Tribuna

Los criterios extra-financieros al invertir

Los inversores, sobre todo los de renta variable, están familiarizados con los ratios financieros como los beneficios por acción o la rentabilidad por dividendo. Pero ¿qué hay de los criterios extra-financieros? Estos no son tenidos en cuenta en los balances de las compañías y en los informes de resultados. Cuando se presentan se encuentran en los apéndices del balance o en el informe extra-financiero, menos conocido entre los inversores de renta variable, analistas y gestores, pero no menos interesante, ya que la comunidad financiera adopta una visión global de cada compañía, integrada en un complejo contexto fuertemente interconectado.

Los criterios extra-financieros son bastante intangibles y es difícil medirlos de manera objetiva. Aunque el análisis financiero ha existido durante más de 100 años, el enfoque extra-financiero es mucho más reciente. Las autoridades de control no han adquirido todavía el conocimiento suficiente para validar las consideraciones extra-financieras con la misma garantía que los balances y las cuentas de pérdidas y ganancias. Se necesita tiempo para el entrenamiento y desarrollo de las normas y estándares en esta materia. Los medios nos recuerdan constantemente que vivimos en una economía global donde no es posible singularizar un elemento específico. Poniendo a una compañía en un contexto global tiene sentido establecer un análisis cualitativo y fundamental de su valor y potencial. Los agentes económicos necesitan hacer frente a los retos macroeconómicos y necesitarán abordarlos para sobrevivir. Las compañías más proactivas en este aspecto tendrán una ventaja competitiva clara que se manifestará tarde o temprano en su rentabilidad financiera. El objetivo de integrar los criterios extra-financieros en un proceso de inversión está ligado a una ventaja competitiva que resulta en una rentabilidad financiera mayor.

Por esto la integración estos criterios está centrada principalmente en aspectos materiales, que lo más probable es que tengan repercusión en la rentabilidad de una compañía en el medio y largo plazo. Este aspecto es también un desafío para la integración de los criterios extra-financieros en un proceso de inversión. A menudo ciertos aspectos ligados a los criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo no tienen ningún impacto, al menos no inmediato, en el precio de las acciones de una compañía. Aquí es donde entra el desafío de conciliar los dos marcos temporales: la búsqueda de rentabilidad de los inversores a corto plazo, y la materialidad de los desafíos ESG (sociales, medioambientales y de gobierno corporativo) que está más orientada hacia el medio y largo plazo. Un inversor puede verse atraído por un beneficio rápido que es poco probable que sea sostenible. Otros inversores necesitan afrontar objetivos de rentabilidad que son normalmente a corto plazo, y que implican un comportamiento no sostenible y dañino que desvirtúa la rentabilidad de las inversiones a largo plazo.

Para mejorar la calidad del análisis de una compañía, los criterios extra-financieros deberían hacer posible la discriminación entre los diferentes agentes implicados. La integración de criterios extra-financieros tiene por tanto sus limitaciones. Ante todo, el acceso a la información. Aunque hay muchos proveedores de datos extra-financieros, hay un fuerte sesgo hacia las compañías de gran capitalización, mejor situadas para comportarse bien en estos términos. Tienden a tener más recursos y no dudarán en poner los medios para mostrar su mejor perfil. Además, dado el volumen de trabajo que este tipo de requerimiento exige, las empresas de mayor capitalización destacan por la cantidad y calidad de la información. La falta de información sobre las de menor capitalización puede ser consideradas como falta de transparencia y ser penalizadas por las agencias de rating. Aunque los desafíos de integrar criterios extra-financieros en un proceso de inversión son muchos, su valor añadido se hará más visible con el tiempo. Todos los agentes económicos se encuentran en una fase de transición en la que las repercusiones de los modelos desarrollados hasta ahora están siendo cuestionadas para construir las finanzas del mañana. Los fundamentales de las compañías deberían tenerse de nuevo en consideración, en vez de limitarse a puros aspectos financieros. Deberíamos tener una visión global y a largo plazo para garantizar la sostenibilidad de estas “nuevas finanzas”, que se caracterizarán por una mayor estabilidad tanto a nivel micro como a nivel macroeconómico.

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