Grandes viajes

Petra, una joya escondida en el desierto

La ciudad nabatea excavada en la roca es la mayor atracción de Jordania

Es el conjunto monumental más impresionante de Jordania y quizá de todo Oriente Próximo. Ubicada en un profundo cañón y accesible solo a través de una estrecha y serpenteante garganta de un kilómetro de longitud, cuyas paredes se elevan hasta 80 metros, la ciudad de Petra, habitada desde la antigüedad, es el legado de los nabateos, una tribu árabe nómada que se estableció en el sur de Jordania hacia el siglo VII aC. El lugar se convirtió en un estratégico paso de las rutas de la seda, de las especias, el incienso y otras que conectaban China, India y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma. Mucho se ha escrito sobre esta ciudad excavada en las rocas, admirada por su refinada cultura e impactante arquitectura, calificada a menudo como la octava maravilla del mundo antiguo y declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, pero no es tarea fácil describir la magnificencia de este lugar.

A pesar de sucesivos intentos por controlar este importante enclave comercial, Petra se mantuvo en poder nabateo hasta el año 100 dC, cuando los romanos se hicieron con ella. Después, permaneció deshabitada durante el periodo bizantino y, finalmente, fue abandonada en el siglo VIII, quedando bajo el control de la población local hasta que, en 1812, fue redescubierta por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt.

Talladas en las moles de piedra arenisca de color rosa destacan las fachadas de templos y monumentos imponentes que se funden con el paisaje. En sus múltiples rutas aguardan al viajero grandes sorpresas: tumbas, baños, recintos funerarios, calles con columnas y sorprendentes pinturas en la roca, sin olvidar el teatro al aire libre con capacidad para 3.000 personas o un gigantesco monasterio del siglo I.

El lugar fue un paso estratégico de la Ruta de la Seda

Los visitantes tienen varias opciones para disfrutar de este espacio arqueológico único, dos de las cuales pueden ser realizadas por libre y el resto, hasta cinco, requieren el acompañamiento de un guía local experimentado. La ruta principal tiene una extensión de cuatro kilómetros, tarda en recorrerse unas tres horas y no ofrece dificultad alguna. Entre los monumentos tallados en la roca que se hallan en este sendero se encuentran las tumbas Djinn, la tumba del obelisco y una antigua presa. Prosiguiendo el camino se localiza El Siq, el desfiladero natural que sirve de entrada a Petra, que zigzaguea suavemente hacia la ciudad antigua dando paso a una espectacular panorámica de El Tesoro (Al Khazneh), una inmensa fachada de 30 metros de ancho y 43 de alto, excavada en la roca, que fue construida en el siglo I como tumba de un importante rey nabateo. Este recorrido finaliza en los museos arqueológico y nabateo, que cuentan con interesantes piezas de la zona y ofrecen una visión de conjunto del pasado de Petra.

La otra visita que no necesita de un guía local es la ruta de las tumbas _reales. Comienza después del teatro y finaliza en Al Khubtha, y su duración aproximada es de tres horas. Entre las maravillas que el visitante irá descubriendo destacan las tumbas de la Urna, la Seda, Corinto y del Palacio. Pasadas estas, se encontrará con el Ninfeo, la iglesia bizantina y el templo del León Alado.

La ruta Ad Deir, con una extensión de cuatro kilómetros, se eleva a través de una escalera tallada en la roca. Esta llega hasta el monasterio, otra de las maravillas que esconde la ciudad nabatea. Al final de este recorrido se pueden apreciar unas fantásticas vistas del desierto y en el horizonte se vislumbra la frontera israelí.

Visitas singulares

La ciudad de Petra, situada en el sur de Jordania, a unos 250 kilómetros de Amman, es la mayor atracción del país, pero no la única. A 50 kilómetros de la capital se encuentra Jerash, considerada una de las ciudades romanas mejor conservadas del mundo. Y para rematar un programa repleto de visitas históricas, el mar Muerto o el mar Rojo son dos lugares excepcionales.