Literatura

Escritura para comprender los miedos y convivir con ellos

Leopoldo Brizuela presenta la obra con la que ganó el Premio Anagrama.

En una noche de 1976, unos sicarios de la recién nacida dictadura argentina entraron en la casa de una posible opositora; en su búsqueda, accedieron a otro domicilio donde un niño de 12 años, presa de la tensión, se puso a tocar el piano. En 2010, una banda mafiosa de policías entró para robar en un domicilio próximo al de Leopoldo Brizuela (La Plata, Argentina, 1963). El novelista compagina ambos hechos reales que vivió de manera próxima y compara la Argentina de entonces con la actual en Una misma noche, el libro con el que ha conseguido este año el Premio Alfaguara.

"No se trata de una liberación, de perder de vista algo de lo que debiera desprenderme. Se escribe para intentar comprender, para convivir con hechos como estos", explica Brizuela, que maduró durante 30 años sus experiencias como niño y adolescente bajo el régimen militar hasta que ese asalto reciente le llevó a cristalizar todos sus sentimientos, a extraer sus sensaciones en aquellos instantes en que estuvo "a un segundo del abismo".

Evidentemente, el traumático proceso de los años setenta y ochenta está generando literatura y cine: "Es necesario hablar de ello, tenemos que agotar ciertos clichés", explica Brizuela, que además señala cómo lo ocurrido entonces se ha integrado hasta hoy en el inconsciente colectivo de su país, condicionando la mentalidad de los ciudadanos: "Cuando se produjo el asalto en 2010, ni consideré la posibilidad de llamar a la policía. Simplemente, es algo con lo que no cuento. Resulta muy significativo".

La novela se plantea como el cuaderno de notas de un detective que sigue ambos acontecimientos. El estilo es lacónico, directo, muy diferente del que dio a Brizuela sus primeros éxitos con obras como Inglaterra. Una fábula (Premio Clarín 1999). "En una ocasión vi a una actriz recitar el relato de la madre de un desaparecido. Ponía un dramatismo que no estaba en las palabras. Estas eran elocuentes en su desnudez descriptiva, y he buscado un efecto similar".

Además de su labor como creador, Brizuela da clases de escritura y comenta su validez en momentos de dificultades como los que atraviesa la sociedad española. "En Argentina, en los peores momentos, no faltaban alumnos a mis clases. La gente seguía pagando en medio de grandes dificultades; me decían: 'al menos, que nos quede escribir lo que sentimos'. Ni siquiera ha habido una caída de ventas de la buena literatura, solo de los best sellers, porque es un alimento de primera necesidad, al menos para algunas personas". Brizuela no puede ocultar, además, que percibe similitudes entre el clima social previo al corralito argentino y el que ha encontrado en el Madrid que visitó esta semana.

Aunque alguno de sus libros anteriores fue editado en España, Brizuela confía en que el premio le abra del todo la puerta a este lado del Atlántico. Si bien espera igualmente una mayor descentralización del mercado editorial en español: "Antes, con los escritores mexicanos, nos encontrábamos aquí. Es un fenómeno que está cambiando".

Quince años que muestran consolidación

La presente edición del Premio Alfaguara supone una incuestionable consolidación del galardón como uno de los más destacados del ámbito de la lengua española. Dotado con 175.000 dólares -unos 133.000 euros- y con distribución garantizada a ambos lados del Atlántico, en 19 países, este año optaron a él 785 manuscritos, de los cuales 478 llegaron de países americanos y 307 de España.

Los 14 premios precedentes han conocido numerosas traducciones a otros idiomas. Los más afortunados en este sentido han sido la obra galardonada en 2004, Delirio, de la colombiana Laura Restrepo, y la de 2007, Mira si yo te querré, del español Luis Leante; ambas han conocido ediciones en una veintena de países fuera de los de lengua española.

Además, varios títulos han sumado premios destacados, como es el caso de la galardonada de 2009, El viajero del siglo, del argentino Andrés Neuman, que recibió el Premio de la Crítica Literaria español. Abril rojo, del peruano Santiago Roncagliolo, obtuvo el año pasado el Independent Foreign Fiction Prize británico.