COLUMNA

Suiza no se libra de la tormenta

El tipo de cambio en Suiza es como un caro reloj suizo: técnicamente impresionante pero con un coste astronómico en cuanto a impresión de dinero nuevo. Hasta el momento, está funcionando.

El banco central suizo puso un límite en septiembre sobre la apreciación de su ya sobrepreciada y segura moneda. Los refugiados del euro siguen golpeando a la puerta de los 1,20 francos suizos por euro, que amenaza con lanzar al franco aún más alto. Algo que teme Suiza y que podría empujarla a la recesión y a una severa deflación.

La defensa del Banco Nacional Suizo es más parecida a la de un apostante de Las Vegas que la de un relojero. Pero puede imprimir sus propios francos suizos. Su base monetaria casi se ha triplicado en el último año, para llegar al 40% del PIB, el doble que el de la Reserva Federal de los EE UU. En teoría, los fondos adicionales conducirán a la inflación. Pero gracias a las operaciones de drenado de liquidez del banco central el dinero no está golpeando a la economía. La masa monetaria M3 creció un 6,3% el año pasado, mientras que la tasa de inflación fue del -1%. También hay un peligro de pérdida de divisas, pero el SNB diversifica sus reservas. Su política de cambio actual y la caída del euro frente al dólar hace que vaya bien por ahora. La preocupación real es cómo el SNB responderá a una crisis del euro recrudecida. Los controles de capital, mencionados recientemente por el gobernador del SNB, podría ser un paso de emergencia, pero probablemente no muy efectivo que pondría obstáculos al sector financiero suizo.

Eventualmente habrá una moneda más fuerte y segura en la puerta de Suiza asociada con una economía como la suya, pero mayor, llamada Alemania. El problema es que es difícil prever cuándo llegará ese día, así como el final de este póquer de divisas. Hasta entonces los relojeros convertidos a apostantes no pueden darse el lujo de parpadear.

Por Ian Campbell