No se espera pánico en los mercados
Burbujas financieras

Burbujas financieras

En los últimos meses la complacencia se ha adueñado de los mercados financieros con una subida generalizada de los activos de riesgo. La mejora de algunos datos en Europa y Estados Unidos ha supuesto redoblar el optimismo en la comunidad de inversores profesionales. En el caso europeo y español dicha mejora parece haber supuesto incluso una salida de la recesión o contracción de la actividad económica que ha venido atenazando a la región durante los últimos trimestres. En el caso norteamericano supondría dejar atrás un periodo de varios trimestres de crecimiento casi nulo y en los emergentes una recuperación tras un bache cíclico.

Así, según este mayoritario bando el escenario que se abre para los próximos meses no podría ser más positivo. Dentro del mismo bando algunos apuntan incluso a que tras las elecciones alemanas el Banco Central Europeo iniciará una política de expansión cuantitativa al uso de la Reserva Federal norteamericana (y más recientemente del Banco Central de Japón) que se traducirá entre otras cosas en un verdadero “subidón” de las bolsas europeas.

Sin embargo, como siempre a la hora de juzgar el desempeño económico y de los mercados financieros, existe un pequeño sector (cada vez más minoritario) que defiende una posición muy alejada de la arriba expuesta. De hecho, como corresponde al actual periodo de gran incertidumbre, tras la mayor crisis financiera global de la historia moderna, en este otro bando se sitúan aquellos que ven catástrofe en el horizonte. Básicamente anticipan catástrofe porque, más allá de pequeñas mejoras puntuales, opinan que los grandes desequilibrios de la economía real no se han atacado y al mismo tiempo se ha venido creando lo que pudiera ser una de las mayores burbujas de la historia en los activos financieros de riesgo… léase renta variable y deuda corporativa y deuda con riesgo en general (emergentes, países periféricos, etc.).

Bastantes de ellos razonan con buen criterio que la extraordinaria política monetaria expansiva, tras más de tres años, no parece haber tenido un claro efecto positivo en la economía real. Por tanto, las subidas de los activos financieros de riesgo se explicarían por la masiva inundación de liquidez ya que los inversores, ante unas rentabilidades cercanas a cero para los activos seguros, no tienen otra opción más que invertir esa liquidez en deuda con cupones (y riesgos) altos y en renta variable con dividendos. De este modo, las subidas se retroalimentarían hasta alcanzar unos niveles de elevada sobrevaloración. De hecho, algunos miembros de la propia Reserva Federal han venido expresando su preocupación en este sentido, hablando incluso abiertamente de formación de burbujas en algunos activos concretos como los bonos corporativos estadounidenses de alto rendimiento.

Entonces se preguntarán los lectores, cómo pueden ser las posiciones tan diametralmente opuestas y… sobre todo ¿cuál de los dos bandos está realizando una lectura correcta de la situación? La respuesta es que probablemente ninguno de los dos y el futuro cercano nos depare algo a medio camino de ambas.

El razonamiento detrás de esta visión es que efectivamente, como apuntan el bando de los “catastrofistas”, los desequilibrios y problemas sin resolver en la economía real siguen siendo numerosos e importantes. Al mismo tiempo las sobrevaloraciones en algunos activos de riesgo claves son bastante evidentes. Por ejemplo, en la bolsa norteamericana las alzas del último año se han debido simplemente a una expansión de los múltiplos ya que los beneficios empresariales se han venido desacelerando hasta su práctica negatividad. El resultado es que no uno (PER normalizado de Schiller es un clásico) sino básicamente todos los principales ratios de valoración indican ya una evidente carestía. Cuando esto se produce difícilmente se puede evitar una corrección de mayor o menor calibre.

¿Por qué no entonces pánico en los mercados y muy severas y prolongadas caídas como las experimentadas al calor de las dos últimas recesiones (2007-2009 y 2000-2002)? Las razones podrían ser varias. La primera es que aunque existe sobrevaloración se puede defender que esta no es tan excesiva como lo eran en el año 2000 y en el año 2007. La segunda es que no se pueden descartar los riesgos sistémicos pero, contrariamente al 2007, en buena medida las cartas están a la vista sobre las mesa. Es decir, sabemos cuáles son los problemas que aquejan a las economías y “sólo” existen discrepancias en cuanto a cuáles son las mejores medidas para solventarlos o aliviarlos. La tercera es que precisamente las mismas autoridades monetarias que se han embarcado en una política de expansión monetaria sin precedentes y están distorsionando el normal funcionamiento de los mercados saben de la importancia vital de mantener la estabilidad, por lo que sus movimientos serán muy meditados y acomodaticios ante un potencial desplome de los activos de riesgo. Por último, la desaceleración económica global ha venido siendo un hecho los últimos trimestres pero los indicadores apuntan que podríamos estar disfrutando de un alto o pequeño repunte positivo como defienden los optimistas. Estos indicadores apuntan también a que desgraciadamente la desaceleración tras este mini respiro puede continuar pero no señalan recesiones profundas como la vivida durante la última Gran Recesión.

En terreno desconocido

La expresión anglosajona uncharted waters(que se traduce al español como “aguas inexploradas”) se utiliza a veces en el mundo financiero cuando los inversores quieren referirse a situaciones que son desconocidas o que nunca han sido exploradas anteriormente.

La situación actual por la que los principales Bancos Centrales de todo el mundo están inundando de liquidez los mercados mediante políticas monetarias ultra expansivas no se había producido nunca en la historia por lo que nos estaríamos moviendo en “aguas inexploradas”.

Este es uno de los elementos más perturbadores y la razón por la que nadie sabe realmente qué efectos dicha política puede tener. Una razón más para mantenerse conservador y no buscar rentabilidades en estos momentos.

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