Análisis

La Seguridad Social saca partido a la deuda

El aumento de la prima de riesgo beneficia al Fondo de Reserva, cuyo 90% se invierte en deuda española, un porcentaje que duplica al de 2007

La crisis ha generado a España una necesidad de endeudamiento histórica. A la política de incentivos para la recuperación que el Gobierno puso en marcha tras iniciarse la debacle del mercado laboral, le siguió luego la carrera por reducir el galopante déficit, que el país debe recortar del actual 11% al 3% del PIB para 2013. La deuda del país ha pasado de ser de apenas un tercio de su economía a equivaler a dos tercios de la misma hoy en día. Y entonces, cuando las imprentas del Tesoro Público se encontraban en pleno frenesí de emisión de papel, el mercado dejó de confiar en la deuda soberana. Grecia entró en una espiral crítica en la que las dificultades para hacer frente al vencimiento de sus obligaciones encarecían más aún el nuevo endeudamiento. La sombra de la posible quiebra helena se posó pronto sobre España y los mercados comenzaron a especular sobre la fiabilidad de sus emisiones. La prima de riesgo del bono español, el diferencial que guarda con la emisión alemana a 10 años que se toma como referencia, se disparó en junio hasta los 221 puntos básicos. Una cota olvidada desde 1996. El Gobierno, desesperado por obtener financiación, se encontró con las peores condiciones para endeudarse. Para encarar este reto, el Estado se ha convertido en uno de los principales compradores de su propia deuda. Para ello, ha hecho uso del gran recurso del que dispone: el Fondo de Reserva.

La llamada hucha de las pensiones, que suma este año algo más de 64.000 millones de euros, se ha repartido tradicionalmente entre deuda pública extranjera y española, sin embargo, la dedicación a esta última partida se ha acelerado en vista de las circunstancias. A finales de 2010, el 90% del fondo estará invertido en deuda española, rebasando todos los registros históricos, tanto cuantitativos como porcentuales.

La cifra no tiene parangón. En 2007, la inversión del fondo en deuda pública española era inferior al 50%. Tras el estallido de la crisis, no obstante, este porcentaje ha ido creciendo hasta cerrar 2009 (en el que acumuló 58.000 millones), con una dedicación del 76,27% (44.530 millones) en activos españoles. Una apuesta que ha ido en detrimento de las emisiones extranjeras, 13.486 millones de euros divididos en deuda holandesa, (39,56%), francesa (30,49%) y alemana (29,95%). El margen restante (1,2 millones) se mantiene ingresado en una cuenta corriente del Banco de España.

El Fondo de Reserva absorbe ya el 11% de la deuda pública española, el máximo que le está permitido

Este año, el Comité de Gestión del Fondo de Reserva ha decidido invertir otros 5.191 millones de euros par la adquisición de activos financieros públicos. Por otra parte, durante el ejercicio tendrá lugar el vencimiento de deuda extranjera por valor de 3.256 millones. Ambas cantidades se destinarán, según fuentes oficiales, a sufragar las necesidades de financiación de España. Después de eso, según ha revelado el propio secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, nueve de cada 10 euros de la hucha de pensiones estarán invertidos en deuda nacional.

Semejante maniobra equivale a poner todos los huevos en una misma cesta. El fondo, que se nutre con la aportación de los excedentes anuales de la Seguridad Social, se creó en el año 2000 para hacer frente al pago de las pensiones ante una coyuntural situación de déficit. La justificación de Granado es que las decisiones en torno al destino en el que se invierte el fondo se toman mediante un criterio puramente económico. En función de la rentabilidad.

Mayor rentabilidad

Efectivamente, las emisiones españolas son de las que mayores beneficios devuelven. El viernes, el bono de España a 10 años reportaba una rentabilidad del 4,2% en el mercado secundario, frente al 2,7% del francés, el 2,6% del holandés y el 2,4% del alemán. Teniendo en cuenta éstos márgenes, la Seguridad Social prevé obtener al cierre del año unos 2.460 millones de euros en intereses. Una cantidad considerable, teniendo en cuenta que en los 10 años que lleva funcionando el fondo ha obtenido un rendimiento de unos 10.000 millones. Es decir, que en sólo un ejercicio, el fondo obtendrá la cuarta parte de los beneficios que ha recogido en toda una década. Un mérito que debe adjudicarse a la inversión en deuda española. En un hipotético ejemplo, si los 55.000 millones de la hucha de las pensiones que irán a parar a las emisiones soberanas se dedicaran íntegramente a la compra de bonos alemanes a 10 años, estos recursos sólo generarían 1.320 millones de euros en intereses.

El cálculo de los reintegros, no obstante, varía teniendo en cuenta que la inversión está diversificada en los diferentes tramos de la renta fija. Durante 2009, sólo el 27,1% de los activos estaban depositados en deuda a 10 años o superior (en obligaciones a 15 o a 30 años), un 20,9% se encontraba en la zona a 5 años, un 14,67% invertido en letras a corto plazo, y el grueso, un 37,33% del montante se destinaba a la zona intermedia, la de los bonos a 3 años. De hecho, nunca una emisión única a renta fija puede acumular más del 15% de la hucha.

Cabe preguntarse, en cualquier caso, por qué no se dedica el 100% del fondo a la renta española, dada su alta rentabilidad. Dado que el 90% del acumulado es ya demasiado alto como para hablar de diversificación de riesgos, la explicación hay que buscarla en otra parte. En realidad, el ministerio de Trabajo tiene las manos atadas. A fin de no asfixiar la entrada de inversores externos, el Fondo de Reserva tiene un límite marcado que le impide hacerse con un porcentaje superior al 11% de toda la deuda pública del país.

Este año, por primera vez, la Seguridad Social rozará ese tope. La deuda en circulación prevista por el Tesoro Público para este ejercicio asciende a 553.000 millones de euros, por lo que los gestores del Fondo de Reserva se quedarán a sólo una décimas de la frontera legal si finalmente dedican 55.000 millones a la adquisición de valores españoles.

Es más, dadas las necesidades de financiación del país, y la imposibilidad de aumentar por encima de la cifra citada la inversión que se realiza con el seguro de las pensiones, el Gobierno ha buscado otras vías. Paralelamente al movimiento realizado con la hucha de pensiones, el Ejecutivo ha optado por invertir en deuda nacional nueve de cada diez euros del fondo de prevención y rehabilitación. æpermil;ste se constituye con el 80% los excedentes logrados por las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales, y al cierre de 2009 acumulaba 3.900 millones de euros.

El futuro está abierto. Las últimas subastas de deuda pública han iniciado un proceso de normalización, tras las "tensiones exageradas" a las que se sometió a España en primavera, coinciden los analistas. La situación, no obstante, sigue siendo volátil. Cuando parecía que el diferencial con el bono alemán se había estabilizado entorno a los 150 puntos básicos, el pesimismo mostrado por la Reserva Federal sobre la lenta recuperación lo ha vuelto a subir por encima de 180 puntos. De la evolución de la confianza en la deuda española, y de que se eleve el límite del 11% de su adquisición con el fondo, dependerá el destino de las aportaciones pendientes a la hucha. En concreto, sólo 1.740 millones de euros del ejercicio de 2008 (en el que la Seguridad Social obtuvo un superávit de 7.740 millones) forman ya parte del fondo. Tampoco se han transferido los 8.500 millones con que cerró 2009. Ambas partidas se han destinado, por ahora, a permitir el aplazamiento de pagos de cuotas a las empresas con problemas económicos.

La cifra

2.460 millones de euros son los intereses que prevé recibir este año al Fondo de Reserva, por poseer cerca de 60.000 millones en emisiones soberanas.

Los inversores particulares dejan las emisiones públicas y la banca entra

La volatilidad que ha penetrado en el mercado de la deuda soberana ha espantado a los pequeños inversores. Las familias y los particulares que buscaban rentabilizar sus ahorros con el menor de los riesgos han pasado de hacerse con el 10% de las emisiones de letras del Tesoro Público en 2007, a mantener apenas el 2,01%. Su interés por los bonos y obligaciones, de por sí escasa dada la atadura temporal que conllevan, también ha caído del 0,76% de los activos al 0,44%. En el caso de la deuda a largo plazo, las apuestas al alza en este periodo las ha realizado la banca. Si antes de la crisis poseían el 25% de estas emisiones, la diversificación de riesgos -en búsqueda de mayor seguridad que la del parqué- les ha llevado a aumentar su peso hasta hacerse con el 30% del montante. Y eso, teniendo en cuenta que la deuda a largo plazo emitida en 2007 (279.445 millones de euros) era considerablemente inferior a la que el Estado se ha visto obligado a emitir a fecha de hoy (476.000 millones).

En la zona del corto plazo son, sin duda, los inversores extranjeros quienes han acaparado el protagonismo. Si hace tres años contaban con el 13% del valor emitido en letras del Tesoro (4.228 millones de euros), ahora cuentan con más de la mitad (41.993 millones sobre 82.759 millones de euros). El inversor foráneo lo componen mayoritariamente familias y empresas (27%) y sobre todo bancos centrales (34%), entre los que destacan el francés, por volumen, y los asiáticos, porque han doblado su inversión.