TRIBUNA

Las infraestructuras y la economía española

Dentro del aparente colapso de la economía española existe un sector de actividad que presenta un balance positivo y muy relevante dentro del concierto económico mundial: se trata del sector de las infraestructuras, y más concretamente de las infraestructuras de transporte y de energías renovables.

En este sentido, hay varias compañías españolas que son verdaderos líderes del mercado mundial de las infraestructuras. Por lo que se refiere a las infraestructuras de construcción y transporte, deben destacarse el grupo ACS (Dragados, Hochtief, Iridium); el grupo FCC (FCC, Global Via Infraestructuras, Alpine); el grupo OHL, Sacyr, Isolux Corsán, Acciona y el grupo Ferrovial (Ferrovial, Cintra, Ferroser).

Estas empresas están liderando y formando parte de los consorcios encargados de desarrollar algunos de los más importantes proyectos a nivel mundial: la interestatal I595 en Florida, la autopista South Fraser en Vancouver, las nuevas líneas del metro de Nueva York, el tren de alta velocidad Medina-La Meca, el nuevo juego de exclusas del Canal de Panamá, 700 kilómetros en cuatro autopistas en la India o la gestión de BAA, operador aeroportuario de Reino Unido.

Por lo que se refiere a los proyectos de energías renovables: el grupo Iberdrola (Scottish Power), Abengoa, Acciona, Endesa, Isolux Corsán o Gamesa tienen también una dimensión de relevancia mundial con proyectos como las instalaciones eólicas off shore en Reino Unido, Francia y Alemania, la planta termosolar PS20 o los tres parques eólicos desarrollados en Oklahoma (Blue Canyon, Dempsey Ridge y Red Hills).

Analizando la situación actual y real de la economía española, la relevancia y tamaño de las compañías y de los proyectos citados a título de ejemplo parecen algo milagroso, sin embargo tienen una clara explicación con numerosas implicaciones jurídicas que deben analizarse.

Las compañías citadas, conjuntamente, desarrollan más de un 70% de su actividad fuera de España y es precisamente en su dimensión internacional donde han encontrado su mayor éxito: se trata de compañías que han desarrollado una estrategia y una estructura que les permite ser enormemente eficientes en cualquier lugar del mundo. Para ello, han sabido expandirse geográficamente integrando en sus estructuras a los mejores operadores locales, formando consorcio siempre con los mejores.

Pero en la actual situación de crisis financiera, dicha expansión debía ir acompañada de otra cuestión esencial: una impecable elección de los proyectos que podían acometer. Con carácter general, se trata de proyectos muy bien analizados, con una rentabilidad acreditada y una ubicación geográfica muy acertada.

No obstante, muchas veces la óptima elección de los proyectos no es suficiente para alcanzar el cierre financiero de los mismos. Existen muchas trabas que deben evitarse y dentro de estas, quizás la más importante es el llamado riesgo país. Las compañías emprendedoras españolas han sabido mitigar el problema que el riesgo país supone desde el punto de vista de la financiabilidad de los proyectos y, en este sentido, han sido pioneros en la utilización e implementación de sofisticados y complejos sistemas financieros basados en la captación de fondos propios y ayudas para cada proyecto fuera de lo que hasta hace pocos años eran las fuentes normales de financiación.

Sin embargo, a nivel europeo, todavía existen muchas medidas que pueden tomarse para que el desarrollo de los proyectos de infraestructuras sea cada vez más rentable y sostenible: aplicación de un sistema estricto y riguroso de evaluación previa de la viabilidad de los proyectos con participación de expertos independientes; revisar los actuales criterios de planificación que se han mostrado claramente defectuosos, e introducir una planificación real, profesional a medio y largo plazo muy consistente; creación de un marco legal estable y global que garantice la solvencia del sistema para los nuevos potenciales inversores (fondos institucionales, fondos de pensiones, family offices) y que les permita invertir en este tipo de activos en situaciones a largo plazo y con participaciones relevantes e incluso de control.

Deben igualmente implantarse sistemas mixtos de financiación y ayudas que combinen ayudas fiscales y ayudas públicas directamente a los proyectos y una vez que estos pasen un riguroso proceso de examen de viabilidad y sostenibilidad.

Es igualmente importante que se anticipe lo máximo posible el proyecto Project Bonds 2020, dando competencias reguladoras y de emisión no solo al Banco Europeo de Inversiones (BEI), sino también a otras instituciones financieras en función de la relevancia nacional o internacional del proyecto.

Por último, muchos de los proyectos citados son producto de la aplicación de procedimientos de diálogo competitivo que dotan de un mayor margen de acción a la iniciativa privada en los proyectos. Estos sistemas deben generalizarse y regularse con alcance global, buscando una cierta armonía entre los distintos países.

Todas estas medidas contribuirán al futuro desarrollo del sector de las infraestructuras en Europa que tantas veces ha demostrado su papel esencial como motor de la economía.

Miguel Huarte. Responsable del departamento de infraestructuras de Olswang Spain