EDITORIAL

Un esfuerzo realista para una situación crítica

El presidente del Gobierno desveló el viernes en Bruselas los escenarios de actividad económica y desempeño fiscal con los que trabaja España para este y el próximo año. Ante el retraso con el que las autoridades comunitarias piensan analizar, y en su caso relajar, los objetivos de consolidación fiscal de España, Mariano Rajoy ha puesto sobre la mesa una apuesta arriesgada: reducir el déficit fiscal español solo hasta el 5,8% este año, frente al 4,4% comprometido hasta ahora en el Programa de Estabilidad y Crecimiento. Amparado en un escenario macroeconómico mucho más adverso que el planteado por las propias autoridades económicas comunitarias para la economía española, con un descenso del PIB del 1,7% real en un año en el que solo se logrará estabilizar la economía en el cuarto trimestre, el presidente del Gobierno ha aliviado notablemente los sacrificios esperados. Ante la incapacidad de recortar un diferencial de más de 40.000 millones de euros, fundamentalmente con reducciones de gasto, dado que la situación de parálisis de la economía no permite sobreesfuerzo alguno en los ingresos, el Gobierno desafía abiertamente las exigencias de Bruselas, que seguramente tendrá que admitir finalmente que el caballo no soportaría vacuna tan fuerte, que una economía debilitada no soportaría un ajuste de 40.000 millones de euros.

Por tanto, los nuevos escenarios presupuestarios, sobre los que se desconocen detalles sobre gastos e ingresos, son los más realistas para una situación tan dramática de la actividad, que prevé incluso la destrucción de 630.000 empleos adicionales, que puede acercarse peligrosamente a la barrera de los seis millones de desempleados, cifra mareante y que coloca al país al borde del estallido social.

Complicada papeleta tiene Bruselas si tiene que sancionar a España por dejar para 2013 un sobreesfuerzo fiscal de cerca de 30.000 millones, tras hacer uno similar este año, y en plena recesión. Tan complicada como la que tiene el propio Gobierno para alcanzar el 3% de desequilibrio fiscal en 2013 si no le acompaña el crecimiento de la economía y la generación significativa de bases imponibles en el medio plazo. Rajoy apuesta todo a que la recuperación llegará en 2013, como apuesta a que los mercados entenderán los sacrificios que hace España, así como los esfuerzos de transformación de los fundamentos económicos con unas reformas que recompongan el ánimo de la inversión y el consumo en los agentes económicos.

No hay que olvidar que este cuadro macroeconómico y este objetivo de déficit, coherente el primero con el segundo, son contemporáneos de medidas urgentes tomadas por el Gobierno el último día de 2011, así como por tres reformas capitales que deberían devolver a España la confianza que ha perdido entre los financiadores exteriores y entre los nativos: el saneamiento, capitalización y ajuste del sistema financiero; la reforma laboral que facilite el abaratamiento del factor trabajo para lograr los efectos de una devaluación imposible de forma cambiaria, y la creación de los mecanismos para que miles de empresas, de todos los tamaños y sectores, puedan cobrar los más de 35.000 millones de euros que en facturas por servicios y bienes suministrados les deben las Administraciones autonómicas y locales.

Si uno de los principales problemas que tienen las empresas es la financiación, en buena parte se verá resuelta con la línea de crédito abierta para que las Administraciones públicas paguen sus deudas y se financien con crédito bancario (al 5% durante diez años, con dos de carencia), en vez de con retención de tesorería que debería estar en el circulante de las empresas, de la economía real. Mientras se desatasca el crédito bancario regular, que no lo hará antes de que se reajuste el sistema financiero, las empresas aliviarán sus cuentas con este flujo de liquidez, que bien podría atemperar, en muchos casos, las tentaciones de ajustes adicionales de plantillas aprovechando las facilidades de la reforma laboral.

En próximos días veremos reacciones más atinadas de los mercados financieros; pero bien podrían estar, como en días pasados, anestesiados por la inyección de liquidez a tres años del BCE, que también los Gobiernos, incluido el español, deben utilizar para poner sus cuentas en orden.