COLUMNA

¿Cambio de rumbo?

El triunfo de François Hollande en Francia abre las esperanzas del regreso de la socialdemocracia a otros países. De haber estado gobernando en 11 de los 15 Estados miembros de la UE a principios del presente siglo, hoy solamente tienen las riendas en 5 (de 27). Se estaban preparando para una larga travesía del desierto, pero el resbalón de Nicolas Sarkozy ha catapultado a la izquierda tradicional a encarar la responsabilidad de proponer innovadoras políticas. Hollande les abrió la puerta al oponerse a las medidas de austeridad decretadas por la UE. Ahora la agenda es una combinación de prudencia en el gasto y política de crecimiento, mediante la inversión pública y el apuntalamiento del Estado de bienestar.

La derrota de Sarkozy debilita también la posición hegemónica de Angela Merkel en una Alemania que debe decidir entre liderar férreamente Europa (traducción: insistir en la austeridad) o plegarse a las voces en contra (contemporizar con la crisis). En caso de que sus huestes democristianas pierdan el poder en más länder, después del resbalón en Schleswig-Holstein, estos deslices pueden generar un efecto dominó en el resto de la federación. El descenso de la utilidad del partido liberal, necesario apoyo en la coalición gobernante, sería la gota que colmaría el vaso antes de las nuevas elecciones. Pero en ese guion un tanto rosáceo para los socialistas se entrometen algunas dificultades presentadas por acontecimientos electorales simultáneos a la carrera hacia el Elíseo. En primer lugar, no se sabe cómo se comportará el partido socialista alemán y cómo podría estar arropado por otras formaciones afines en otros países. Algunos de ellos todavía están noqueados por las derrotas sufridas en los años recientes. El debate interno de la socialdemocracia, tanto en la evolución interna en el continente, como en el agotamiento por la llamada tercera vía del Partido Laborista, no ha producido hasta hoy una agenda creíble.

En segundo lugar, si los comicios franceses deben ser correctamente interpretados como de gran alcance europeo, entonces habrá que descifrar y analizar a fondo dos ejercicios de este domingo de grandes consecuencias. Por un lado, hay que prestar atención al caso griego, también de elecciones parlamentarias. Por otro, conviene echar una mirada a los comicios en países que están llamando a las puertas de la UE, a la que el grueso del continente desprecia y señala como origen de los males actuales. En la antigua Yugoslavia, la UE se juega su penúltima carta de la difusión de sus valores y ventajas. En el caso griego, el electorado estaba acorralado por las drásticas medidas de recorte de gastos y evaporación de expectativas. El resultado fue contundente, expresando el rechazo no solo a las medidas reductoras, sino al sistema tradicional de representación democrática. Técnicamente, el ganador ha sido Antonis Samarás, de la conservadora Nueva Democracia (ND), pero solo con un 20% de los votos. Junto a su histórico contrincante, el socialista Pasok, con el que ha ido alternando en el poder desde la II Guerra Mundial, han sido abofeteados por los votantes. Juntos, solamente han cosechado un tercio de los votos, mientras en el pasado acaparaban casi el 80%.

A la siniestra de los socialistas, la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), con casi el 16%, se convierte en el segundo partido más votado. Al otro extremo, los neonazis de Aurora Dorada arañan el 6,8% de los sufragios, insólitamente en un país que sufrió la ocupación hitleriana durante cuatro años. Juntos complican el escenario y las perspectivas de coalición con uno de los hasta ahora grandes para poder gobernar. Para resolver el rompecabezas de Gobierno, con una serie de combinaciones entre fuerzas ideológicamente separadas, no se descarta otra elección inmediatamente. Sería un mayúsculo desastre para el país, en quiebra técnica, con un pie en el euro y otro fuera de la UE. Pero mientras la ultraizquierda se opone a las medidas de la UE, los neonazis exigen la salida inmediata

En Serbia, casi la mitad de los votantes en la primera vuelta de las presidenciales y las legislativas generales se han quedado en casa, como aviso ambivalente. El 20 de mayo el actual mandatario, el proeuropeísta Boris Tadic (26,7%) y el ahora arrepentido ultranacionalista Tomislav Nikolic (25%) se enfrentarán por la presidencia. En el terreno legislativo, la suerte fue al revés: el partido de Nikolic ganó con un 24,7%, un poco por delante; en segundo lugar quedó Tadic, con un 23,2%, y en tercer término, los socialistas del SPS, con un 16,6%. En contraste con otros países, los tres están de acuerdo en priorizar la entrada en la UE. No les queda más remedio, después de haber conseguido limpiar el territorio de los genocidas que los gobernaban hace apenas dos décadas. Con Croacia ingresando el año próximo, el caso de Serbia puede ser una prueba crucial para la efectividad de la UE, al menos en lo que parece históricamente más efectiva: la pacificación y la consolidación de la democracia. En conclusión, a la espera de otros ejercicios, el sufragio francés también ha generado otro triunfo, aunque sea meramente lingüístico: Vive la différence.

Joaquín Roy. Catedrático 'Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami