Pistas

Hacia una vida laboral (y personal) sin mentiras

El polígrafo o 'máquina de la verdad' es utilizado en España para investigar el currículum de candidatos a empleos.

Cuenta la historia que Diógenes el Cínico paseaba por las calles de Atenas con una lámpara, y a quien le preguntaba qué hacía le contestaba: "Busco un hombre honesto sobre la faz de la tierra". La suposición de que todos mienten se ha heredado siglo tras siglo hasta degenerar en la fabricación de lo que a muchos les sigue pareciendo ciencia ficción: la máquina de la verdad.

La controversia es la palabra que mejor define al polígrafo. Este termómetro de constantes vitales (sudoración, respiración y actividad cardiovascular) ha provocado debates no sólo en cuanto a su fiabilidad -que las estadísticas prueban muy elevada-, sino por las implicaciones éticas que representa partir de la base de que una persona está mintiendo.

Los debates han llevado a aplicaciones muy dispares según la tradición cultural. En Estados Unidos el polígrafo es considerado una prueba vinculante en un juicio penal y puede conducir a un sospechoso a la pena de muerte. Además, el Pentágono cuenta con un equipo de más de 500 poligrafistas, empleados en tareas de inteligencia. Sin llegar a estos extremos, la fiabilidad del polígrafo está tan reconocida en Reino Unido que los pederastas que abandonan la cárcel y que forman parte de programas de rehabilitación deben someterse cada cierto tiempo al polígrafo para demostrar que cumplen las normas establecidas. En estos países, no obstante, existen grupos de presión que están en contra del uso del polígrafo con fines legales.

Según Concha Pérez, psicofisiologista forense profesional y única mujer con titulación oficial de poligrafista en España, el problema ético queda anulado en el momento en que el polígrafo se utiliza con la vista puesta en la posibilidad de asegurar que eres inocente. "La gente piensa equivocadamente que les están acusando de mentirosos", afirma Pérez. "Nosotros lo planteamos del siguiente modo: un cliente contrata a una empresa para eliminar las sospechas sobre varias personas que pueden estar mintiendo. Así, ellos entienden que es una forma de demostrar que dicen la verdad y se someten al polígrafo voluntariamente", apostilla.

Este planteamiento no impide que en países como España el empleo de este aparato mantenga un halo de artificio. Pérez alega que se debe principalmente a la mala publicidad que han hecho sobre este aparato programas televisivos como La máquina de la verdad. Insiste en que el uso del polígrafo requiere una exhaustiva formación del examinador y una seria preparación de la persona que se somete a la prueba, que dura entre una y tres horas.

Errores clamorosos

Las asociaciones estadounidenses atribuyen al polígrafo una fiabilidad superior al 90%. También se producen errores, atribuidos por los expertos a errores en la lectura de los aspectos fisiológicos o por una preparación inadecuada del sujeto. Entre todos destaca la clamorosa equivocación cometida con Gary Leon Ridgway, el asesino en serie más prolífico de Estados Unidos. Era responsable de la muerte de 48 mujeres, pero pasó con éxito un examen poligráfico en 1987. Fue condenado cuando confesó.

Escasean las ocasiones en las que una persona consigue engañar de forma deliberada al polígrafo. O. J. Simpson, asesino de su esposa Nicole y su amante, pagó a un equipo de expertos y se preparó durante meses para engañar a la máquina. No lo consiguió.