Editorial

Los deberes de una economía globalizada

Las dudas sobre la evolución de la economía que llegan desde China, además de los rumores de que la Reserva Federal podría retirar las medidas extraordinarias de estímulo en Estados Unidos, han provocado una caída libre de la cotización del oro y las materias primas. Pese a que el PIB chino ha registrado en este primer trimestre del año un envidiable crecimiento –un 7,7%, que ya querría para sí cualquier otra economía–, la cifra no ha alcanzado las expectativas del mercado, que apuntaban al 8%. Esa diferencia ha oscurecido la radiografía que los inversores hacen de Pekín y disparado las alarmas sobre el futuro de la recuperación de la economía mundial, cada vez más globalizada y, por tanto, interconectada. La división de opiniones que se ha generado en el seno de la Reserva Federal respecto a la conveniencia de mantener la política de compra de bonos de la institución se ha convertido también en un factor de importancia para analizar el futuro inmediato de las economías. Todo ello ha impulsado a los inversores a deshacer posiciones no solo en el oro, sino también en el resto de las materias primas.

 Esa preocupación por una posible ralentización de la recuperación mundial no es patrimonio únicamente de los mercados. Las reuniones de primavera del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se inauguran este jueves, abordarán, entre otras cuestiones, la preocupación por cómo acompasar las tres velocidades a que se está produciendo ese esperado repunte. Para el FMI, la primera de ellas corresponde a los países emergentes y en vías de desarrollo, que están haciendo bien sus deberes; la segunda, a Estados Unidos y otras naciones, que están en camino, y en la velocidad más lenta se quedan la UE y Japón, que todavía tienen un buen trecho por delante antes de poder dejar atrás sus problemas económicos.

Las previsiones del organismo multilateral para Europa apuntan a un estancamiento, que no solo constituye una mala noticia para la región, sino también para sus socios comerciales, entre los cuales se halla Pekín. China se ha convertido en una nación exportadora y, como toda economía que vende al exterior, sufre las consecuencias de la mala salud de los países con los que comercia. Es la otra cara de una globalización económica que tiene indudables ventajas, pero también sus propios y particulares riesgos. Precisamente por ello, las economías europeas –y España entre ellas– deben concentrarse en hacer el trabajo que tienen por delante: avanzar en el proceso de ajuste fiscal, completar las reformas estructurales que restan por abordar y encarar el futuro sin perder de vista que nuestra recuperación económica es vital, en primer lugar, para nosotros, pero también para el futuro de una economía mundial cada vez más interdependiente y globalizada.

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