Unos 1.000 empleados se han apuntado ya al plan de prejubilaciones
Fachada de una de las principales oficinas de Banco Santander en Madrid
Fachada de una de las principales oficinas de Banco Santander en Madrid

Santander da un giro a su estrategia con la creación de ‘megaoficinas’

Analiza el cierre de unas 1.200 sucursales en vez de las 700 anunciadas tras la fusión de Santander y Banesto

Santander no solo ha cambiado gran parte de su cúpula tras el nombramiento de Javier Marín como consejero delegado. También ha modificado su estructura, con la creación de una nueva división de banca comercial, que tiene ámbito corporativo y está encabezada por Javier San Félix. Además, se ha constituido Santander España, dirigida por Enrique García Candelas. Estas modificaciones han derivado ahora en un nuevo modelo de hacer banca.

El primer paso de este giro, derivado de la caída del negocio bancario por la negativa coyuntura económica por la que atraviesa España, ha sido la fusión de las redes de Santander y Banesto. A este proceso le sigue el diseño de un nuevo modelo de oficina que provocará un cambio en la forma de atender al cliente.

Es un giro sobre la estrategia seguida en los últimos años por el gigante bancario. El banco planea transformar sus actuales sucursales, con una media de cinco a seis empleados, en oficinas mucho más grandes y con un número bastante mayor de empleados, explican fuentes del banco. El objetivo final es mejorar la rentabilidad de la red y la atención al cliente, añaden las mismas fuentes, razón por la que se crearán estas megaoficinas. A ellas, se incorporarán más empleados que estarán especializados en distintos segmentos del negocio, lo que permitirá, según fuentes del banco, una mejor atención.

El banco, además, pretende potenciar los canales alternativos para atender a sus clientes. Todo ello, irá acompañado de un impulso comercial, con una segmentación también mayor de productos.

Este nuevo modelo de oficina llevará consigo una reducción del número de sucursales, aún sin determinar. Varias fuentes, sin embargo, afirman que el número podría acercarse a las 500 como tope, lo que supondría dar el cerrojazo a unas 1.200 sucursales si se suman los 700 cierres ya anunciados. El banco no confirma esta cifra, e insiste en que el diseño de la nueva red no se ha concretado aún, por lo que tampoco se ha elaborado el plan de cierres.

Este nuevo proyecto de cambio de modelo y ajuste de oficinas se va a llevar a cabo de forma paralela al proceso de reestructuración en el que está inmerso en estos momentos el banco en España con motivo de la fusión de las redes de Santander, Banesto y Banif. Esta operación, que se produce en el marco de la reestructuración del sector financiero, supondrá el cierre de 700 sucursales. Las futuras clausuras serán, por tanto, adicionales a las que se están produciendo por la integración de las tres marcas con las que operaba el grupo en España.

El ajuste de la red derivado del proceso de fusión se inició en agosto con el cierre de nueve sucursales, pero el pistoletazo de salida oficial se produjo el pasado 23 de septiembre con el cierre casi simultáneo de 25 sucursales en el País Vasco, Aragón, La Rioja y Navarra. Una vez chequeado el correcto traspaso del negocio y clientes de unas oficinas a otras, y que el sistema informático respondió, el banco ha decidido volver a acelerar los cierres.

El objetivo es acabar este plan de cierres de 700 oficinas antes de finales de 2014, lo que significa acelerar el proceso en un año según los planes iniciales. De hecho, fuentes de la entidad aseguran que este proceso podría incluso cerrarse en el primer semestre.

De momento, tras el éxito de los cierres producidos el pasado 23 de septiembre, en el que no se han detectado incidentes en la operativa de la red, el banco realizará la segunda tanda de clausuras el próximo 8 de noviembre. En esa fecha se cerrarán más de un centenar de agencias en otras nueve comunidades autónomas.

El grueso de clausuras, no obstante, se realizará a partir del 22 de noviembre. En esa fecha se procederá a cerrar en las autonomías más importantes y con la red más tupida como son Madrid, Cataluña, Andalucía y Valencia.

Cuando el grupo anunció la pasada primavera la unión de las tres fichas bancarias en España explicó que el objetivo final era operar en el país con una red de 4.000 oficinas. Este número, sin embargo, será menor al sumarse ahora los posibles nuevos cierres que llevará consigo el cambio de modelo.

El proceso de fusión de Santander y Banesto llevaba consigo un ajuste de la plantilla a través de bajas incentivadas y prejubilaciones. De momento, el plan de prejubilaciones cuenta ya con unos 1.000 trabajadores apuntados, según explican fuentes sindicales. El plan de bajas voluntarias se cerró en junio con 290 salidas.

En el primer semestre el grupo obtuvo un beneficio atribuido en España –sin tener en cuenta los saneamientos por los activos inmobiliarios ni el resultado de su filial de consumo Santander Consumer– de 294 millones de euros. Marín anunció el 25 de septiembre que el banco puede generar en España un beneficio antes de impuestos de 3.000 millones hasta 2016 por las menores provisiones, ahorro de costes, mejora de los márgenes y por las sinergias provenientes de la fusión de Santander, Banesto y Banif.

 

Un cambio radical en su modelo de hacer negocio

Tradicionalmente Santander ha defendido una estrategia comercial amparada en una tupida red de pequeñas oficinas. Consideraba que contar con la red más extensa de sucursales del mundo le permitía controlar mejor el mercado y responder de una forma más rápida a cualquier iniciativa comercial. El propio presidente del grupo, Emilio Botín, reconoció hace unos años que fue un error haber cerrado miles de sucursales de Banesto. Pero también como acostumbra a decir “cada día tiene su afán”. Y sino solo hay que recordar la desaparición de Banesto, marca que hasta que se inició la crisis fue calificada por Botín como la joya de la corona del grupo.

Así, de la famosa capilaridad de oficinas defendida por el grupo se pasa ahora a las megaoficinas, tendencia a la que parece que se han apuntado la mayor parte de la gran banca española, y que lleva años operando en la banca extranjera. Este giro, además, llega en un momento en el que Santander analiza la posible compra de Novagalicia o de Catalunya Banc, ambas entidades en proceso de subasta.

Santander también protagonizó esta misma semana, el lunes, otro histórico cambio para el grupo. Firmó un acuerdo estratégico con El Corte Inglés por el que adquiría el 51% de la financiera del gigante de la distribución. Esta operación representa la primera compra del sector financiero abordada por el grupo en España en los últimos 14 años.

Javier Marín ya subrayó hace unas semanas la necesidad de adaptarse “al nuevo mundo” aprovechando las ventajas de un grupo de economías de escala.

Normas
Entra en El País para participar