'Fracking', ¿revolución o burbuja?

Varias empresas de Estados Unidos empiezan a retirarse del negocio por la caída del precio del gas

'Fracking', ¿revolución o burbuja?

La euforia que ha despertado en Europa la posibilidad de subirse al tren del fracking empieza a despertar dudas sobre el alcance de esta supuesta revolución energética que quiere seguir la estela de éxito de Estados Unidos.

El acceso a reservas de gas y petróleo antes inaccesibles, mediante la técnica de la fractura hidráulica –romper la roca inyectando altas dosis de agua, arena y aditivos químicos– ha dado un vuelco al mercado estadounidense, con el precio del gas en mínimos históricos. Tras una década, el gas no convencional aporta en EEUU el 25% del abastecimiento de energía, superando a Rusia como principal productor mundial en un país especialmente inquieto por la dependencia energética.

Más de 2.000 pozos abiertos entre 2000 y 2012 han multiplicado por diez la producción de gas, rebajando la factura “a un 20% del precio que se paga en España”, según el Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas, que ha bendecido el desarrollo de esta técnica en España.

El ministro de Industria, José Manuel Soria, se ha sumado a las voces que están a favor del fracking, que aún no se desarrolla en España, para aprobar una normativa que acote la actividad de las adjudicatarias de permisos de exploración –ya son 70–, debido a las dudas ambientales que pesan sobre esta técnica, que plantearía riesgos para la salud humana y los acuíferos debido al uso de agresivos aditivos químicos cerca de fuentes de agua.

La producción de gas se ha multiplicado por diez en Estados Unidos

Varios países de Europa ya han anunciado que se bajan del tren del fracking. Francia, Bulgaria, Dinamarca y República Checa han puesto moratorias a la búsqueda de gas no convencional, no solo por los riesgos medioambientales, sino también por las dudas sobre la aportación real de esta fuente de energía al abaratamiento del precio y su peso para lograr mayor independencia energética.

“Explotar las reservas de gas de esquisto ayudará a relajar los precios, pero no hará a Europa autosuficiente. Siendo optimistas, su desarrollo solo compensará la caída de producción de gas convencional”, sentenció esta semana el comisario europeo de Medio Ambiente, Janez Potocnik, durante un congreso económico en Polonia.

No debió de ser fruto del azar que el jarro de agua fría del titular europeo cayera en uno de los pocos países entusiastas, junto con España, con el gas de esquisto, interesado como está Varsovia en ganar autonomía del suministro ruso.

El Gobierno polaco otorgó en 2012 permisos de exploración a empresas estadounidenses para abrir plantas comerciales. Pero el maná prometido ha pinchado. Gigantes energéticos como ExxonMobile, Marathon Oil o Thalisman Energy han decidido abandonar la exploración de gas de esquisto en Polonia por la mala calidad de las reservas disponibles.

La promesa de rebajar el precio del gas también empieza a tambalearse. Tras descender desde 15 a 4 dólares en la última década en Estados Unidos, gracias a la revolución del esquisto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) apuntó en un informe esta semana que el precio podría remontar hasta 5 dólares, “lo que podría empujar a la primera economía del mundo a optar por el carbón”, en una vuelta de tuerca más a la cacofonía actual que reina en el mercado energético.

En España, al menos Cantabria y Cataluña han vetado el desarrollo de plantas, a las que optaban compañías estadounidenses. “Habría que preguntarse por el interés de estas compañías, que se interesan por Europa cuando algunas de ellas empiezan a abandonar la actividad en Estados Unidos por reservas que se habían sobreestimado y cuando el precio del gas ha tocado el mínimo histórico”, comenta un portavoz de la organización Ecologistas en Acción.

Ahogado por las deudas, el gigante Chesapeake Energy, líder de la revolución del gas de esquisto en Estados Unidos, anunció en septiembre del año pasado la venta de plantas por valor de 6.900 millones de euros. Desde entonces, el Departamento de Energía ha reconocido que las reservas de este recurso en el depósito Marcellus, el mayor en Estados Unidos, se habrían sobrestimado en un 70%. Por su parte, la Escuela de Minas del estado de Colorado advirtió en enero que las reservas disponibles podrían no superar los 23 años.

En España, las empresas interesadas en desarrollar plantas comerciales reconocen no saber cuántas reservas habría exactamente. La plataforma Shale Gas, que han formado cinco empresas del sector –entre ellas la estadounidense Heyco Energy Group–, figuran entre las compañías que han obtenido permisos de exploración –pendientes de obtener la declaración de impacto ambiental– e invertirán entre 700 y 1.000 millones de euros durante los próximos seis años para unas reservas que se estima durarán 70 años.

Aunque matizan: “Aquí no será una revolución como en EE UU, sino un punto de apoyo para un país que importa casi el 100% de la energía que consume”, comentan desde la plataforma. Eso si lo que encuentran a 2.000 metros de profundidad cumple las expectativas.

Europa no es Estados Unidos

La revolución que ha supuesto la técnica del fracking en Estados Unidos para encontrar reservas de gas antes inaccesibles se debe en gran parte a las inmensas extensiones de terreno poco pobladas. Pero en la apretada Europa las empresas lo tendrán más difícil. La propia industria reconoce que “aquí el mercado es diferente y la densidad de población, mucho mayor”, cuentan en la plataforma Shale Gas.

Tampoco puede compararse la legislación ambiental en uno y otro lado del Atlántico. Europa suele ser mucho más estricta y los pasos administrativos, más largos. El ejemplo más reciente lo han dado los transgénicos, un sector que las compañías estadounidenses, líderes mundiales en la comercialización de especies vegetales y animales genéticamente modificadas, han abandonado en Europa por el rechazo social y político.

El uso de aditivos químicos para romper la roca y extraer el gas –se inyectan hasta 12 sustancias distintas en el subsuelo, de las que el 80% permanecen– es más permisivo para las compañías que operan en ese país, más laxo con el secreto industrial. Las motivaciones de la industria tampoco coinciden a ambos lados del océano.

El presidente del gigante energético Chesapeake Energy, Aubrey K. McClendon, aseguró hace algunos años en un encuentro con analistas financieros de Wall Street que “comprar concesiones de arrendamiento por una cantidad y venderlas por diez veces el precio inicial es mucho más rentable que intentar producir gas por cinco o seis dólares”, según recoge en un reportaje una revista americana.

Ángel Cámara, director del Colegio de Ingenieros de Minas: “Ahorraríamos 18.000 millones anuales”

Ángel Cámara, director del Colegio de Ingenieros de Minas.
Ángel Cámara, director del Colegio de Ingenieros de Minas.

S. A.

El Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas publicó un informe el pasado mes de marzo en el que avalaba el desarrollo de la extracción del gas de esquisto por ser “un tren energético que no debemos perder”.

Pregunta. ¿Es segura la extracción del gas de esquisto mediante la fractura hidráulica?
Respuesta. Se trata de una técnica minera madura, contrastada, muy poco conocida en Europa, excepto en Polonia, que no tiene ningún problema tecnológico.

P. ¿Tampoco riesgos ambientales?
R. Toda industria, sea la que sea, tiene ciertos riesgos ambientales, pero si son conocidos y controlables, no hay razón objetiva para decir no. Es verdad que presenta riesgos, porque se utiliza agua con aditivos químicos para facilitar la fractura de la roca, como ácido sulfúrico, que lógicamente hay que utilizar con precaución, pero una vez fracturada la roca, esos químicos salen al exterior. Habría que controlar muy bien los vertidos.

P. ¿A qué atribuye que en Europa se haya ignorado el fracking hasta ahora?
R. No hay gran experiencia ni en petróleo ni en gas convencional. En España, los recursos de hidrocarburos son muy escasos. Excepto en las zonas mejor conocidas geológicamente –Rioja, Cantabria, País Vasco y el norte de Castilla y León–, el resto del país está muy poco explorado, no hay información. Una vez se ha visto que Estados Unidos lo conoce y ha demostrado que es rentable, el resto de países se han ido sumando. Ese país era importador neto de gas y ahora exporta.

P. Estiman que en España hay reservas de gas no convencional para 40 años.
R. Así es, por ello es una opción a tener en cuenta, aunque esas cifras variarán en los próximos años en función del consumo de gas natural, que ahora se sitúa en 32 billones de metros cúbicos.

P. Pero en España hay exceso de fuentes de energía que no encuentran mercado por la caída de la demanda.
R. Así es, el consumo ha caído por la crisis, el desarrollo del gas de esquisto iría en beneficio del país, que ahorraría 18.000 millones de euros anuales por la menor importación de hidrocarburos.

P. ¿Cuánto bajaría el precio del gas en España gracias a estos nuevos yacimientos?
R. Resulta difícil de saber, porque puede repercutir sobre el usuario o el Estado.

P. ¿Y las renovables, que ya están en marcha?
R. Hoy no cubren nuestras necesidades, pero cuando las tengamos, utilicémoslas, son una fuente de energía limpia.

Normas