RBS advierte que las políticas del BCE ayudarán a los mercados pero no a las economías

Las palabras de Draghi funcionan, pero ¿salvarán sus acciones a España?

En el departamento de análisis de Royal Bank of Scotland son muy escépticos con los planes de rescate diseñados por el BCE. La entidad considera que las compras de deuda aplacarán los mercados pero no curarán las economías.

Mario Draghi ha reiterado hasta la extenuación su posición sobre el programa de compra de bonos: primero la petición de rescate. El mercado reaccionó con optimismo. La renta fija, que en julio vivió otro de sus momentos más críticos, se ha tomado un respiro, con la prima de riesgo del bono español a 10 años en el entorno de los 415 puntos básicos.

La posibilidad de que el regulador europeo ponga freno a las altas rentabilidades de España e Italia fue acogida con los brazos abiertos, pero primero es necesario que los gobiernos reconozcan sus problemas y soliciten la ayuda.

Hasta ahora solo ha habido declaraciones y los ejecutivos se muestran reticentes por las condiciones que traerían consigo el rescate. Aunque Mariano Rajoy siga dilatando la decisión, los analistas ven el auxilio europeo como el destino de España.

Las medidas anunciadas hasta el momento por el BCE (entre las que se incluyen además de la compra de deuda las subastas a tres años celebradas a finales de 2011 y comienzos de 2012) son tan solo un mero parche, según señala Royal Bank of Scotland (RBS). Los problemas que sufre la eurozona son mucho más profundos y requieren de iniciativas más profundas.

Según lo recogido en un informe elaborado por Alberto Gallo, director del equipo de estrategia de crédito en Europa de RBS, la zona euro se enfrenta cada día a fuertes fuerzas desintegradoras que han llevado a muchos a especular con la posibilidad que el euro se rompa. Las medidas desarrolladas hasta el momento por el responsable de la política monetaria son temporales e insuficientes.

Como ya es sabido en la eurozona es posible diferenciar dos grandes bloques. Por un lado, se hallan los países del norte que gozan de una relativa mayor estabilidad. Por otro, los estados del sur, caracterizados por los fuertes costes de financiación y los desequilibrios macroeconómicos.

En España, y de acuerdo a los datos que facilita el Banco de España, en julio la caída en los depósitos alcanzó los 30.000 millones, la cifra mensual más alta hasta el momento. La razón que explica esto es la huida de los inversores extranjeros hacia inversiones más seguras y el hecho de que muchas familias españolas hayan tenido que tirar de los ahorros para pagar las facturas.

Ante esta situación, las entidades españolas se ven obligadas a incrementar sus tipos de interés para atraer capital. Sin embargo, esta estrategia parece que no está surtiendo efecto, debido a la desconfianza que se cierne sobre un sistema financiero que ha tenido que recurrir a la ayuda europea para sanear sus balances.

A los problemas del sistema bancario hay que sumar la que sufre la economía real. El incremento de las tasas de quiebra, la subida del paro y la consiguiente huida de capital humano son sus principales síntomas.

Problemas de economía real

El desempleo es a día de hoy uno de principales problemas de la economía española. Según la EPA del segundo trimestre la tasa de paro en nuestro país se sitúan en el 24,6%, su nivel más alto de la historia. El estallido de la burbuja inmobiliaria arrastró al sector de la construcción llevando al paro a miles de trabajadores.

Pero es sin lugar a dudas la población joven la que peor lo está pasando. Esto está provocando que muchos decidan abandonar su país en búsqueda de nuevas oportunidades. Se trata fundamentalmente de jóvenes altamente cualificados. Este proceso que se ha incrementado en los últimos meses es una nueva amenaza que socava las perspectivas de crecimiento a largo plazo.

Ante este panorama, RBS apuesta por una mayor integración fiscal y bancaria como solución a las presiones que atraviesa el Viejo Continente. Un paso hacia este proceso sería la creación de un fondo de garantía europeo. Asimismo considera que es primordial que los bancos continúen con el proceso de desapalancamiento ya iniciado. El objetivo es adecuar el tamaño de sus balances al de sus economías. Esta estrategia simularía a la ejecutada en Japón en la década de los 90 y que se prolongó durante diez años.

La diferencia que existe con el Viejo Continente es que en el caso concreto de la potencia nipona el desapalancamiento afectaba fundamentalmente a las empresas y familias, pues el balance de sus bancos no se redujo significativamente. Asimismo la independencia monetaria de Japón y las altas tasas de ahorro permitió al gobierno pedir dinero para financiar el estímulo fiscal y compensar el desapalancamiento del sector privado.