Stephen Elop
Stephen Elop
Stephen Elop

Entre dos reyes destronados

 Su nombre se había convertido en uno de los habituales en la lista de posibles sustitutos del actual consejero delegado de Microsoft, Steve Ballmer, que anunció en el mes de agosto que abandonaría su puesto en el plazo de un año. Pero Stephen Elop (Ontario, Canadá, 1963) se ha colocado definitivamente en cabeza en las quinielas al hacerse pública esta semana la operación por la que el gigante estadounidense del software se ha hecho con la división de dispositivos y servicios de la firma Nokia por 5.400 millones de euros.

Lo que de momento es seguro es que el directivo, hasta ahora consejero delegado de Nokia, ocupará el puesto de vicepresidente ejecutivo de la división adquirida por Microsoft, de modo que volverá a la compañía para la que ya trabajó entre 2008 y 2010. Según ha reconocido a los medios el todavía dirigente de la empresa creada por Bill Gates, Elop es candidato a hacerse con su puesto, aunque ha asegurado que lo único que ha cambiado con esta reciente adquisición es que su posible sustituto ha dejado de ser alguien externo (característica que hasta hace unos días parecía ser la única que restaba puntos al canadiense).

Stephen Elop cursó ingeniería informática y gestión en la universidad de McMaster, en su país natal. Allí quedó patente su interés por las nuevas tecnologías ya que, además de obtener unas excelentes calificaciones en sus estudios, se involucró en otras actividades. Ayudó, por ejemplo, a realizar el tendido de un cable en el campus que se convirtió en una de las primeras redes de internet de Canadá. Parece que esta afición por la tecnología se la inculcó su abuelo, aficionado a la radiotelefonía.

Pese a su gusto por la informática, su carrera profesional se encaminó pronto hacia los despachos. Ha pasado por puestos de responsabilidad en compañías como Juniper Networks, Macromedia y Adobe. Además, en sus dos años en Microsoft fue el encargado de la división de negocios, por lo que estuvo a cargo del producto estrella de la empresa –Office–.

Su nuevo equipo se sorprendió al encontrarse con una personalidad y un estilo muy distintos a los de sus anteriores dirigentes

Después se incorporó a Nokia, donde se convirtió en el primer consejero delegado de origen no finlandés. En él depositó la compañía europea sus esperanzas de recuperar el liderazgo en el sector de la telefonía móvil, un puesto que el fabricante había ostentado durante años, hasta la irrupción de los smartphones en el mercado.

A su nuevo equipo le sorprendió encontrarse con una personalidad y un estilo muy distintos a los de sus anteriores dirigentes. Elop es conocido por ser un gran comunicador, cercano y sencillo, pero sobre todo sincero. Muestra de su sinceridad es la carta que envió al personal de la empresa en febrero de 2011 advirtiendo de los problemas por los que atravesaban (describió Nokia como una “plataforma petrolífera en llamas”).

Su mandato arrancó con una serie de decisiones complicadas: recorte de empleos, reducción del departamento de investigación y desarrollo y el cierre de la última factoría que le quedaba a la empresa en Finlandia. Además, tomó otras medidas como desechar el sistema operativo propio de Nokia (Symbian), dada la ventaja que ya tenían sobre él los productos de sus mayores competidores, Apple y Google.

Propició entonces la adopción del sistema operativo Windows Phone, de Microsoft, para los nuevos teléfonos inteligentes de la empresa. Las negociaciones entre ambas compañías se fueron extendiendo a otros ámbitos, lo que ha obligado a Elop a vivir a caballo entre Helsinki y Seattle –donde el gigante del software tiene su sede–. A causa de esta estrecha relación, que finalmente ha desembocado en la adquisición, le han perseguido los comentarios que lo tachan de haber ejercido de caballo de Troya.

Sea como fuere, ahora el directivo tendrá que encargarse de llevar a buen puerto la integración de la división de dispositivos en Microsoft. Esta empresa ha vivido una situación paralela a la de Nokia, ya que también ha cedido en los últimos tiempos su papel dominante en el mercado ante la pérdida de terreno de los ordenadores convencionales en favor de las tabletas y los teléfonos inteligentes. Quién sabe si la conjunción de estos dos gigantes venidos a menos les permita escalar de nuevo posiciones.

Para distraerse de las tensiones que su cargo implica, el canadiense se refugia en su familia. Casado y padre de cinco hijos, cuatro niñas y un niño, le gusta practicar deporte con ellos, especialmente el hockey sobre hielo. Elop habla en sus perfiles en las redes sociales de su gusto, como buen representante de su país, por esta disciplina que su hijo practicó en la universidad. También una de sus hijas jugó como portera en el equipo del colegio. A su llegada a Finlandia, el directivo descubrió la forma de practicar el hockey en este país y llegó a confesar que en los próximos juegos olímpicos de invierno tendría el corazón dividido entre su selección nacional y la del país europeo que se ha convertido en su hogar desde hace unos años.

Igual que su afición por este deporte, su trabajo lo deja ahora con un pie a cada lado del Atlántico. Puede que esta situación todavía se prolongue o que, como se empeñan en señalar las casas de apuestas, se establezca más pronto que tarde, y de manera definitiva, en Seattle.

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