda económica con el afianzamiento de la estabilidad financiera. Esta situación no es fácil para los bancos centrales, autoridades monetarias y con frecuencia además supervisores financieros. Hay que reconocer que la Reserva Federal está siendo más efectiva que el Banco Central Europeo, y eso que este último limita su objetivo a la estabilidad de precios, mientras que la primera aúna la estabilidad de precios con el objetivo del empleo. Respecto a los instrumentos monetarios, la Reserva Federal tomó la iniciativa de diferentes programas de medidas cuantitativas y de la llamada forward guidance, que supone la declaración de las futuras actuaciones de la política monetaria, seguidas ambas también por el Banco Central europeo.

Janet Yellen ha expresado en sus diferentes discursos su postura sobre cuál debe ser el objetivo prioritario en estos momentos, exponiendo los diferentes indicadores utilizados para evaluar la situación en la actualidad e indicando los beneficios y los costes de las medidas de política monetaria utilizadas. También ha sido muy clara en la duración de las medidas y en cómo se articulará el fin de las mismas. Así, ha comentado que el empleo debe ser primordial ya que, aunque la tasa de paro ha descendido hasta el 6,7%, está aún lejos de la tasa de equilibrio a largo plazo (5,2-6%) y del nivel previo a la crisis; además, señala que se deben contar las personas desmotivadas que implican una reducción de la población activa, y aquellas que tienen un empleo a tiempo parcial cuando desearían tenerlo a tiempo completo. Teniendo en cuenta estas y otras situaciones similares, la tasa de subempleo se situaría por encima del 14%, situación que no sólo es negativa para las familias que lo sufren sino que es un coste social porque deteriora el potencial productivo futuro de la economía. Con vistas a que la situación del empleo mejore más, piensa que se puede aceptar que la inflación pueda desviarse algo (medio punto porcentual) por encima de la tasa del 2%, que es el objetivo de estabilidad.

La claridad de Janet Yellen contrasta con la banalidad y la confusión de las palabras de Mario Draghi

Respecto a los instrumentos utilizados, Yellen ha explicado que la decisión es de mantener los tipos de interés de los fondos federales en niveles excepcionalmente reducidos hasta mediados de 2015. Las medidas cuantitativas serían las primeras en graduarse, dejándose de incrementar la liquidez pero esperando a que la recuperación se haya fortalecido antes de empezar a eliminar la liquidez inyectada. La Reserva Federal definió ya en 2011 los “principios para la salida”.

Con sus palabras, Yellen es la manifestación expresa de lo que debe ser la forward guidance: la declaración concreta de qué nivel de objetivos estamos hablando y de cómo y cuándo se espera que la política monetaria reaccione ante indicadores concretos. Así, cabe esperar que los actores económicos (bancos, individuos, etc) puedan formarse expectativas de las condiciones financieras en los próximos años que ayuden a que las mismas se materialicen, aumentando la eficacia de la política monetaria.

Las palabras claras de Yellen contrastan con otros banqueros centrales, no sólo pasados sino presentes. En concreto, sirva de ejemplo la conferencia de prensa del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, el 9 de enero. Como evaluación de la situación actual se dice que “las presiones de precios se esperan que se mantengan contenidas” o que “los riesgos del panorama económico del área euro continúan a la baja”. Y para enfatizar la firmeza de su forward guidance señala que “reiteran su decisión de actuar como sea necesario”, o que “disponen de diversos instrumentos cuya elección dependerá de lo que ocurra, unos de los cuales son más adecuados para “acontecimientos en los mercados monetarios, mientras que otros son mejores para hacer frente a un empeoramiento en el escenario a medio plazo”. Y que “todos los instrumentos que están permitidos por el Tratado, serían elegibles para su uso por el Consejo de Gobierno (del BCE)”. Nada claro y todo obvio.

Janet Yellen tiene ante sí el reto de guiar la política monetaria en la transición hacia su normalización, analizando los indicadores de fortaleza del empleo y vigilando el riesgo de que se genere un excesivo apetito por el riesgo. Capacidad de juicio no le falta y parece que tampoco la de comunicación.

María Nieves García Santos es economista.

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