EDITORIAL

Recapitalizar la banca para hacerla atractiva

Contaba un banquero británico que el negocio financiero tradicional consistía en algo tan simple como tomar dinero de la gente solvente y prestárselo a los insolventes. Dicho así parece fácil, pero ¿cómo distingue usted a unos de los otros?, preguntaba su interlocutor: "Hombre... la gente solvente no va por ahí pidiendo dinero a cualquiera". En definitiva, que hace un siglo la dificultad estribaba, exactamente igual que ahora, en determinar quién era solvente y quién no, quién tenía y quién no capacidad de repago, quién despertaba y quién no la confianza en los financiadores. Eso sí, había una diferencia capital en el negocio que lo convertía entonces en seguro y aburrido, y lo ha transformado ahora, un siglo después, en arriesgado y chispeante. La banca tenía entonces un capital del 25% y esperaba solo una rentabilidad del 5%, y ahora con un capital de solo el 5% sobre el volumen de crédito sus accionistas esperan una rentabilidad del 25%. El negocio al revés tras un siglo de experiencia, y casi toda la banca comercial amenazada por distinguir cada vez menos entre solventes e insolventes en una espiral desenfrenada de lograr retornos cada vez mayores a capitales menores.

Ahora, tras cuatro largos años en el diván purgando los errores, la banca trata de recomponer su función con un reforzamiento de su capital, porque de volver a intermediar correctamente entre ahorro e inversión depende el crecimiento de la actividad económica en medio mundo. En Europa, pese a estar parcialmente al margen de los activos derivados que encendieron la mecha de la crisis, todas las entidades han participado, en mayor o menor medida, de la expansión del crédito aprovechando las anormalmente bajas tasas de interés durante tanto tiempo que provocaron recalentamiento excesivo en algunos mercados inmobiliarios, como el irlandés, el británico o el español.

Y quienes no habían tomado partido en la borrachera de crédito han sufrido igualmente la paralización de la actividad y el crecimiento de los impagados por la crisis económica generalizada. Aunque se ha esquivado en varios países la nacionalización, inevitable en las islas británicas, la banca está encajando lentamente los efectos perversos que sobre las cuentas de resultados y sobre su capital tiene la aparición de activos devaluados y la paralización de la actividad. Hoy por hoy, pese a las devaluaciones fortísimas de los precios de sus acciones, la banca europea dista mucho de ser un activo apetitoso para los inversores. La visibilidad que ofrece el sector, cuando siguen pendientes los test de estrés en toda Europa y cuando está sin resolver la crisis griega, en la que tienen intereses importantes la banca francesa y alemana, es muy escasa.

En España, donde la banca ha estado bien gestionada tradicionalmente y razonablemente bien supervisada en las últimas décadas, y donde la mayoría de las entidades, al menos las sistémicas, tienen un alto grado de diversificación geográfica del riesgo, sigue siendo un sector que acapara pocas recomendaciones para los inversores, aunque ello se deba más a la mitad del sistema financiero que no cotiza que al que sí lo hace desde hace muchos años. En todo caso, la reforma del sistema financiero realizada por el Gobierno ha terminado obligando a todas las entidades a someterse al escrutinio del mercado, y tras la llegada de La Caixa al parqué esta misma semana, en las próximas lo harán tanto Bankia (Caja Madrid, Bancaja y cinco entidades más) como Banca Cívica, y será cuestión de meses que el resto de las cajas recompongan su solvencia con capital privado o con dinero público. Culminado tal proceso, no habrá excusas para dosificar el crédito, y se habrá desatado uno de los nudos más apretados de la economía, que cortocircuita el paso de la financiación.

Pese a que los nuevos valores llegan al mercado bursátil con descuentos muy importantes y que parece estar bastante asegurada la colocación del papel, serán más seguros y estables una vez ensanchada la base de capital, y una vez despejadas las dudas que pesan sobre el crecimiento de la economía. Filtrados los activos inmobiliarios, que tardarán una temporada en abandonar los balances, los activos de las cajas de ahorros tienen atractivo comparable con el resto de la banca cotizada, tanto en España como fuera, y serán una oportunidad de inversión de largo plazo a tener muy en cuenta.