Editorial

Un esfuerzo que compete a todos

La caída de los costes salariales en España ha pasado de ser una necesidad a convertirse poco a poco en una patente y contrastable realidad. Estudios retributivos como el elaborado por la consultora especializada Towers Watson –que asegura que los trabajadores de categoría básica que fueron contratados en 2013 ganan un 15% menos de media que sus compañeros– demuestran que la crisis ha cambiado sustancialmente las condiciones de contratación en el mercado laboral de nuestro país. La media de rebaja salarial que revela el informe es de un 5%, aunque con diferencias según sea la categoría del personal afectado. Mientras la alta dirección ha sufrido una rebaja del 3%, en los empleados más cualificados esta ha sido del 2% y en los mandos intermedios –la excepción en un panorama claramente a la baja– las retribuciones suben un 8%. Ello se explica porque las empresas están optando por subir el sueldo a un reducido número de personas, consideradas claves para la buena marcha de la compañía.

Más allá de esa excepción, la tónica general es que la crisis no solo ha provocado una rebaja en las retribuciones de las plantillas, sino que ha elevado la parte variable de salario en el personal de alta dirección y ha endurecido la política de acceso a los bonus, un extremo que en los últimos años algunas empresas habían relajado en exceso.

Pese a que la rebaja de los salarios se ha ido extendiendo como una mancha de aceite sobre el tejido empresarial, algunos sectores se resisten a afrontar la idea de que la supervivencia en el mercado y la mejora de la competitividad exigen un recorte de todos los costes, incluidos los salariales. Desde la patronal CEOE se alude hasta a cuatro sectores en los que los sueldos han evolucionado al alza, en algún caso con casi un 10% más de retribución. Es cierto que la política retributiva no es la única partida de costes que las empresas deben reducir, pero la severa dieta que ha impuesto la crisis pasa sin duda por ese extremo. Como exige, además, una notable rebaja en los precios de bienes y servicios que muchas empresas todavía se resisten a aceptar, pero que redundaría en una mejora mayor y más rápida de la competitividad española.

Lo mismo se puede decir del saneamiento de las cuentas públicas en una jornada en la que se inicia el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2014. Pese a los signos de mejora en la economía, España tiene que seguir adelante con una política de ajuste fiscal que ejerza de contrapeso al rápido crecimiento de la deuda pública, que alcanza ya el 92% del PIB y que, según las previsiones del Gobierno, superará el umbral del 100% en 2015. La dura tarea de sacar a España de la crisis implica no solo encarrilar, sino hacer sostenible el crecimiento. Una tarea que compete a todos y exige un sacrificio por parte de todos.

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