TRIBUNA

Mujeres y hombres en el mercado laboral

Los servicios públicos de empleo registraron, en el mes de febrero, un aumento de 112.269 personas (2,4%), hasta alcanzar la cifra de 4,7 millones desempleados. La disminución de la actividad económica ha conducido a España, como a la mayoría de países, a un aumento rápido del paro.

En este sentido, ¿ha perjudicado por igual la crisis económica a los hombres y a las mujeres sobre el mercado laboral? La evolución ha sido muy distinta según sexos. La caída del sector inmobiliario ha producido que la mayor destrucción de empleo se concentre en el sector de la construcción (-1.417.000 empleos), con una pérdida de casi seis empleos por cada diez destruidos. Así, el empleo de los hombres, entre 2007 y 2011, ha disminuido más del 18% por su mayor presencia en los sectores de la construcción (93%) e industria (75%), aglutinando una pérdida de empleos del 81% del total. Mientras el descenso de las mujeres fue del -5,6%.

Por otra parte, el aumento del paro ha sido mayor en los hombres (223%) que en las mujeres (132%) y acelera la disminución de las distancias en las tasas de paro entre sexos: en 2007 había una diferencia de 4,2 puntos porcentuales, hoy es de 0,9 puntos porcentuales, hasta llegar a una tasa de paro del 22,4% los hombres y del 23,3% las mujeres. Sin embargo, está evolución podría cambiar a medio plazo. La austeridad y el rigor presupuestario afecta principalmente al empleo público y sector servicios, con mayor presencia femenina, por depender de financiación pública: educación y sanidad, con una participación del 76% y 66% respectivamente. Así, en el último trimestre de 2011, más de 58.000 mujeres en sanidad perdieron su empleo.

En España se ha producido un aumento en la participación de la mujer en la población activa y un retroceso en los hombres. Mientras la tasa de actividad disminuye entre los hombres en 1,4 puntos porcentuales, aumenta en las mujeres (5,2 puntos porcentuales). A pesar de estos avances, hoy su tasa de empleo es del 52%, aún lejos del objetivo marcado en la Estrategia de Lisboa (60%).

En la Unión Europea, aunque han evolucionado favorablemente las condiciones de las mujeres en el mercado laboral, todavía queda mucho por hacer. Es el caso de los países nórdicos, cuyos modelos de igualdad de sexos se nos presentan como paradigmas, sobre todo en conciliar vida profesional y familiar, prestaciones familiares y en colegios de infancia, pero paradójicamente no figuran en los primeros lugares del ranking del mercado laboral. Así, las mujeres en el sector público trabajan normalmente a tiempo parcial (41%) con un salario un 20% inferior a los hombres (la media de la UE es del 17%). Lo mismo sucede en Francia, según un informe del Conseil d'analyse économique, un 80% de la producción doméstica recae sobre las mujeres y de las que trabajan, un 30% lo hace a tiempo parcial, con una remuneración salarial un 19% inferior a la de los hombres.

En nuestro país, a pesar de que la crisis ha incidido en menor medida sobre las mujeres, sus diferencias salariales (20% inferior a los hombres) no son un caso específico. Además, las españolas dedican a las tareas domésticas y familiares 19,5 horas semanales más que los hombres y el 23% de ellas trabaja a tiempo parcial frente el 6% de los hombres.

Por último, la participación creciente de las mujeres en el mercado laboral es un factor de mejora de la actividad económica, pero no debe hacerse a costa de desigualdades. Por ello, el objetivo debe ser crear las condiciones que permitan a las personas, y en particular a las mujeres con hijos pequeños, permanecer en la población ocupada. Para responder a esta situación será necesario centrar más la atención en la igualdad de oportunidades y en la no discriminación, en implementar estrategias igualitarias.

Para ello, se debe reforzar la conciliación del trabajo y la vida familiar con sistemas flexibles de trabajo, facilitar el acceso a los permisos parentales, a la creación y modificación de horarios de los servicios de cuidados de niños y personas dependientes, potenciar la adaptación de horarios de trabajo y, de forma general, la organización del trabajo, favorecer el acceso a la formación, eliminar la discriminación salarial existente, etcétera.

Vicente Castelló. Profesor de la Universidad Jaume I