Tribuna

Garantías para la continuidad

Toda andadura empresarial implica la apuesta decidida del emprendedor por acometer una actividad económica que conduzca al logro de unos objetivos predeterminados, de suerte que la visión de aquél ha de estar presidida por el optimismo innato que permita superar los obstáculos que, a buen seguro, encontrará en su camino.

Ahora bien, la labor del asesor del emprendedor en materia legal debe poner de manifiesto los diferentes riesgos a los que se expondrá la futura empresa, no con el ánimo de disuadir al emprendedor de su actividad, sino todo lo contrario, esto es, con el objetivo de gestionar tales riesgos y evitar que su eventual concreción puedan frustrar la actividad empresarial.

En este sentido, son habituales ciertos errores de planificación en las empresas que terminan por conducir al mismo final: el cierre definitivo de la empresa. Por ello, en aras a evitar la frustración de la actividad económica iniciada por el emprendedor, resulta aconsejable adoptar ciertas medidas preventivas en origen.

Una primera medida consiste en identificar correctamente los riesgos inherentes a la actividad que se pretende emprender, de forma que pueda planificarse una estructura societaria óptima que canalice tales riesgos. Así, no resulta aconsejable que la actividad empresarial se identifique en su integridad con una única sociedad de capital (sociedad anónima o sociedad de responsabilidad limitada), dado que ello supone concentrar en la misma sociedad el devenir futuro de las distintas actividades que vaya a desarrollar.

A modo de ejemplo, si una empresa pretende fabricar un producto concreto y distribuirlo en los puntos de venta de sus clientes, una actividad económica será la producción del producto, mientras que la distribución constituirá una actividad independiente, resultando aconsejable que ambas actividades se encuentren diferenciadas en sociedades mercantiles distintas, vinculadas entre sí por la misma participación societaria.

Esto es así porque puede ocurrir, en la práctica, que la empresa se vea obligada a prescindir, por cualquier motivo, de la actividad de distribución y pretenda subcontratar este servicio a un tercero, o bien que se asuma directamente por el cliente. En este proceso de reordenación de la actividad, la previsión de haber constituido en origen una sociedad independiente para su explotación permitirá que la sociedad de fabricación no se vea lastrada por el cierre de la actividad de distribución.

En otros casos, la diversificación del riesgo se identifica con la exposición por la empresa a una eventual morosidad por parte de sus clientes, de forma que una excesiva exposición a un grupo reducido de clientes puede conllevar el cierre empresarial en caso de impago de un importe significativo de la facturación.

Para este tipo de supuestos es aconsejable constituir sociedades filiales de venta que canalicen el riesgo de impago del cliente o grupo de clientes, cuya eventual morosidad podría causar un grave perjuicio para la empresa en su conjunto. De esta forma, dicha filial asumiría todos los medios de producción inherentes al propio cliente o grupo de clientes, a salvo de aquellos que resultasen indelegables por parte de la matriz por disponer ésta de las instalaciones y maquinaria necesarias.

Con ello se logra garantizar la continuidad de la empresa a través de su matriz, a pesar del riesgo de impago de un cliente o grupo de clientes relevantes, al verse únicamente afectada por el mismo la sociedad filial.

Por último, cabe citar como error habitual en el inicio y desarrollo de cualquier actividad empresarial la escasa utilización de los mecanismos que prevé nuestra normativa para la flexibilización del coste laboral y su adecuación al volumen de facturación.

Así, muchas de las dificultades que ponen en riesgo la continuidad de las empresas suelen venir acompañadas por un sobrecoste laboral asociado a su consideración como coste fijo en la cuenta de resultados, de forma que una caída en las ventas no se ve acompasado por una reducción proporcional en la estructura de costes de las empresas. Para ello, la utilización de retribuciones variables a favor de los empleados permite incrementar su retribución cuando la empresa alcanza unos resultados positivos óptimos, mientras que una reducción en la facturación permitirá reconducir de forma proporcional el coste laboral hasta unos niveles adecuados.

Las medidas comentadas a modo de ejemplo ponen de relieve la necesidad de anticiparse a los riesgos futuros de la empresa, adoptando las acciones necesarias para prevenir que éstos puedan conducir, en su caso, al cese definitivo de la actividad empresarial.

Carlos Pavón Neira es socio director de IURE Emprendedores & Busines

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