COLUMNA

El BCE no necesita un jefe alemán

La salida de Axel Weber no reducirá la influencia de Alemania sobre el Banco Central Europeo. La noticia de que, probablemente, el jefe del Bundesbank no estará en la lista de candidatos para reemplazar a Jean-Claude Trichet en octubre tiene más influencia en la esfera política de la eurozona que en su política monetaria. Cualquiera que sea la identidad de su futuro presidente, el futuro a corto plazo del BCE se mantendrá firmemente anclado en la ortodoxia de línea dura, de inspiración alemana, que presidió la creación del euro hace 11 años.

Las razones para la posible retirada de Weber no son claras -es posible que no quiera el cargo-. Por otra parte, puede que el Gobierno alemán, su principal patrocinador, haya dejado de apoyarle. Y puede que su personalidad importe tanto como su nacionalidad. Weber ha mostrado siempre una tendencia a abrir la boca demasiado cuando debía abstenerse. El presidente del BCE debe ser un constructor de consenso y un comunicador hábil, y Weber no cumple esos requisitos.

Es posible que la canciller Angela Merkel haya identificado a otro candidato alemán creíble para el puesto del BCE. Klaus Regling, director del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) tiene una sólida formación como economista y responsable de Asuntos Económicos en la Comisión Europea, y probablemente sería de más agrado para otros miembros de la eurozona. También se puede dar el caso de que Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy -el dúo sin cuyo apoyo nadie puede conseguir el puesto del BCE- quieran demostrar que no están tratando de endosar un candidato a otros miembros de la eurozona. La propuesta franco-alemana de la semana pasada para un "pacto de competitividad" armó un jaleo entre países más pequeños, que protestaron contra una posible invasión de su soberanía.

El acuerdo de una reforma seria de la eurozona va a requerir arduas negociaciones en las próximas semanas. La insistencia en un presidente del BCE nacido en Alemania podría haber fracasado. En ese caso, el abanico de candidatos posibles a la sucesión de Trichet debe ampliarse para incluir los gustos del gobernador del banco central italiano, Mario Draghi, y del finlandés, Erkki Liikanen.

Orgullo nacional aparte, la verdad es que Merkel no necesita a un presidente alemán en el BCE para tener un banco central al estilo germano. El BCE es un órgano colectivo, de trabajo consensuado, centrado en luchar contra la inflación. La personalidad de su presidente es sin duda importante. Pero no tanto como su política, la cual difícilmente cambie pronto.

Pierre Briançon