A fondo

Bernanke, banquero central del mundo

La lista de las 21.000 operaciones con las que la Reserva Federal inyectó liquidez por un valor total de 3,3 billones de dólares (2,4 billones de euros) desde 2007 es todo un parte médico. La radiografía de una enfermedad cuyo diagnóstico, según Warren Buffett, fue un ataque al corazón financiero. Una de sus muchas manifestaciones fue un parón en seco del mercado del dinero. Los gestores de deuda a corto plazo, acostumbrados a dar salida a billones de dólares al día, tenían una mano sobre la otra en los últimos meses de 2008 y contemplaban con horror cómo se paraba la máquina. Bancos bien y mal gestionados, entidades con alta y baja exposición al riesgo, empresas solventes o no, la naturaleza del pánico desde Wall Street tocó casi todas las esquinas. El mercado estaba roto.

Ante la crisis financiera, el Gobierno de George Bush puso en marcha el TARP, como tratamiento. Un complicado programa de compra de activos tóxicos de la banca para cauterizar el mal. Aquella medicina dotada de 700.000 millones de dólares, se usó finalmente para inyectar dinero. Pero el verdadero tratamiento de choque se activó desde la Fed a través de una serie de instrumentos financieros. En total 11, poco ortodoxos y extraordinarios con el que su presidente, Ben Bernanke -un estudioso de la Gran Depresión- trató de mantener las constantes vitales del enfermo, es decir: estabilizar los mercados y apoyar la recuperación económica tras llegar al abismo.

El alcance de estas operaciones sólo se conoció cuando la semana pasada, y en cumplimiento de la nueva ley de regulación financiera la Autoridad Monetaria, tuvo que hacerlas públicas.

La Fed se convirtió en el banco de última instancia global

Los documentos muestran que la crisis fue mucho más dura de lo que se pensaba y que entidades como Citigroup, Merrill Lynch o Morgan Stanley pidieron ayuda a la Fed en más de 100 ocasiones -Goldman Sachs 85 veces-. También necesitaron liquidez, curiosamente, empresas como Harley Davidson, GE, Toyota y la mayor operadora de telefonía de EE UU, Verizon. Hedge funds que apostaron por la caída del mercado hipotecario tuvieron acceso a préstamos baratos para inyectar, a su vez, liquidez en el mercado del crédito al consumo.

La otra cuestión, la que más llama la atención, es que la asistencia por parte de Bernanke cruzó fronteras y la autoridad monetaria de EE UU se convirtió en el prestamista de última instancia de bancos en todo el mundo, sobre todo europeos. El suizo UBS, fue el mayor acreedor de financiación a corto con un total de 74.5000 millones de dólares. También acudieron a la Fed el británico Barclays -más tras la compra de Lehman-, el francés Société Général o el también británico Royal Bank of Scotland. Entre los menos afectados están los dos grandes españoles, BBVA y Santander que sufrieron el parón de los mercados, pero de manera mucho menos dramática que el resto. La oficina de Nueva York de Santander solicitó unos 200 millones en préstamos a muy corto plazo y en una sola ocasión. Calderilla para ese mercado. A la vista de la documentación, el senador Bernie Sanders, impulsor de la orden de desclasificar los documentos de la Fed, se preguntaba "¿se ha convertido la Reserva de EE UU en el banco central del mundo?".

Sin fronteras

Así lo muestra la documentación de la Fed, que de haber negado la ayuda a estos bancos tendría que haberse enfrentado al riesgo de tener filiales europeas operando sin acceso a los mercados de deuda a corto y entidades al otro lado del Atlántico que se deshicieran de sus activos americanos. Ello habiera deprimido aún más un mercado que tanteaba el cataclismo.

Bernanke tuvo que abrir la Fed porque los mercados financieros están abiertos y son globales. Aún no se ha llegado a acordar cómo hacer frente a esta cuestión en caso de crisis, pese a que las naciones reunidas en el seno del G20 saben que tienen en sus manos un sistema que salta fronteras.

Que la Fed sea el prestamista de última instancia pone de manifiesto cómo el sistema global bancario está creciendo en un mercado basado en la frágil confianza entre operadores y en el que EE UU, a pesar de la emergencia de otras naciones, sigue siendo dominante por ser la primera economía del mundo y tener la divisa, el dólar, que mueve todos los engranajes.