Editorial

Un pacto sensato por el empleo

Los datos de afiliación a la Seguridad Social en el mes de abril arrojan un saldo de 51.077 nuevos cotizantes –lo que convierte este cuarto mes del año en el segundo consecutivo con alza de ocupación– y algo más de 46.000 parados menos. Se trata de un dato positivo, que ha sido recibido por el Gobierno con un lógico “moderado” optimismo, dado que todavía es muy prematuro hablar de un posible cambio de tendencia. Aún así, hemos cerrado abril con un número de afiliados que supera por primera vez en el año los 16,2 millones de personas y con una cifra de desempleados registrados que ha caído de nuevo por debajo de los cinco millones. Ello supone 1,2 millones de parados menos que el saldo que arroja la Encuesta de Población Activa (EPA). Una diferencia que se explica por la existencia de un amplio colectivo de ciudadanos que no están inscritos como desempleados, pero que buscan activamente empleo. En un entorno como éste, con un mercado de trabajo con un diagnóstico que sigue siendo de gravedad extrema, las peticiones para que Gobierno, fuerzas políticas y agentes sociales alcancen un gran pacto de Estado por el empleo cobran cada vez más relevancia. Si hace apenas una semana eran los sindicatos los que reclamaban esa gran coalición, ahora ha llegado el turno del primer partido de la oposición. Alfredo Pérez Rubalcaba insistía ayer en avanzar hacia un gran acuerdo por el crecimiento y el empleo que involucre al Gobierno, los partidos políticos, las comunidades autónomas, los sindicatos y los empresarios en “un gran ejercicio de concertación nacional”.

La propuesta de un pacto de Estado es, sin duda, acertada. Más aún en una coyuntura en la que las dificultades económicas que viven numerosas familias españolas constituyen una amenaza potencial que puede desestabilizar la convivencia y la paz social. En situaciones como la que vive actualmente España resulta más importante que nunca reforzar la cohesión política y la unidad del país, un ejercicio que requiere destreza política y generosidad, pero que exige también responsabilidad. En ese sentido, el objetivo –siempre loable– de alcanzar un gran Pacto de Estado no puede separarse del contenido que tenga ese acuerdo. Y es ahí cuando comienzan las dificultades y cuando se escenifica no solo la generosidad de cada parte involucrada, sino también la responsabilidad. La propuesta de programa económico realizada ayer por Alfredo Pérez Rubalcaba defiende un aumento desaforado de gasto público que España no puede permitirse bajo ningún concepto. Mariano Rajoy manifestaba ayer, como respuesta, su voluntad de pactar, pero dejaba muy claro que su Gobierno no volverá a las política económicas del pasado. O lo que es lo mismo: un pacto de Estado, sí; pero no un pacto a cualquier precio.

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