COLUMNA

Mucho mejor sin pruebas de estrés

Realizar pruebas de estrés sin credibilidad puede ser peor que no hacer ninguna. Eso es algo que la Autoridad Bancaria Europea aprendió por las malas el año pasado. Y, con todo, su homóloga en seguros, la Autoridad Europea de Supervisión de Seguros y Pensiones (Eiopa, por sus siglas en inglés) ha cometido un error similar.

La Eiopa ha repetido el fallo de no considerar los efectos de un posible default de deuda soberana en Europa. Lo que resta credibilidad a sus afirmaciones de que solo diez de las 129 aseguradoras suspenden los exámenes.

El regulador está implementando el llamado régimen de Solvencia II, el cual exigirá a las aseguradoras valorar las necesidades de capital basado en modelos adecuados de riesgo. Aunque las reglas no entran en vigor hasta enero de 2013, la Eiopa ha obligado a las aseguradoras a comprobar lo bien que podrían arreglárselas frente a un choque macroeconómico.

Desafortunadamente el escenario no es lo suficiente extremo. Las aseguradoras han sido probadas bajo el supuesto de una caída del 15% en el precio de las acciones bursátiles y un 12% del valor de las casas. Y el regulador solo ha examinado a las aseguradoras para que vean si pasan las dos normas de capital más débiles de Solvencia II.

Hay que reconocer que el propio Solvencia II tiene imperfecciones. El nuevo régimen da el mismo peso a la deuda de la periferia de la zona euro que a los bonos alemanes o franceses. La Eiopa ha tratado de sortear este problema haciendo tener en cuenta a las aseguradoras el impacto de un aumento de los rendimientos de la deuda periférica. Pero para Grecia anotó un movimiento de 225 puntos básicos -muy por debajo del aumento de 350-400 puntos básicos que de hecho se ha producido este año-.

Sin embargo, lo realmente peculiar es que la Eiopa ni siquiera ha identificado a las 13 aseguradoras que no han pasado las pruebas, asegurando que las reglas de Solvencia II pueden cambiar aún. Como resultado, el regulador se las ha arreglado para poner de manifiesto la debilidad de la industria aseguradora europea sin dar a los inversores ninguna confianza de que los problemas estén siendo abordados. Incluso el año pasado las desacreditadas pruebas de estrés realizadas a los bancos lograron nombrar y avergonzar a los perdedores. La reguladora de seguros, por el contrario, probablemente habría hecho mejor en no hacer nada.