El sol y la playa alteran el calendario

El aumento de temperatura que está experimentando el planeta provocará que los días de calor extremo en verano se alarguen en las Islas Baleares, Cataluña, Aragón y las regiones francesas de Languedoc Rousillon y Midi-Pyrénées, alterando su industria turística. Es una de las principales conclusiones de un informe presentado este mes por la Fundación Empresa y Clima y la Universidad de Geografía Física de Barcelona. El estudio evalúa los efectos del cambio climático en la eurorregión Pirineos Mediterráneo.

Según este organismo, que se dedica a asesorar a empresas españolas de diferentes sectores sobre los efectos del calentamiento global en su actividad, la industria turística en esta región tendrá que adaptar su oferta a inviernos más cálidos, al aumento del nivel del mar, menos lluvias y veranos con 10 días más de calor extremo en 2020 y de hasta 41 días en 2050 en el caso de Barcelona. En Palma de Mallorca este cambio será aún más brusco, con 45 días de verano en los que el termómetro se pondrá en 42 grados de día y se mantendrá en 30 grados de noche en 2020, y hasta con 73 días de calor extremo en el año 2050.

"Las empresas tendrán que adaptar su calendario actual a otro que tenga en cuenta las variables climáticas, que están cambiando las estaciones turísticas clásicas", afirma Elvira Carles, directora de la Fundación Empresa y Clima.

Ante inviernos más cálidos, las estaciones de esquí en la zona española de los Pirineos tendrán que compensar la ausencia de nieve con actividades de montaña. Al mismo tiempo, durante los meses de verano recibirán más turistas deseosos de escapar del bochorno de las grandes ciudades.

"En 2020 no habrá nieve hasta los 1.800 metros de altitud. Pero no hay por qué cerrar estas estaciones sino diversificar sus actividades con excursiones, deportes de aventura o rutas a caballo", matiza Carles, quien apunta al escaso conocimiento de los operadores turísticos sobre los efectos del cambio climático, a pesar de que lo van a sufrir. "Hace 10 años aconsejábamos a la industria del cava comprar tierras más al norte porque el aumento de la temperatura afectaba a la calidad de la uva. Nos hicieron caso años después", recuerda Carles.

Ahora, las recomendaciones de los científicos para el sector hotelero son claras: ahorro de energía, uso de fuentes renovables en sus instalaciones y menor gasto de agua ante la futura escasez de lluvias. "Se trata de gestos sencillos con increíbles ahorros en la factura", prosigue esta experta en cambio climático, cuyo organismo imparte talleres de eficiencia energética a hoteles de toda España.

"Los indicadores turísticos también deberán adaptarse y añadir al análisis de datos como el número de pernoctaciones o el gasto medio de cada turista otros índices que valoren la evolución del sector hacia un futuro más sostenible, adaptado a los retos climáticos que se plantean", concluye.

Las claves

Menos visitas estivales

Cuando dentro de unos años los veranos en Cataluña y Baleares alcancen máximas de 42 grados durante un mes seguido, los turistas extranjeros ya se habrán marchado de las playas, que habrán disfrutado en abril y mayo y luego en octubre y noviembre, desplazando el actual calendario veraniego.

Inviernos más cálidos permitirán llenar los hoteles desde Semana Santa hasta verano, "dos meses ahora perdidos que el sector no encuentra cómo recuperar y desestacionalizar".

Preocupación

Tres de cada cuatro empresarios turísticos se muestran preocupados por cómo el cambio climático afectará a su modelo de negocio, según las 347 encuestas a empresarios realizadas por la Fundación Empresa y Clima.

Según este mismo sondeo, los elementos meteorológicos que más molestan a los turistas son la temperatura muy alta, la lluvia durante el día y los fuertes vientos. Un 58,9% de turistas estaría dispuesto a modificar su destino si el cambio climático empeorase las condiciones de la región, lo que repercutiría negativamente en muchas zonas que reciben repetidamente visitantes internacionales.

Una oportunidad

La sólida implantación y la larga tradición del turismo en Cataluña y Baleares garantizan su futuro ante las alteraciones que implica el cambio climático, a condición de adaptarse al creciente compromiso de los turistas con la preservación del entorno, por el que demandan servicios con menor impacto medioambiental y que ahorren agua y energía.