Carver Mead. Catedrático emérito Gordon y Betty Moore de Ingeniería y Ciencias Aplicadas en el Instituto Tecnológico de California (Caltech)

"Hay que ser capaz de fracasar para tener éxito"

Ganador del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que recogió la pasada semana, Mead es autor de más de 200 artículos y 80 patentes.

Ingeniero electrónico, pensador y pionero de la tecnología del silicio, Carver Mead ha hecho posible "la construcción de los microchips con miles de millones de transistores que rigen el funcionamiento de los dispositivos electrónicos hoy omnipresentes en nuestra vida diaria", según recoge el acta del jurado que le ha concedido el premio de la Fundación BBVA. Mead está convencido de que todavía hay mucho por descubrir. "De aquí a 100 años miraremos el día de hoy y se dirá que se estaban dando pasos en la oscuridad", dice.

¿Qué cambios han experimentado las TIC en estos últimos años?

Hay muchos. Algo subyacente al cambio ha sido el sustrato físico de la información, para evaluarla con microchips. Para transmitirla tenemos la tecnología del radio y de fibras ópticas y para guardar información necesitamos la tecnología del silicio. Esto es lo básico, pero todo ello ha evolucionado muy rápidamente y lo ha hecho hacia una mayor densidad. Esto es el sustrato físico para la información: evaluarla, tener el acceso, luego transmitirla y guardarla. Y por algún milagro hemos sido capaces de que funcione la red de redes.

Pero detrás hay personas extraordinarias cuyos nombres la gente no conoce. Es ahora cuando tenemos esta enorme explosión de aplicaciones. Y son estas las cosas que la gente conoce, porque las toca y las siente. Pero solo existen porque hay ese enorme sustrato anterior de almacenamiento, procesamiento y transmisión. Es muy difícil para la gente captar esto, ya que quisieran tener un ejemplo relacionado con sus vidas. Las personas piensan en Facebook, en Google, eBay... y estas son partes importantes de nuestra cultura.

Por ejemplo, cuando escribo mis artículos científicos, resulta que la mayor parte de nuestras referencias están ya en Wikipedia. Puedes ir allí y ver cómo piensa la gente. Ya no tengo que escribir tanto. Ha variado mucho la forma en que escribo y no necesito hacer el background. Esto es un ejemplo de cómo ha influido en mi propia vida. Para otras personas es diferente.

En suma, es difícil para las personas comprender la profundidad de los esfuerzos, de las inversiones, de los desarrollos y de la inversión económica que han ido a parar a ese sustrato anterior antes de tener ninguna de estas otras cosas. Los grandes éxitos económicos que la gente ve, lo nota a nivel de aplicaciones. Pero esto es solo una pequeñísima capa que está por encima de ese enorme sustrato de innovación que está por debajo.

¿Son muy caras las TIC?

Sí, son muy costosas. Por eso digo que es un milagro lo que tenemos, porque el modelo económico ha evolucionado hacia algo donde la gente recibe una recompensa por haber realizado esta inversión. Es como decir: voy a invertir en fibra óptica o en servidores. Pero me refiero a la inversión en cuanto a cómo comprender el sistema sobre cómo funcionan los amplificadores en la fibra óptica, por ejemplo. Hay una enorme cantidad de información necesaria, de su procesamiento, para que funcionen estas redes celulares, que son más complejas que otras.

¿Cómo cree que van a evolucionar estas tecnologías de la información y comunicación?

En la evolución biológica se tiene una invención y luego se hace factible una evolución muy rápida: una enorme expansión, pero con sus límites. Tenemos entonces un periodo donde es como si tuvieras una frontera, donde se hace más difícil la evolución. Posteriormente, hay una ignición: es como si se abriese un camino y se abre una nueva era. La ciencia también es así.

La tecnología consiste en aplicar la ciencia al mundo real. Nosotros no sabemos cuál de estos pequeños lugares nos llevará a ese florecimiento ulterior. No se puede saber qué es lo que nos llevará a ese otro estado más grande. Pero hay dos áreas que se van a desarrollar hacia campos nuevos. La primera tiene que ver con la naturaleza cuántica. Por ejemplo, hacemos el circuito basándonos en transistores, pero la física del electrón es tal que si lo metes en esa especie de espacio tiene una carga electrónica. Y no sabemos por qué. Hemos creado dispositivos individuales donde se puede lograr esto, pero no tenemos una tecnología basada en ese principio todavía. Esta tecnología deberá llegar.

Estos órdenes de magnitud lograrán la forma más eficaz para hacer una información digital: un sistema binario que todavía no sabemos cómo hacerlo ni por dónde empezar. No hemos encontrado el camino, pero hay algo grande aquí. Ni siquiera sabemos por dónde empezar a buscar para analizar ese carácter cuántico de la materia.

¿Y el otro?

Tiene que ver con el cerebro de los animales, que guardan información con un orden de magnitud mucho más eficaz de lo que pueden hacer los mejores y más grandes ordenadores actuales. El cerebro de una mosca casera puede hacer más que el complejo de ordenadores más avanzado, con las mejores aplicaciones, dispositivos y cámaras. Los cerebros de estos insectos pueden hacer procesamientos de información complejos más rápidos y mejores. Ni tan siquiera entendemos el principio básico sobre cómo esa información se va a procesar. Hay neuronas, señales eléctricas, sinapsis... Esto lo sabemos, pero es diferente a comprender cómo funciona como sistema.

He trabajado muchos años sobre el tema y es como el suplicio de Tántalo, hasta que ves otro nivel de complejidad: sistemas altamente evolucionados que parecen tremendamente simples, pero que, cuando te metes en ellos, ves que lo simple es muy sofisticado. Y ni tan siquiera comprendemos cuál es la idea básica subyacente. Estas dos áreas van a contribuir a descubrir grandes cosas en el futuro. ¿Cómo llegaremos? Tenemos mucha gente muy lista intentándolo. Alguien hará un progreso y se logrará.

¿No hay límites, pues?

Creo que es así. Imaginar que hay un límite significa que te pones límites en el propio cerebro. Es mucho mejor pensar que no los hay. Hace 100 años alguien decidió cerrar la oficina de patentes, porque creía que ya se habían hecho todas las invenciones importantes. Pero las invenciones de aquella época fueron banales comparadas con las actuales. De aquí a 100 años miraremos el día de hoy y se dirá, entonces, que se estaban dando pasos en la oscuridad.

Las nuevas tecnologías están haciendo desaparecer profesiones y están creando otras nuevas. ¿Estamos ante una segunda Revolución Industrial?

Esto es mucho mayor que la Revolución Industrial. La primera consistió en conseguir cómo utilizar la energía artificial para sustituir al hombre. Pero la revolución actual es ampliar la utilización de nuestro cerebro, los conocimientos y la experiencia. No es solo un aspecto físico, sino que es ampliar una gran parte de lo que nos hace realmente seres humanos.

Usted apuesta por la ciencia y la I+D. En España, el Gobierno, con la crisis, ha reducido mucho el dinero destinado a estas políticas. ¿Es un error?

Dependerá de cómo se haga el recorte presupuestario. Hay gastos que se hacen y que tienen poco riesgo y muchos de ellos, como no lo tienen, poseen un potencial muy planificado y organizado. Pero, en cambio, hay otros programas con investigadores individuales que están siguiendo su propio camino e ideas. A menudo con poquitos fondos se puede permitir a estos investigadores que sigan investigando. Mi consejo a los que establecen políticas presupuestarias es que se aseguren de que no pierden a estos individuos, a estos investigadores individuales. Porque los grandes proyectos quizá se puedan hacer menores, pero al investigador individual no hay que perderlo.

Usted conoce muy bien Silicon Valley, un mito para muchas personas que lo ponen como ejemplo.

Hay muchas cosas que son necesarias para permitir un entorno semejante. Pero en el centro de ello se encuentra que cuando hay una persona con una idea y está consagrado a ella, entonces tiene que tener un entorno que lo apoye: gente que le preste dinero, que sean tutores, tienes que ser capaz de contratar a trabajadores... Esto significa que la gente tiene que querer trabajar para una pequeña empresa sin tener ni idea de si tendrá éxito o no. Solo hay una idea, y si la gente deja otro trabajo para ir contigo y dedica años de su vida a una idea que puede tener éxito o no, entonces lo que hace falta es energía.

Lo que hace que esto funcione es la aceptación social del riesgo. Cuando contratas a personas solo cuenta una cosa: tienen que ser los mejores. No importa su aspecto, su religión, su nacionalidad, su sexo..., solo que sean buenos en lo que sepan hacer. En una de las empresas en las que he estado teníamos 40 empleados de 23 nacionalidades. Era maravilloso. Todos trabajaban junto a los demás, con sus diferentes formas de pensar, culturas, etcétera. Toda la gente que conozco ha trabajado en empresas que no llegaron a buen fin, que no funcionaron. Tienes que ser capaz de fracasar. Se debe poder fracasar para tener éxito, porque de lo contrario nadie tomaría riesgo alguno y serán las mismas ideas, la misma vieja historia y seguirás con el mismo trabajo y rutina.

"Aquí debe haber un lugar con gente que piense distinto para crear un Silicon Valley"

En España, a la hora de apostar por nuevas aventuras empresariales, por crear tu propia empresa, hay mucho miedo a fracasar. Y cuando esto ocurre, es como un estigma...

Y también ocurre en muchos sitios en Estados Unidos. La razón por la que Silicon Valley se ha desarrollado en California ha sido porque este era un lugar de locos, entre comillas. Hacían cosas osadas y eran aceptados socialmente. Por eso yo empecé en California. No podría haber iniciado mi carrera, por ejemplo, en la costa Este, ya que es como Europa: allí están comprometidos con una estructura social, con una familia con las conexiones adecuadas... Esto no funciona así en una zona de innovaciones. Eso otro es ideal para el mundo financiero, pero no para los que asumen riesgos, para los más aventureros. Para ellos su sitio ideal es la costa Oeste. Otros sitios donde está ocurriendo lo mismo que en Silicon Valley, en California, es en Seattle y Washington. Son zonas donde, curiosamente, se produjo la fiebre del oro, que estuvieron llenas de aventureros que arriesgaban todo.

No conozco España, pero tiene que haber un lugar donde la gente piense de manera diferente. Por cierto, California fue en el pasado una colonia española, y es aquí en donde ha habido un gran éxito como Silicon Valley. ¿Entonces?...

¿Dónde ha encontrado más satisfacción en su carrera: en la investigación o en su concreción empresarial?

Para mí es muy difícil establecer una diferencia, porque si intentas entender cómo funciona la naturaleza eres un científico y luego encuentras que para hacer esto tienes que realizar experimentos y lograr que funcione, con lo que, de esta forma, te conviertes en ingeniero. Y cuando lo consigues estás creando algo útil que puede servir para otros. Así que lo que empezó como experimento científico termina como producto.

Por tanto, es un proceso simbiótico. Es difícil saber cuándo algo será un problema de ingeniería y cuándo de ciencias básicas. Están unidos, entrelazados. En un momento dado puedo decir si actúo como ingeniero o como científico, pero a lo largo de un año no, porque hago las dos cosas.

¿De cuál de las empresas que ha fundado se siente más satisfecho?

De las que hacen una contribución tecnológica que funciona en el mundo real. Synaptics fue pionera en la creación de superficies táctiles que hoy forman parte de la vida de todos. Audience desarrolló chips para el procesado de voz que emulan algunas de las funciones del sistema auditivo humano; Foveon (ahora parte de Sigma) crea sensores que capturan las imágenes más exquisitas.

Me siento inmensamente orgulloso de las personas que han permitido que estos esfuerzos tengan éxito, y recompensado por haber formado parte de ellos. Pero no siempre he acertado a la hora de predecir el éxito, algunas compañías han tardado más de 20 años en dar sus frutos. Por eso aconsejo a los emprendedores que se preparen para las críticas. Aprende de tus errores y sigue adelante. Si fallas, habrá otra oportunidad de éxito. Y tras el triunfo, ayuda a los innovadores que vienen detrás.

¿Cómo se pueden traducir los resultados científicos en desarrollo económico?

Cuando se gestiona bien por ambas partes hay una potente relación simbiótica entre la investigación académica y los desarrollos tecnológicos comerciales. En Estados Unidos sufrimos hace tiempo la gran separación entre investigadores y empresarios. En el fondo estaba la vieja idea de que, en cierto modo, las empresas de nueva creación, las start-ups, no tienen que ver con la investigación pura porque, como su objetivo es ganar dinero, no merecen la dedicación de los auténticos investigadores.

Pero para los académicos es mucho más peligroso no tener contacto alguno con el mundo comercial real, porque se arriesgan a quedar obsoletos y a perder las muchas oportunidades para hacer ciencia fundamental que se generan en el contexto de las tecnologías emergentes.