COLUMNA

Una tercera vía para el Fondo Monetario

Las economías emergentes siempre quisieron tener más voz en los asuntos del Fondo Monetarios Internacional (FMI). Y el sorprendente arresto de Dominique Strauss-Kahn el pasado fin de semana debería acelerar ese momento. Mientras los europeos han dirigido tradicionalmente el FMI, el fichaje de un nuevo director gerente de uno de estos países gana peso.

Las naciones más pobres han visto a menudo al FMI como un instrumento del poder económico de EE UU y Europa. Y el tradicional reparto del liderazgo de estas instituciones con un europeo para el Fondo y un norteamericano para el Banco Mundial (BM) lo han demostrado. Por su parte, los países en desarrollo han sido vistos más como potenciales demandantes de la generosidad del FMI que como valorados accionistas. Y hasta hace relativamente poco, el voto de las nuevas potencias del mercado tenía relativamente menos fuerza que su peso económico.

Pero los viejos argumentos para consolidar los poderes del mundo desarrollado en ambas organizaciones están anticuados. Tampoco reflejan el nuevo equilibrio del poder económico global y los retos que estos suponen para el FMI en los próximos años. Además, hay muchos candidatos fuertes, con relativamente más experiencia que en las naciones desarrolladas -algo que podría no haber sido el caso en años anteriores-.

Es cierto. Abrir el campo a los no europeos podría ocasionar tensiones. A cualquier país de los BRIC le encantaría ver a uno de sus nacionales ocupar el primer puesto. Pero una disputa entre ellos ayudaría a los europeos a ocupar el cargo. Su prioridad debería ser, por tanto, trabajar juntos para romper el monopolio del viejo mundo.

El compromiso de los candidatos podría incluir al turco Kemal Dervis. Como ministro de economía regateó con el FMI un plan de rescate en 2001 y trabajó durante dos décadas en el BM. Otra opción popular podría ser el veterano sudafricano y ex ministro de Finanzas Trevor Manuel, quien se ganó el respeto en su presidencia del Comité de Desarrollo del BM.

Las reformas de Strauss-Kahn mitigaron el escepticismo de muchos años sobre el FMI. Nombrar un nuevo director de un país en desarrollo sería la mejor opción para convencer a los más pesimistas.

Por Christopher Swann