Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Arquitectos

"Se hicieron museos y estadios vacíos y bibliotecas sin libros"

Sostienen que una crisis como la actual debe llevar a España a aprender que hay que "planificar mejor", que los recursos son "limitados" y a no dejarse guiar solo por la imagen

"Se hicieron museos y estadios vacíos y bibliotecas sin libros"
"Se hicieron museos y estadios vacíos y bibliotecas sin libros"

Juntos desde 1971. Desde su despacho de Sevilla llevan la remodelación del Estadio de La Peineta para el Atlético de Madrid, parte del campo de la salud de Granada y un edificio administrativo en Cádiz. En el exterior, el Rijksmuseum de Ámsterdam y viviendas en Utrech y Rotterdam. Dicen que las claves de una relación profesional tan estrecha son la afinidad cultural y social y la generosidad con las ideas del otro. Los dos responden a todas las preguntas, pero prefieren no personalizar las opiniones.

¿Cómo definen su proyecto para La Peineta?

Es una historia larga que parte de la idea de remodelación del estadio para albergar los juegos de 2012 y luego de 2016. Si Madrid hubiera conseguido las Olimpiadas, primero hubiera sido estadio olímpico y luego se convertiría en campo para el Atleti. Como no fue así, será para el Atleti y luego se adaptaría a estadio de atletismo. Es un proyecto muy ambicioso, que modifica muchísimo el aspecto del edificio. Todo el mundo sabe que es un estadio un poco raro en el que todos los espectadores están en el mismo lado. Buscamos un estadio más normal con espectadores en todos los laterales, pero mantendremos la peineta aunque con muchas modificaciones. El desafío es lograr que el nuevo edificio no aparezca como un conjunto de dos, sino que tenga una unidad una vez terminado y que la imagen de la peineta se conserve y se pueda reconocer el edificio original.

¿Cómo entronca con su trayectoria?

Ese proyecto fue muy importante hace muchos años para nosotros. La transformación de edificios existentes es muy frecuente en nuestro estudio. En este caso, es que transformamos radicalmente un edificio nuestro. El Rijksmuseum también es una transformación de un edificio existente. Uno acaba siendo especialista no en las cosas que se propone o quiere, sino en las que el destino le trae. No teníamos la pretensión cuando empezamos de ser especialistas en transformación de edificios, en estaciones ni en estadios deportivos. Es azar.

¿Qué tiene de particular la arquitectura deportiva?

Es muy eufórica, festiva, son edificios que están vacíos buena parte de su vida y se llenan en periodos muy cortos. La inauguración de un estadio es lo más excitante que le puede pasar a un arquitecto. Está vacío los años que dura la construcción y en media hora se llena. No es como inaugurar una biblioteca. Eso conduce a una arquitectura de cierta espectacularidad, relacionada con la fiesta que es el deporte. Exige que se entienda con facilidad. También, funcionalmente es bastante compleja por el número de distintas familias que se mueven dentro de un estadio y que tienen que estar separadas, pero coincidir al mismo tiempo.

Tienen un portafolio muy variado de obras. ¿No se han planteado la especialización?

No. El arquitecto hasta ahora sigue siendo un generalista de la construcción en un mundo de especialistas. Es mucho más divertido que uno se vaya encontrando situaciones distintas. Pero es cierto que la demanda social va por la especialización.

¿Qué ha de tener un estudio para ser competitivo actualmente?

Haber diversificado la actividad, pues a nosotros nos ayuda mucho tener una oficina en Holanda, cuya economía está creciendo al 3%. Allí ha habido crisis inmobiliaria, pero no de la intensidad de la de aquí. También ayuda tener trabajos de larga duración porque pasan por encima de las crisis. El proyecto del Rijksmuseum empezó en 2001 y se inaugurará en 2012 y 2013.

¿Qué enseña una crisis así?

Aunque parezca un poco arrogante, sabíamos que iba a pasar. Cuando veíamos que estábamos haciendo viviendas en Rotterdam y que se iban a vender a precios mucho más bajos que en Sevilla o Madrid, algo extraño iba a ocurrir. Hay que ser más cautos, planificar mejor, ser más conscientes de que los recursos son limitados, y en España se han hecho muchos edificios que no responden a una economía real y que estaban excesivamente influidos por la imagen. La búsqueda de la imagen ha sido una obsesión tremenda para los políticos españoles. Lo que ha sucedido ha sido obsesivo. Son pecados capitales españoles, un comportamiento de nuevo rico. Se han hecho edificios enormes para bibliotecas que no tienen libros, museos y estadios de atletismo vacíos. En España, nos movemos entre el pico y la depresión.

"El arquitecto español es bienvenido en el exterior"

¿Qué le parece que los jóvenes arquitectos tengan que emigrar?

El arquitecto joven español es bastante bienvenido fuera por su formación. En España no hay casi ningún trabajo que hacer. La situación del arquitecto medio es dramática. La caída de actividad es tremenda, ha debido caer al 20%, está en las estadísticas. No vemos tan dramático que se tenga que emigrar. Está pasando en toda la industria española.

¿A los arquitectos extranjeros se les ha rendido demasiada pleitesía en España?

No me parece mal que se les abran las puertas, pero que hagan lo que les dé la gana, no. Los que los contratan manejan fondos públicos. En España ha habido un edificio que ha marcado época, el Guggenheim, ha sido un punto de inflexión porque a través de un proyecto de un arquitecto estrella la ciudad ha conseguido un rédito tremendo. Si comparamos los trabajos que han hecho arquitectos extranjeros con los que hemos hecho algunos en el exterior, el balance es negativo para nosotros. La manera en que se mira el dinero público en España es muy particular. Falta comprender dónde estamos y qué poder adquisitivo tenemos.

¿Se puede hablar de una tendencia en la arquitectura española?

En este momento hay representación de las distintas corrientes que hay en Europa. Hay que distinguir. En España debe haber 30.000 arquitectos. Si uno recorre la periferia de las ciudades, el resultado no puede ser más decepcionante si entendemos la arquitectura no como lo que producen los arquitectos, sino lo que produce la sociedad. Es fruto de la regulación urbanística, el control político y lo que demanda el cliente. En la arquitectura de élite, España es uno de los cuatro o cinco países europeos más interesantes. Pero en otros países el control social es mucho mayor y evita que haya catástrofes. El arquitecto en España tiene mucha más libertad, pero la responsabilidad sobre problemas en el edificio es mucho mayor.