Los inversores confían en la estrategia de Draghi

El rally de los mercados se mantiene al abrigo del BCE

Draghi ha estabilizado el mercado, que ahora acepta la prórrogaen el recorte del déficit

Las compras del Banco de Japón han acentuado el traslado de la inversión hacia la deuda europea

Mario Draghi, presidente del BCE.
Mario Draghi, presidente del BCE.

Como si de una sutil telaraña se tratase, el Banco Central Europeo ha ido tejiendo la red con la que devolver poco a poco la estabilidad a los mercados financieros. El último paso lo dio esta semana al anunciar una nueva bajada de tipos de interés, la cuarta de su mandato, que deja el precio del dinero en la zona euro en un mínimo histórico del 0,5%. Su presidente, Mario Draghi, ha vuelto a hacer un ejercicio de equilibrismo entre la dura realidad económica que se vive en la zona euro y el margen de maniobra para responder a ello del que dispone la institución de acuerdo con sus estatutos, que llevan el sello indiscutible del Bundesbank y la obsesión alemana por el control de precios.

A diferencia de la avalancha de liquidez con que la Reserva Federal o el Banco de Japón están inundando sus economías para sacarlas de la crisis, el BCE es más comedido, si bien está profundizando al máximo en las medidas que su naturaleza le permite: rebajas de tipos y garantías de financiación y liquidez para el sistema financiero.

Las fórmulas para activar el crédito a las pymes aún tendrán que esperar, si bien Draghi ha reconocido que estudia opciones para su puesta en marcha. De hecho, el impulso de la actividad crediticia es todavía la gran asignatura pendiente del BCE, que no ha logrado aún que sus medidas, que sí han calado en los mercados financieros, tengan efecto en la economía real y en el objetivo último al que debe aspirar todo banco central: el crecimiento económico y la creación de empleo.

Por el momento, Draghi sí ha dado con la tecla con la que contener el incendio que devastaba a la deuda soberana de la periferia europea y que hace un año amenazaba seriamente a un peso pesado de la zona euro como España. El presidente del BCE anunció en el verano pasado su intención de activar en el mercado la compra de deuda soberana de los países del euro en apuros que, previamente, solicitaran un rescate a sus socios europeos y se comprometieran con ello a aplicar las reformas y los ajustes que acompañan habitualmente a la concesión de ayudas.

Este anuncio, que aún no se ha puesto en práctica, puso un suelo a las ventas sobre la deuda soberana –marcó el límite de las apuestas bajistas– y estableció el inicio de una relación de confianza entre Draghi y los mercados financieros que ha propiciado un rally que dura hasta hoy.
El gran efecto persuasivo logrado por Draghi –la prima de riesgo española ha caído de los 638 de julio pasado a los 280 del viernes– ha preparado el terreno para abrir el debate que en las últimas semanas también sirve de alimento el mercado: cuál debe ser el ritmo de los ajustes para lograr el equilibrio fiscal.

El FMI, gran valedor de la austeridad en el inicio de la crisis, fue la primera institución en advertir que los recortes de gasto con los que cumplir con los objetivos de déficit amenazaban con hacer aún más profunda la recesión. La Comisión Europea ha terminado por tomar nota, a la vista del peliagudo cuadro macroeconómico que presentan países obedientes con la doctrina de Bruselas como España. Ha confirmado que concede dos años más, hasta 2016, para reducir el déficit público por debajo del 3%.

Esta concesión resulta de la evidencia de que España difícilmente podría cumplir con ese objetivo en 2014 –a menos que fuera a costa de un estrangulamiento casi suicida de su economía–. El déficit público de 2012 fue del 7,1% y la previsión del Gobierno para este año es del 6,3%, que Bruselas eleva al 6,5% en sus últimas estimaciones. Y la prórroga lograda de dos años no es gratuita, está acompañada del requisito de que España profundice en las reformas estructurales, incluido el mercado laboral y el sistema público de pensiones, y del compromiso con la búsqueda del equilibrio presupuestario.

Los inversores aplauden el gesto de Bruselas –que ya estaba descontado por los mercados– con la creencia de que un calendario de reducción del déficit menos exigente y más coherente con la realidad económica es también la garantía con la que hacer más viable el crecimiento económico. Aunque sin poner en duda la austeridad, requisito para crear economías con una “estructura firme y creíble a medio plazo”, según apuntó esta semana Mario Draghi.

“No podemos estar de acuerdo con los que postulan dejar a un lado los ajustes fiscales de países que, como España o Italia, presentan fuertes desequilibrios ya que, de actuar así, volveríamos a julio de 2012 en poco tiempo y, en esa ocasión, sin margen alguno de actuación”, explican en Link Securities. Los expertos advierten con el mismo argumento que Draghi ya defendió este jueves, al afirmar que “subir impuestos es apostar por el camino más fácil”. Sugiriendo, en definitiva, que el camino sigue estando en los ajustes.

Ese es el entorno en el que se desenvuelve el ánimo de los mercados, alineados con el discurso del presidente del BCE. Mario Draghi ha encontrado además un aliado inesperado en el Banco de Japón: sus compras masivas de deuda, que van a duplicar la base monetaria del país en al menos dos años, están minando la rentabilidad de la deuda nipona –que se mueve a la inversa de su precio– y favoreciendo el traslado de la inversión hacia la deuda europea, en busca de rentabilidad. De nuevo los bancos centrales dan argumentos para prolongar el avance de los mercados, aunque persista la brecha con la realidad económica.

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