Tribuna

La mejor ayuda posible para el emprendedor

En el imaginario común está muy extendida la idea de que el acceso a la financiación es una de las grandes barreras al emprendimiento. Sin embargo, cada vez más organismos públicos y grandes empresas diseñan programas de aceleración y financiación orientados, en especial, a la fase más inicial del desarrollo de nuevas start-ups.

¿Deben las grandes empresas o las administraciones públicas ser los socios financieros de iniciativas con altos niveles de innovación? ¿Es realmente el acceso a la financiación el problema de base del emprendimiento? Para responder a estas preguntas, es necesario dilucidar quiénes son y qué caracteriza a los diferentes agentes que integran el ecosistema. En primer lugar, las grandes corporaciones, cuyo objetivo principal es maximizar el valor para sus accionistas o propietarios. Dichas empresas poseen una baja tolerancia al riesgo y, por lo tanto, dificultades para generar procesos de innovación. Por su lado, las pequeñas y medianas empresas, también con clara orientación al mercado por su condición de proveedor de las grandes corporaciones, tienen mayor tolerancia al riesgo porque pueden apostar por entornos de innovación para mantener ventajas competitivas. Las administraciones públicas responden al objetivo velar por el interés general y la competitividad del entorno económico. No obstante, su gestión se ve condicionada por los ciclos electorales, por lo que en muchas ocasiones tienen una tolerancia baja al riesgo y rehúyen los entornos de innovación.

Tanto en la esfera empresarial como pública destacan los centros de I+D. Sus equipos trabajan en la frontera del conocimiento con el objetivo de generar nuevas iniciativas, aunque en demasiadas ocasiones tienen poca vinculación con el mercado y sus necesidades. Por último, los dos agentes clave que configuran el ecosistema de innovación son, además de los inversores, los propios emprendedores.

Estos últimos ofrecen nuevos modelos de negocio con un alto componente de innovación, y su capacidad de supervivencia reside en la agilidad para redefinir su producto hasta que satisfaga las necesidades de sus potenciales clientes. Son, evidentemente, el agente con mayor grado de tolerancia al riesgo.

Los inversores, por su lado, priorizan aquellos negocios con alto potencial de crecimiento, con el objetivo de vender posteriormente su participación y lograr un mayor retorno a su inversión. Este colectivo no es generador de innovación y suele requerir garantías para sus inversiones.
De la taxonomía descrita, que clasifica a los agentes del ecosistema emprendedor según su grado de tolerancia al riesgo, se identifican tres grupos. Administraciones públicas y grandes corporaciones, con una baja tolerancia al riesgo; pequeñas y medianas empresas e inversores, con una tolerancia al riesgo media, y emprendedores y centros de I+D, con gran tolerancia al riesgo. Dicha clasificación es fundamental ya que la dificultad de acceso a la financiación está directamente vinculada al riesgo: cuanto menor sea, más facilidad de acceso a financiación.
Si la baja tolerancia al riesgo de las administraciones públicas supone un hándicap para su inversión directa, ¿cómo debe fomentar el sector público la financiación de los otros agentes en un entorno caracterizado por la incertidumbre? Garantizando la demanda. Las instituciones públicas deben poner en marcha una reacción en cadena: con un compromiso de compra pública de productos y/o servicios de innovación, las grandes corporaciones requerirán que sus proveedores innoven sus portfolios para dar respuesta a las necesidades de las administraciones. Por su parte, las pequeñas y medianas empresas, para servir a las grandes corporaciones, fomentarán la innovación internamente, en colaboración con centros de I+D y a través del análisis de las ideas del sector emprendedor. Por último, los inversores tendrán un riesgo menor ya que una parte de su sus inversiones están garantizadas por el compromiso de compra del sector público. Como garante de los intereses colectivos, el sector público debe dar respuesta a grandes retos sociales de este siglo como el impulso del emprendimiento, fundamental para el desarrollo económico y social. Las corporaciones deben invertir en las soluciones necesarias para dar respuesta a este reto. Así, el compromiso público-privado en relación a megaproyectos de alto impacto debe ser el vehículo para garantizar la demanda. Este modelo de estructuración del riesgo ha probado su éxito en casos como la carrera espacial impulsada por EE UU o el diseño y construcción del mega-jumbo de Airbus A-380 por parte de consorcios europeos público-privados.

Aleix Valls es director de Emprendimiento e Innovación de Mobile World Capital Barcelona

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