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El mulá inglés descafeinado

El principal problema con la regulación bancaria en el Reino Unido es la inconsistencia, no el fanatismo. El ministro de Empresa, Vince Cable, que durante mucho tiempo fue el azote de las entidades en el Reino Unido, ahora asegura que las exigencias de capital “talibanes” del Banco de Inglaterra están frenando los préstamos de los bancos. Pero el verdadero problema es que los reguladores no practican lo que predican.

 Los mulás del Banco de Inglaterra, siempre liderados por el ex gobernador Mervyn King, dirían por supuesto que Cable está equivocado. En teoría, se supone que tener más capital reducirá los costes de financiación de las entidades, haciéndolas más seguras, y no debería desalentar los préstamos a causa de un impacto negativo en las ganancias. En la práctica, el subsidio estatal a la deuda de los bancos probablemente haga que sea más barato que una participación.

Si los reguladores del Banco de Inglaterra fueran realmente fundamentalistas, como afirma Cable, obligarían a los bancos a duplicar o triplicar sus ratios de capital. Sortearían las quejas señalando que las escasas reservas de capital protegen a los bonos bancarios y a los dividendos, pero no a los contribuyentes.

El verdadero problema con los reguladores del Banco de Inglaterra es que no practican lo que predican

Así las cosas, los funcionarios del Banco de Inglaterra parecen yihadistas aficionados. Si no lo fueran, no se habría abierto un agujero de capital de 50.000 millones de libras en los balances bancarios, tal y como señaló en noviembre el nuevo Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra, que misteriosamente se redujo hasta el punto de que los bancos ahora apenas tienen que plantear nuevas acciones. Y a Nationwide no se le habrían dado más de dos años para alcanzar un ratio de apalancamiento del 3%.

Estos mensajes contradictorios se deben en parte a que el gobierno del Reino Unido es también contribuyente y socio: quiere vender pronto sus participaciones en Royal Bank of Scotland y en Lloyds, y teme que las exigencias de los reguladores minen su valor.

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