Viajes

El placer de viajar para perderse

Tranquilidad, gastronomía, belleza, sosiego... Asturias

Cudillero y Tazones, dos pueblos pesqueros de visita obligada

Cudillero
Cudillero

Si ciertos lugares son únicos por sus paisajes, su historia, su gastronomía o sus gentes, Asturias lo es por la suma de todas estas características. Un sinfín de verdes montañas y prados; de recónditas playas y de pueblos escondidos invitan al viajero a perderse para olvidarse de todo. Ya lo dijo el conocido cineasta Woody Allen: “Si tuviera que escapar a algún lugar y esconderme del mundo, elegiría Asturias”. Es imposible nombrar en una página todos los rincones que merecen ser visitados. Aquí proponemos unos pocos que quizá despierten su curiosidad y hagan que se enamore de esta tierra especial.

 Asturias es de todo salvo convencional, y con ella, sus playas. Algunas de ellas, como la de Vega –en las cercanías de Ribadesella– o la de Rodiles (Villaviciosa), ofrecen largas extensiones de arena entre el bosque y el mar, perfectas para disfrutar de un silencio tan solo roto por el oleaje y el viento del norte. Otras playas de visita obligada son las de Gulpiyuri (entre Llanes y Ribadesella) y la del Silencio (Cudillero), diferentes, únicas y perfectas para deleitarse simplemente con la vista, si el día no acompaña.

Playa del Silencio.
Playa del Silencio.

Son muchos los pueblos esparcidos por la geografía asturiana que guardan rincones extraordinarios y dignos de descubrir. Sin alejarnos de la costa, podemos llegar a villas como Cudillero y Luarca –en la comarca vaqueira– o Tazones –comarca de la sidra–. Nacidos de la actividad pesquera, caen en forma de suave pendiente hacia el mar, en el que se reflejan sus coloridas casas, como si de un espejo se tratara. Cualquiera de sus chigres, restaurantes y sidrerías son ideales para saborear los mejores productos del Cantábrico. En Luarca hallamos uno de los mejores restaurantes de la zona, Casa Consuelo, en la cercana Otur, especializado en la cocina tradicional de la región.

Lujo entre valles y montañas

Un impresionante monasterio del siglo XI aloja el nuevo Parador de Corias, en Cangas de Narcea, en el boscoso suroccidente de Asturias y cerca de la Reserva de la Biosfera de Muniellos. Inaugurado el pasado 15 de julio, ha cumplido un mes con el cartel de completo. Con 40 habitaciones y tres suites disponibles por ahora, está equipado con confortables habitaciones, agradables jardines y un spa, permite a los ocupantes disfrutar tanto de sus servicios como del bello entorno y del cada vez más renombrado vino de Cangas.

Tierra adentro, podemos disfrutar de los lagos de Covadonga, los Picos de Europa, el Parque Natural de Somiedo o la vegetación y artesanía de Taramundi, que no dejarán a nadie indiferente. Los frondosos bosques del concejo de Cangas de Narcea bañados por el río que le da nombre también son dignos de ser visitados.

Pero Asturias ofrece mucho más. Es más que aconsejable descubrir concejos como el de Piloña –con pueblos tan especiales como Espinaréu– o el de Parres, atravesado por el río Sella y con restaurantes como El Corral del Indiano y Casa Marcial, ambos en las inmediaciones de Arriondas y con una y dos estrellas Michelin, respectivamente.

Las urbes asturianas también merecen ser visitadas. Una buena idea es empezar en el paseo marítimo de Gijón, para terminar en la mítica heladería Federico Verdú y disfrutar del casco viejo de la ciudad. Perderse por Oviedo es fácil. Adentrándose por las calles antiguas, el visitante podrá conocer y experimentar la esencia de la vetusta localidad. Paradas recomendadas son la pastelería Camilo de Blas y el Mercado del Fontán.

La ciudad de Avilés también merece unas horas de su tiempo. Y con ella, otros lugares de sobra ya conocidos pero igualmente bellos: Lastres, Cangas de Onís, Llanes o Ribadesella. Este último, como en toda la región, es uno de esos sitios en los que la fina lluvia, el orbayu, no molesta al caminar, sino que acompaña.

Guía para el viajero

Playa de Vega
Playa de Vega

Dónde dormir. El hotel Habana, a tres km de Llanes, es un lugar idóneo para los amantes de la montaña y el mar.

El Palacio de Cutre, en el concejo de Piloña, permitirá al viajero descansar a la vez que vivir la naturaleza de la zona, dar agradables paseos, descender el Sella en canoa o gozar de un viaje en un globo aerostático que sale del propio hotel.

A 200 metros de la costa, el hotel Villa de Luarca permite al visitante disfrutar tanto de la playa como de la vida de este agradable pueblo pesquero.

Dónde comer. Además de todos los ya citados, son de parada obligatoria el restaurante Güeyu Mar –especializado en pescado a la plancha y desde el que se disfruta de las maravillosas vistas de la playa de Vega– y Regueiro –cerca de Puerto de Vega y especializado en la cocina típica asturiana de la mano del chef Diego Fernández–.

No se puede abandonar Asturias sin deleitarse con sus quesos (clara mención al Gamoneu y al Cabrales), refrescarse con la sidra y probar los kiwis de la tierra.

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