El Pastor y los CoCos

¿Está el Pastor (el banco) mostrando el camino al resto? La emisión de bonos obligatoriamente convertibles

de la entidad gallega tiene más enjundia de la que a priori entrañan estas cosas. Por tres motivos: el dónde, el cuándo y el qué.

Son bonos obligatoriamente convertibles, es decir, dentro de un plazo determinado (en el caso del Pastor, en 2014), se convertirán automáticamente en títulos de la entidad. Los compradores, por más que en los primeros tres años mande la rentabilidad del 8,25%, en realidad compran el futuro de una acción, con los riesgos a ello asociados.

Precisamente esta mayor dosis de riesgo es lo que permite que este tipo de deuda pueda ser considerada capital, según la carta enviada por Economía al sector financiero. Y la colocación en la red comercial permite a las entidades sortear el asedio de los mercados financieros a la parte más débil del sector.

En esta ocasión, al menos, el pagano no es el clientelas acciones se convertirán a precio de mercado y el rendimiento del 8,25% es varias veces superior a lo que paga en dividendo el banco. Pero es conocido que en la red comercial se coloca, literalmente, cualquier cosa. Y la CNMV ya recordó el mes pasado al sector la normativa respecto a la comercialización de productos financieros.

El cuándo es relevante. Es la semana que viene cuando el Banco de Basilea debe decidir qué tipos de activos pueden computar como capital. No hay que ser un lince para darse cuenta de que el mercado aprovechará cualquier resquicio para captar el ansiado capital con más facilidad. Y una figura llamada contingent convertibles, CoCos, puede ser protagonista.

Son convertibles que pasan a serlo cuando se da una determinada condición, como por ejemplo la caída del core capital por debajo de un determinado umbral. Credit Suisse estrenó esta categoría al colocar 2.000 millones de dólares el mes pasado. Aunque ahora pueda parecer un instrumento financiero exótico, las participaciones preferentes tampoco dejan de ser híbridos entre deuda y acciones, y se colocaron amplia y fácilmente en el mercado minorista. Como también los productos estructurados, vinculados a la evolución de bizarras cestas de acciones o índices.

Conocido es el gusto de la banca por los productos complejos, especialmente cuando de este modo logra diluir la percepción de riesgo. De momento, los bonos obligatoriamente convertibles con precio fijado que cotizan en España no han dado demasiadas alegrías a los inversores. Pero, como dice el refrán, "quédese usted la ley y déjeme los reglamentos". Queda por ver la letra pequeña, tanto de las normas de Basilea como de las reglas de capital españolas, y de ésta dependerá que, después del Pastor, venga el rebaño.