Discursos que han hecho historia

Robert Schuman: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin esfuerzos”

Discurso de propuesta de la creación de la Comunidad Económica del Carbón y Acero (CECA), gérmen de la UE

Fecha: 9 de mayo de 1950

Robert Schuman: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin esfuerzos”

La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas. Francia, defensora desde hace más de veinte años de una Europa unida, ha tenido siempre como objetivo esencial servir a la paz. Europa no se construyó y hubo la guerra.

Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto, sino gracias a realizaciones concretas, que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania.

Con este fin, el Gobierno francés propone actuar de inmediato sobre un punto limitado, pero decisivo.

El Gobierno francés propone que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común, en una organización abierta a los demás países de Europa.

La puesta en común de las producciones de carbón y de acero garantizará inmediatamente la creación de bases comunes de desarrollo económico, primera etapa de la federación europea, y cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas.

La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible. La creación de esa potente unidad de producción, abierta a todos los países que quieran participar en ella, proporcionará a todos los países, a los que agrupe, los elementos fundamentales de la producción industrial en las mismas condiciones y sentará los cimientos reales de su unificación económica.

Dicha producción se ofrecerá a todo el mundo sin distinción ni exclusión, para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz. Europa podrá, con mayores medios, proseguir la realización de una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano. De este modo, se llevará a cabo la fusión de intereses indispensables para la creación de una comunidad económica y se introducirá el fermento de una comunidad más amplia y más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas.

Mediante la puesta en común de las producciones básicas y la creación de una Alta Autoridad de nuevo cuño, cuyas decisiones obligarán a Francia, Alemania y los países que se adhieran, esta propuesta recorrerá la primera etapa hacia una federación europea, que es indispensable para la preservación de la paz."

[…]

La Alta Autoridad común, encargada del funcionamiento de todo el sistema, estará compuesta por personalidades independientes designadas sobre bases paritarias por los Gobiernos, quienes elegirán de común acuerdo un presidente. Las decisiones de la Alta Autoridad serán ejecutivas en Francia, en Alemania y en los demás países adherentes. Se adoptarán las disposiciones adecuadas para garantizar las vías de recurso necesarias contra las decisiones de la Alta Autoridad.

Un representante de las Naciones Unidas ante dicha autoridad se encargará de hacer, dos veces al año, un informe público a la ONU sobre el funcionamiento del nuevo organismo, en particular por lo que se refiere a la salvaguardia de sus fines pacíficos.

La creación de la Alta Autoridad no prejuzga en absoluto el régimen de propiedad de las empresas. En el ejercicio de su misión, la Alta Autoridad común tendrá en cuenta las facultades otorgadas a la autoridad internacional del Ruhr y las obligaciones de todo tipo impuestas a Alemania, mientras éstas subsistan.

Recordando los orígenes del proyecto europeo

Por Eugenio M. Recio, profesor honorario de Esade

De la creación de la Comunidad Económica del Carbón y Acero (CECA), que es el origen de la UE, se pueden sacar importantes lecciones para la gestión de las empresas.

Desde un punto de vista estrictamente empresarial el ampliar el medio físico permite a las empresas disponer de más recursos y, por tanto, escoger los necesarios para la producción en mejores condiciones. En el caso de la CECA, Francia y Alemania podrían explotar los recursos del carbón y acero en los yacimientos que ofrecieran mejores ventajas para las empresas de cada país, lo cual no ocurría cuando los separaban las fronteras nacionales.

La propuesta de este proyecto la hizo el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia Robert Schuman el 9 de mayo de 1950. En una Declaración de Gobierno propuso "que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común". Con la creación de esta Comunidad Económica, lucrativa para las empresas de ambos países, se buscaba, sin embargo, otra finalidad. Por eso en su Declaración el Ministro aclara el objetivo subyacente afirmando que se trata de "recorrer la primera etapa hacia una federación europea, que es indispensable para la preservación de la paz", de modo que "la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada". Pero como "Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto sino gracias a realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho" se recurre al control común de factores de producción importantes para la guerra y para la reconstrucción europea.

En los tiempos de crisis que vivimos, en los que por diversas causas está apareciendo una desafección al proyecto europeo, especialmente por cuestiones económicas, sería muy útil recordar los motivos y estrategias que dieron origen al proyecto europeo.

Las empresas de los 27 países, que integran actualmente la UE, se han podido beneficiar en estos años de las ventajas de un todavía no terminado mercado unitario, que permite disponer de los recursos productivos en mejores condiciones al tener un espacio más amplio para su selección. Y si se siguiera avanzando en el mercado interior esto podría repercutir también favorablemente en la situación del empleo, puesto que hay países comunitarios en los que escasea la oferta de mano de obra en relación con la demanda y otros, como el nuestro, en los que ocurre lo contrario.

Pero esta ventaja económica, como repetidamente recuerda Schuman en su Declaración, debe transcender al terreno político: "la creación de esa potente unidad de producción, abierta a todos los países que quieran participar en ella, proporcionará a todos los países, a los que agrupe, los elementos fundamentales de la producción industrial en las mismas condiciones y sentará los cimientos reales de su unificación económica. Dicha producción se ofrecerá a todo el mundo sin distinción ni exclusión, para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz... de este modo... se introducirá el fermento de una comunidad más amplia y más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas".

Ojalá que el recuerdo de estos primeros pasos de la Comunidad Europea nos haga afrontar la superación de las dificultades presentes con el mismo ánimo con que lo hicieron nuestros predecesores y nos libremos de los nacionalismos populistas internos y de los que desde fuera, una vez más, intentan hundir un proyecto que tanto puede aportar al bienestar global. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo del mes de mayo del 2014, nos ofrecen una gran oportunidad a todos los ciudadanos de contribuir a ello.

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