Editorial

Algo se mueve en el mercado de trabajo

El mercado de trabajo comienza a reaccionar inducido por el modesto crecimiento de la economía en los últimos meses. Aunque la actividad apenas ha abandonado, y no sabemos si de forma definitiva, la contracción en la que ha estado alojada nueve trimestres estadísticamente hablando y 21 de forma cíclica, el empleo acumula ya dos trimestres consecutivos de avance, aunque en proporciones ciertamente modestas y en niveles de calidad manifiestamente mejorables. Unas simples cifras revelan que algo ha cambiado y lo ha hecho de forma muy importante: hace ahora un año el empleo se destruía a tasas interanuales del 4,6%, mientras ahora lo hace a tasas de poco más del 2%; hace ahora un año el desempleo avanzaba a ritmos del 16%, mientras hoy lo hace a tasas de solo el 2,2%. Hace un año España se encaminaba hacia los seis millones de parados, superados en los primeros meses de 2013, y ahora se aleja con cierta solvencia de los seis millones, y se sitúa en 5,9 millones. Algo se mueve, por tanto, en el mercado de trabajo cuando la economía ha marcado ya un trimestre de avance, aunque solo sea del 0,1%.

Como en todos los procesos de salida de una larga y severa crisis, los primeros pasos del mercado laboral son poco firmes: poca ocupación y de deficiente calidad. Ahora no es diferente: todo el empleo se concentró en el tercer trimestre del ejercicio en las actividades turísticas, y, por tanto, era temporal, aunque ha aliviado notablemente a los colectivos más jóvenes, los más castigados por el desempleo. Y por lo que respecta al desempleo, que siempre es un saldo entre variación de activos y variación de ocupados, descendió por el goteo declinante del número de activos, que sigue concentrado sobre todo en los extranjeros, mientras repunta entre los nativos. Los próximos trimestres, de confirmarse la recomposición lenta del empleo, podría frenarse el descenso de los activos (en el último año mil personas abandonaron el mercado de trabajo por emigración o desánimo).

Además, como el ajuste en el sector público, iniciado más tarde, no ha culminado, todo el empleo se ha concentrado ahora en el sector privado, lo que puede considerarse también un detalle de recuperación, puesto que es el sector privado, y nunca el público, el que debe recomponer el tipo. El público, en condiciones normales, proseguirá un lento ajuste y nunca debería volver a crecer de forma apreciable, puesto que el rigor fiscal será el norte de la gestión pública, tanto en el Estado como en las comunidades autónomas.

Si la variable ocupación ha comenzado a moverse, es porque tanto las señales enviadas por la política económica como las medidas concretas aplicadas han dado sus frutos. La reforma laboral ha sido el mejor instrumento en manos de las empresas y los comités de trabajadores para adaptar los salarios a la realidad de cada centro de trabajo, con innegables descensos en las remuneraciones, lo que ha servido para frenar la sangría de puestos de trabajo y, desde ahora, para generar nueva ocupación. Con el resto de las reformas llevadas a cabo por el Gobierno, si se ciñe a su ruta fiscal y el BCE sigue dando oxígeno a la banca para que recomponga el crédito, en los próximos meses puede recuperarse la senda alcista del empleo. Nunca será suficiente para absorber el daño de la crisis, pero bien pudiera producirse una pequeña explosión de ocupación en los próximos trimestres, siempre que la economía acerque su crecimiento al 1%, dado que las empresas tienen muy ajustadas sus plantillas y el factor trabajo es hoy mucho más barato que antes. La devaluación interna ha hecho su trabajo y costes y precisos declinan poco a poco.

Pero este nuevo modelo de producción y de empleo tiene sus riesgos. Será censurado desde el principio por haber consagrado una indudable pérdida de calidad. Pero aunque lentamente esa percepción sea sustituida por considerarlo mejor que nada, mejor que el desempleo, habrá que hacerse preguntas tales como de dónde saca España los recursos para recomponer un estado del bienestar como al que la gente está acostumbrada. Habrá que rearmar el aparato productivo para que genere más productividad, sin la cual no se podrán financiar las pensiones y difícilmente desplazaremos una economía que camina en todos los niveles de renta hacia algo cercano, o al menos parecido, al low cost.

 

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