TRIBUNA

Convenios colectivos: no son las normas, es el fondo

En estos días de presentación de programas electorales y de propuestas para enderezar la grave situación de paro y destrucción de empleo, una vez más, oímos propuestas de reforma de la estructura y contenidos de la negociación, dando a entender que nuestro problema, hoy, de las relaciones laborales es de normas y no de fondo; que el problema de las dificultades de relacionar los costes salariales con la marcha de la empresa y la abusiva flexibilidad externa (eventualidad y despidos), frente a la interna (jornada irregular, polivalencias…), es un problema de normas.

Sin embargo, recordemos que se han hecho cuatro reformas en tres años y podríamos hacer 101 y seguir con una negociación colectiva pobre, incapaz de ser un instrumento útil y eficiente. Y así, año tras año, actuamos como ese mal entrenador de fútbol cuyo equipo no gana un solo partido y explica su fracaso por la existencia de la norma del fuera de juego, sin atender a que su problema real es de fondo y que no lo resolvería ni cambiando el reglamento entero.

Antes de encontrar soluciones fáciles, como el cambio cada seis meses de las normas, sería mejor que analizáramos con rigor aquello que debemos mejorar. Para ello, solo debemos mirar, sin sectarismo, en el interior de muchas empresas y ahí podremos ver muchas de nuestras debilidades que, unidas a nuestro agotado y débil modelo productivo (lo que producimos, cómo lo producimos y a qué precio lo producimos), explican unas relaciones laborales llenas de desconfianza o de confrontación entre empresario y trabajador que necesitamos superar si el objetivo es construir un nuevo modelo que represente una fortaleza para la permanente mejora de la competitividad de nuestras empresas. Y no hay otro eje que la implicación y la participación de los trabajadores y trabajadoras y de sus sindicatos.

Detectado el principal escollo, el de la desconfianza mutua, es hora de preguntarnos cómo se articula un modelo que permita establecer la adecuada relación entre los costes salariales y la situación de la empresa y que al mismo tiempo genere confianza en el trabajador y eleve su nivel de compromiso con la mejora de la productividad. Pero eso sí, conscientes de que la productividad es un mix de esfuerzo del trabajador, mejora formativa, aplicación de tecnología y eficaz gestión, lo que exige compromiso por ambas partes. Y cuando las cosas vayan bien, los beneficios deben ser para todos.

Necesitamos nuevos convenios colectivos que incorporen, en justa correspondencia, a sus instrumentos de flexibilidad, los necesarios derechos de participación e información de los trabajadores y sus representantes sobre los resultados, los proyectos y la marcha de la empresa. Solo estos convenios pueden ser la base del cambio de modelo. El ejemplo lo tenemos en esos países a los que envidiamos su capacidad de adaptación y su positiva combinación de flexibilidad y seguridad. Pero demasiadas veces se mira solamente una cara de la moneda y se oculta que estos son también los países con mayor equilibrio, protección social, empleo estable, sindicalización y derechos de formación, de información y participación.

Dos caras de la misma moneda de las relaciones laborales cooperativas. En una cara, la necesaria flexibilidad, adaptación permanente e implicación, y en la otra, seguridad, transparencia, información y participación.

En estas fechas de programas electorales y de anuncio de reformas, la firma del XVI Convenio de la Industria Química por parte de Fiteqa- CC OO y la patronal Feique expresa que efectivamente es posible avanzar desde el convenio de sector en un modelo que suponga un referente claro para el conjunto de las más de 5.000 empresas y los cerca de 200.000 trabajadores de todo el Estado, por ser una fortaleza para la competitividad de las empresas y una garantía de los derechos de las personas que trabajan en este sector.

Y es por ello que merecen la pena todos los esfuerzos para construir unos convenios de sector debidamente actualizados en sus contenidos y ámbitos, para convertirlos en una herramienta para la modernización de nuestras relaciones laborales o, al menos, esta es la experiencia de uno de los mayores convenios sectoriales de nuestro país, esta es la experiencia del convenio general del la industria química.

Joaquim González Muntadas. Secretario General de FITEQA-CC OO